«Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: “...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia” (n. 70).


25 de mayo de 2014

El Papa Francisco alienta la realización del Centro Internacional para la Familia en Nazaret

Durante el rezo del Regina Coeli, el Papa Francisco expresó su aliento para que sea realidad el Centro Internacional para la Familia en Nazaret, lugar originario de la Sagrada Familia y que busca –según el Pontificio Consejo para la Familia-, ser hogar espiritual para que padres e hijos aprendan el arte de dar la vida por amor.

“Contemplando a la Sagrada Familia aquí, en Belén, mi pensamiento se dirige espontáneamente a Nazaret, adonde espero ir, si Dios quiere, en otra ocasión. Abrazo desde aquí a los fieles cristianos que viven en Galilea y aliento la realización del Centro Internacional para la Familia en Nazaret”, manifestó el Papa al final de la Misa celebrada en la Plaza del Pesebre de Belén (Palestina).

Ante los miles de fieles, peregrinos, autoridades locales y religiosas, Francisco recordó que en Belén, María “dio a luz a su hijo Jesús. La Virgen es la persona que más ha contemplado a Dios en el rostro humano de Jesús. Ayudada por José, lo envolvió en pañales y lo recostó en el pesebre”.

“A Ella encomendamos esta tierra y todos los que la habitan, para que vivan con justicia, con paz y fraternidad. Encomendamos también los peregrinos que aquí llegan para beber de las fuentes de la fe cristiana, algunos de los cuales están presentes también en esta Santa Misa”, señaló.

En ese sentido, el Papa pidió a la Madre de Dios velar “por las familias, los jóvenes, los ancianos”. “Vela por todos los que han perdido la fe y la esperanza; consuela a los enfermos, los encarcelados y todos los que sufren; sostén a los Pastores y a toda la Comunidad de los creyentes, para que sean ‘sal y luz’ en esta tierra bendita; fortalece las instituciones educativas, en particular la Bethlehem University”.

Finalmente, Francisco encomendó a la Virgen “la suerte de la humanidad, para que se le abra al mundo un horizonte nuevo y prometedor de fraternidad, solidaridad y paz”.

El Centro Internacional para la Familia fue una iniciativa de San Juan Pablo II, expresada durante el Encuentro Mundial de las Familias, en 1997 en Río de Janeiro (Brasil), y que ha sido continuada durante el Pontificado de Benedicto XVI y ahora en el gobierno de Francisco.

El proyecto contempla levantar un complejo en la cima de la colina que domina Nazaret y la Basílica de la Anunciación; y busca ser un centro de espiritualidad familiar que acoja a las familias que peregrinan en Tierra Santa, de apoyo a las que pasan por dificultades, así como de formación pastoral.



Les ofrezco mi casa para rezar los tres juntos por la paz, el Papa invita a los presidentes palestino e israelí

(RV) «Construir la paz es difícil, pero vivir sin ella es un tormento. Los hombres y mujeres de esta tierra y de todo el mundo nos piden presentar a Dios sus anhelos de paz». Después del rezo del Regina Coeli, al concluir la Santa Misa, el Papa Francisco invitó a los mandatarios del Estado de Palestina y de Israel a rezar con él por la paz, en su casa en el Vaticano.
( CdM – RV)

Texto completo de la invitación del Papa Francisco a los mandatarios palestino e israelí:

«Señor Presidente Mahmoud Abbas, en este lugar donde nació el Príncipe de la paz, deseo invitarle a usted y al Señor Presidente Shimon Peres, a que elevemos juntos una intensa oración pidiendo a Dios el don de la paz. Ofrezco la posibilidad de acoger este encuentro de oración en mi casa, en el Vaticano. 
Todos deseamos la paz; muchas personas la construyen cada día con pequeños gestos; muchos sufren y soportan pacientemente la fatiga de intentar edificarla. Y todos tenemos el deber, especialmente los que están al servicio de sus pueblos, de ser instrumentos y constructores de la paz, sobre todo con la oración.
Construir la paz es difícil, pero vivir sin ella es un tormento. Los hombres y mujeres de esta tierra y de todo el mundo nos piden presentar a Dios sus anhelos de paz».

Papa Francisco: encomendemos a la Madre de Dios Tierra Santa y toda la familia humana

(RV).- «¡Encomendemos a la Virgen Santa la suerte de la humanidad, para que se le abra al mundo un horizonte nuevo y prometedor de fraternidad, solidaridad y paz!». Introduciendo el rezo a la Reina del Cielo, al concluir la Santa Misa, en el lugar donde María dio a luz a Jesús, el Papa hizo hincapié en que «la Virgen es la persona que más ha contemplado a Dios en el rostro humano de Jesús. Ayudada por José, lo envolvió en pañales y lo recostó en el pesebre».
Encomendándole también a María todos los que habitan Tierra Santa, los peregrinos, las familias, los jóvenes y los ancianos, el Santo Padre rogó en particular por los que perdieron la fe y la esperanza, por los enfermos los encarcelados y todos los que sufren; los Pastores y toda la Comunidad de los creyentes. Desde Belén, dirigió su pensamiento a Nazaret, donde espera ir en otra ocasión, abrazó a los cristianos que viven en Galilea y alentó la realización del Centro Internacional para la Familia en Nazaret.
(CdM – RV)

El Niño Jesús nacido en Belén, signo de Dios y de su presencia en el mundo, un “diagnóstico” para medir la salud humana: Francisco en la misa de la plaza del Pesebre

(RV).- En la recoleta plaza del pesebre de Belén, lugar donde nació Jesús, el Niño Dios, el Papa Francisco presidió la santa misa, en la celebración eucarística de este domingo en Palestina. 

En su homilía, el Papa Francisco dio las gracias a Dios y también todos los que han preparado la visita y a todos los que se esfuerzan por mantener viva la fe, la esperanza y la caridad en estos territorios. El Niño Jesús, nacido en Belén, indicó el Papa, es la señal dada por Dios a los que esperaban la salvación, y se mantiene como un signo de su presencia en el mundo.

También hoy los niños son un signo de esperanza, de vida, y también un signo "diagnóstico" para entender el estado de salud de una familia, de una sociedad, del mundo entero. “Cuando los niños son amados, protegidos, tutelados, la familia está sana, la sociedad mejora, el mundo es más humano”. En este contexto, el Papa recordó el trabajo que el Instituto Effetà Pablo VI juega en favor de los niños palestinos sordomudos, lo cual “es un signo concreto de la bondad de Dios”,

“Jesús, la Palabra que se hizo carne, venida a cambiar los corazones y las vidas de los hombres, como cada niño es débil y necesita ser ayudado y protegido. También hoy, señaló Francisco, los niños necesitan ser acogidos y protegidos desde el útero materno.

“En nuestro mundo que ha desarrollado las tecnologías más sofisticadas, todavía hay muchos niños en condiciones inhumanas, que viven a los márgenes de la sociedad, en los suburbios de las grandes ciudades o en zonas rurales”. Muchos pequeños son explotados, maltratados, esclavizados, sometidos a la violencia y la trata, subrayó el Santo Padre. O son prófugos, refugiados, y a veces se ahogan en el mar, en las aguas del Mediterráneo. “De todo esto -dijo- nos avergonzamos hoy delante de Dios, Dios que se hizo niño”.

¿Quienes somos -se preguntó Francisco- delante del Niño Jesús, de los niños de hoy? Somos como María y José, que lo cuidaron con amor maternal y paternal? O somos como Herodes, que quiso eliminarlo? ¿Somos como los pastores que, de rodillas, le adoraron y le ofrecieron sus humildes dones? ¿O somos indiferentes, retóricos y pietistas, personas que explotan las imágenes de los niños pobres con fines de lucro? ¿Sabemos escucharlos, mantenerlos, orar por ellos y con ellos? O los descuidamos, para ocuparnos de nuestros intereses?

“También hoy los niños -afirmó el Papa en su homilía-, están llorando porque tienen hambre, tienen frío, porque quieren permanecer en los brazos, y su clamor nos desafía. En un mundo que rechaza todos los días, toneladas de alimentos y medicinas, hay niños que lloran en vano por hambre y por enfermedades fácilmente curables. En un mundo que proclama la protección de los menores, se comercia en armas que terminan en manos de los niños soldados; se comercia con productos elaborados por pequeños trabajadores esclavos".

"El Niño Jesús nació en Belén, cada niño que nace y crece en todas partes del mundo -ha terminado diciendo el Papa Francisco- es signo diagnóstico, que nos permite verificar el estado de salud de nuestra familia, nuestra comunidad, nuestra nación. De este “diagnóstico franco y honesto, puede surgir un nuevo estilo de vida, donde las relaciones ya no sean conflictivas, de opresión, de consumismo, sino que sean relaciones de fraternidad, perdón y reconciliación, de compartir y de amor”.

ER - RV


Papa Francisco: el rostro de Jesús en los refugiados y discapacitados

(RV). En los refugiados y los jóvenes discapacitados, Francisco ve el rostro de Jesús y su amor, que restituye dignidad y dona salvación. En su tercer discurso, pronunciado en Bethany beyond the Jordan - Betania más allá del Jordán, el Papa se mostró sensible a la difícil situación que enfrentan personas golpeadas por las crueles situaciones del mundo, expresando en primer lugar su especial interés en encontrar a quienes “a causa de sangrientos conflictos, han tenido que abandonar su Patria y han encontrado refugio en la acogedora tierra de Jordania y a los queridos jóvenes, que experimentan el peso de alguna limitación física”.

Recordando el bautismo de Jesús en este mismo lugar, el Santo Padre hizo hincapié en la humildad de Jesús quien, compartiendo la condición humana, vino aquí para ser bautizado y “con su amor nos restituyó la dignidad y nos dio la salvación”. En este contexto, el Obispo de Roma manifiestó su aflicción por “los dramas y las heridas de nuestro tiempo, especialmente, por las que son fruto de los conflictos todavía abiertos en Oriente Medio”. Su pensamiento se dirigió en primer lugar a la tierra siria, lacerada por tres años de lucha fratricida y a sus innumerables víctimas: un drama que ha obligado, recordó, a millones de personas a convertirse en refugiados y a emigrar a otros países.

Las palabras del Papa peregrino se dirigieron luego a las autoridades y al pueblo jordano, agradeciéndoles por la generosa acogida de “un número elevadísimo de refugiados provenientes de Siria y de Iraq”, y a todos los que prestan asistencia y solidaridad, como así también a las obras de caridad desarrolladas por instituciones de la Iglesia que, “sin distinción de credo religioso, pertenencia étnica o ideológica, manifiestan el esplendor del rostro caritativo de Jesús misericordioso”. 

El Obispo de Roma exhortó a la comunidad internacional a que "no deje sola a Jordania ante la emergencia humanitaria”, sino que continúe e incremente su apoyo y ayuda, al tiempo que renovó su llamamiento a la paz en Siria insistiendo en que “nadie se empeñe en que las armas solucionen los problemas” y se regrese al camino de las negociaciones, indicando como única solución el diálogo y una solución política.

Francisco invitó también a los jóvenes a unirse a su oración de paz y a colaborar en la construcción de una sociedad respetuosa de los más débiles y a ser “signos de esperanza”.

Estimadas Autoridades, Eminencias, Excelencias,

Queridos hermanos y hermanas,

En mi peregrinaje, tanto he querido encontrarme con ustedes que, a causa de sangrientos conflictos, han tenido que abandonar sus casas y su Patria, y han encontrado refugio en la acogedora tierra de Jordania; y al mismo tiempo, ustedes, queridos jóvenes, que experimentan el peso de alguna limitación física.

El lugar en que nos encontramos nos recuerda el Bautismo de Jesús. Viniendo aquí, al Jordán, para hacer bautizar por Juan, Él mostró su humildad, y comparte la condición humana: se rebajó hasta nosotros y con su amor nos restituye la dignidad y nos dona la salvación. Nos sorprende siempre esta humildad de Jesús, cómo se inclina ante las heridas humanas para sanarlas. ¡Este inclinarse de Jesús sobre todas las heridas humanas, para sanarlas! Y, por nuestra parte, nos sentimos profundamente afectados por los dramas y por las heridas de nuestro tiempo, especialmente por aquellas provocadas por los conflictos todavía abiertos en Medio Oriente. Pienso, en primer lugar, en la amada Siria, lacerada por una lucha fratricida que dura ya tres años y que ha cosechado innumerables víctimas, obligando a millones de personas a convertirse en refugiados y a exilarse en otros países.

Todos queremos la paz, pero miren: ¡ésta es la raíz del mal, el odio y la codicia del dinero, y las fábricas en la venta de las armas! ¡Esto nos debe hacer pensar! ¿Quién está detrás, que nos da a todos, a todos aquellos que están en conflicto, las armas para continuar el conflicto? Pensemos desde nuestro corazón, y digamos una palabra por esta pobre gente criminal, para que se convierta

Agradezco a las Autoridades y al pueblo jordano por la generosa acogida de un número elevadísimo de refugiados provenientes de Siria y de Iraq, y extiendo mi agradecimiento a todos aquellos por su obra de asistencia y solidaridad con los refugiados. Pienso también en la obra de caridad que desarrollan instituciones de la Iglesia como Caritas Jordania y otras que, asistiendo a los necesitados sin distinción de credo religioso, pertenencia étnica o ideológica, manifiestan el esplendor del rostro caritativo de Jesús, que es misericordioso. Que Dios Omnipotente y Clemente los bendiga a todos ustedes y a todos sus esfuerzos por aliviar los sufrimientos causados por la guerra.

Me dirijo a la comunidad internacional para que no deje sola a Jordania, ¡que es tan acogedora y valiente!, en el afrontar la emergencia humanitaria causada con la llegada a su territorio de un número tan elevado de refugiados, sino que continúe e incremente su acción de apoyo y ayuda. Renuevo mi ardiente llamado a la paz en Siria. Que cese la violencia y se respete el derecho humanitario, garantizando la necesaria asistencia a la población sufriente. Que de parte de todos se abandone la pretensión de dejar a las armas la solución de los problemas y se vuelva al camino de las negociaciones. De hecho, la solución sólo puede venir del diálogo y de la moderación, de la compasión por quien sufre, de la búsqueda de una solución política y del sentido de la responsabilidad para con los hermanos.

A ustedes jóvenes, les pido que se unan a mi oración por la paz. Pueden hacerlo ofreciendo a Dios sus fatigas cotidianas, y así su oración será particularmente preciosa y eficaz. Y les animo a colaborar, con su esfuerzo y sensibilidad, en la construcción de una sociedad respetuosa de los más débiles, de los enfermos, de los niños, de los ancianos. A pesar de las dificultades de la vida, sean signo de esperanza. Ustedes están en el corazón de Dios; ustedes están en mis oraciones, y les agradezco su calurosa, alegre y numerosa presencia. ¡Gracias!

Al final de este encuentro, renuevo mi deseo que prevalezca la razón y la moderación y, con la ayuda de la comunidad internacional, Siria reencuentre el camino de la paz. ¡Dios convierta a los violentos! ¡Dios convierta a aquellos que tienen proyectos de guerra! ¡Dios convierta a aquellos que fabrican y venden armas! Y fortalezca los corazones y las mentes de los agentes de paz y los recompense con toda bendición. ¡Que el Señor los bendiga a todos ustedes!

24 de mayo de 2014

Homilía del Papa Francisco en la Misa en el estadio de Amán en Jordania

El Papa Francisco preside esta tarde (hora local) una Misa en la que participan números refugiados cristianos provenientes de Palestina, Siria e Irak, y en la que también 1.400 niños reciben la Primera Comunión.

A continuación, el texto completo de la homilía del Santo Padre:

En el Evangelio hemos escuchado la promesa de Jesús a sus discípulos: "Yo le pediré al Padre que les envíe otro Paráclito, que esté siempre con ustedes". El primer Paráclito es el mismo Jesús; el "otro" es el Espíritu Santo.

Aquí nos encontramos no muy lejos del lugar en el que el Espíritu Santo descendió con su fuerza sobre Jesús de Nazaret, después del bautismo de Juan en el Jordán. Así pues, el Evangelio de este domingo, y también este lugar, al que, gracias a Dios, he venido en peregrinación, nos invitan a meditar sobre el Espíritu Santo, sobre su obra en Cristo y en nosotros, y que podemos resumir de esta forma: el Espíritu realiza tres acciones: prepara, unge y envía.

En el momento del bautismo, el Espíritu se posa sobre Jesús para prepararlo a su misión de salvación, misión caracterizada por el estilo del Siervo manso y humilde, dispuesto a compartir y a entregarse totalmente. Pero el Espíritu Santo, presente desde el principio de la historia de la salvación, ya había obrado en Jesús en el momento de su concepción en el seno virginal de María de Nazaret, realizando la obra admirable de la Encarnación: "El Espíritu te llenará, te cubrirá con su sombra –dice el Ángel a María- y tú darás a luz un Hijo y le pondrás por nombre Jesús".

Después, el Espíritu actuó en Simeón y Ana el día de la presentación de Jesús en el Templo  Ambos a la espera del Mesías, ambos inspirados por el Espíritu Santo, Simeón y Ana, al ver al Niño, intuyen que Él es el Esperado por todo el pueblo. En la actitud profética de los dos videntes se expresa la alegría del encuentro con el Redentor y se realiza en cierto sentido una preparación del encuentro del Mesías con el pueblo.

Las diversas intervenciones del Espíritu Santo forman parte de una acción armónica, de un único proyecto divino de amor. La misión del Espíritu Santo consiste en generar armonía –Él mismo es armonía– y obrar la paz en situaciones diversas y entre individuos diferentes. La diversidad de personas y de ideas no debe provocar rechazo o crear obstáculos, porque la variedad es siempre una riqueza. Por tanto, hoy invocamos con corazón ardiente al Espíritu Santo pidiéndole que prepare el camino de la paz y de la unidad.

En segundo lugar, el Espíritu Santo unge. Ha ungido interiormente a Jesús, y unge a los discípulos, para que tengan los mismos sentimientos de Jesús y puedan así asumir en su vida las actitudes que favorecen la paz y la comunión. Con la unción del Espíritu, la santidad de Jesucristo se imprime en nuestra humanidad y nos hace capaces de amar a los hermanos con el mismo amor con que Dios nos ama.

Por tanto, es necesario realizar gestos de humildad, de fraternidad, de perdón, de reconciliación. Estos gestos son premisa y condición para una paz auténtica, sólida y duradera. Pidamos al Padre que nos unja para que seamos plenamente hijos suyos, cada vez más conformados con Cristo, para sentirnos todos hermanos y así alejar de nosotros rencores y divisiones, y amarnos fraternamente. Es lo que nos pide Jesús en el Evangelio: "Si me aman, guardarán mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes".

Y, finalmente, el Espíritu envía. Jesús es el Enviado, lleno del Espíritu del Padre. Ungidos por el mismo Espíritu, también nosotros somos enviados como mensajeros y testigos de paz. ¡Cuánta necesidad hay de este testimonio nuestro de paz!

La paz no se puede comprar: es un don que hemos de buscar con paciencia y construir "artesanalmente" mediante pequeños y grandes gestos en nuestra vida cotidiana. El camino de la paz se consolida si reconocemos que todos tenemos la misma sangre y formamos parte del género humano; si no olvidamos que tenemos un único Padre del cielo y que somos todos sus hijos, hechos a su imagen y semejanza.

Con este espíritu, abrazo a todos ustedes: al Patriarca, a los hermanos Obispos, a los sacerdotes, a las personas consagradas, a los fieles laicos, así como a los numerosos niños que hoy reciben la Primera Comunión y a sus familiares. Mi corazón se dirige también a los numerosos refugiados cristianos provenientes de Palestina, de Siria y de Irak: lleven a sus familias y comunidades mi saludo y mi cercanía.

Queridos amigos, el Espíritu Santo descendió sobre Jesús en el Jordán y dio inicio a su obra de redención para librar al mundo del pecado y de la muerte. A Él le pedimos que prepare nuestros corazones al encuentro con los hermanos más allá de las diferencias de ideas, lengua, cultura, religión; que unja todo nuestro ser con el aceite de la misericordia que cura las heridas de los errores, de las incomprensiones, de las controversias; que nos envíe, con humildad y mansedumbre, a los caminos, arriesgados pero fecundos, de la búsqueda de la paz. Amén.

Cuando el legislador degrada la sexualidad

En nombre del eslogan -útil y propagandístico- de la «no discriminación», el Parlamento de Cataluña, como el pasado mes de abril hiciera el PP en Galicia, prepara una ley discriminatoria para gais, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales (GLBTI), otorgando privilegios al colectivo homosexual por encima del resto de ciudadanos.

En los artículos de la ley se obliga a «fomentar la homosexualidad», a «reeducar» a funcionarios y alumnos de todos los ciclos de la escuela pública, concertada y privada, presentando «en términos positivos» y promocionando en los centros educativos, en la cultura, el tiempo libre y el deporte, la homosexualidad.

El lobby GLBTI, un verdadero pensamiento ideológico determinante en gran medida de la vida política, con su propuesta de discriminaciones «positivas» y «negativas» que se han apresurado en aplicar los políticos legisladores, pretende, desde un victimismo atávico y chantajista, que los demás acepten sus prejuicios como verdades inconcusas, ejerciendo un espíritu sectario y totalitario tendente a la dictadura del relativismo, buscando obtener derechos para participar de un modo privilegiado de un Estado benefactor.

El hombre andrógino que postulara Roger Garaudy,capaz de integrar lo masculino y lo femenino, está en marcha. Y lo peor es que no hay nada que parezca detenerlo. El triunfo del homosexualismo político está servido. Se trata de una potente voluntad de cambiar al hombre y a la mujer, una ambición prometeica que apunta a destruir la herencia judeocristiana, el intento hecho realidad de moldear la naturaleza desde la legislación y la educación. ¿Qué impide ya rehabilitar el espíritu de Orlando, de Virginia Woolf, cambiar de sexo y tener múltiples aventuras, cuando existe un Estado que sacraliza la homosexualidad y exalta de modo irresponsable la «ideología de género»?

Esta «ideología de género» pretende instaurar una cultura sin sexos, sin identidad sexual, pero sí con orientaciones sexuales (heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad), en la que cada persona, independientemente de las características biológicas con las que nazca, pueda elegir con libertad la orientación sexual por la que sienta inclinación. Ya no existe entonces un orden natural, proveniente de la Creación. El único orden posible es el orden estatal, el orden como creación humana frente al orden como creación divina. El mundo deberá regirse por una normatividad estrictamente secular, establecida por la voluntad general a través de la ley, siendo subversiva cualquier moralidad fundada en el Derecho Natural.

El objetivo principal de la «ideología de género» es modificar la naturaleza humana. En esta ideología lo cultural es lo natural en el hombre. Esta refundación de la naturaleza humana alcanza, como lugares clave, el ámbito de la educación y de la familia, aprovechando para ello la legislación. Eliminada la naturaleza, el hombre sólo tiene que seguir el impulso de sus deseos, haciendo aquella moldeable por el poder político. Sin negar las evidentes diferencias anatómicas, se ataca el concepto de naturaleza humana y, por tanto, también la familia, considerándola el espacio donde se transmiten los «estereotipos» de conductas asumidas que marcan al niño, asignándole lo que es femenino y masculino, una esfera jerárquica y autoritaria, un ámbito natural de violencia. El relativismo familiar termina significando, en la práctica: todos los modelos de familia son iguales, todos valen lo mismo, salvo el tradicional, que es patriarcal, machista y represivo.

Alterar la naturaleza humana ya era un sueño de Rousseau: «quien se atreva a acometer la empresa de instituir un pueblo, debe sentirse capaz de cambiar, por así decirlo, la naturaleza humana». Es preciso despojar al hombre de sus propias fuerzas, a fin de darle otras que le sean extrañas. Comenzaban así los intentos de transformar la naturaleza humana y lograr el ciudadano perfecto, el citoyen, que consagraba la figura del burgués, del hombre moral irreprochable, renovado y neutral. El Estado Moral de Rousseau justifica la politización ilimitada, al atribuirle al Estado la misión de educar a las gentes. Sacraliza la ley al servicio del poder, con lo cual se hace inútil hablar de la verdad. Rousseau será el profeta encendido de los nuevos ilustrados que pretenden directamente configurar el orden político y que acuden para ello a la idea de la Ley.

El Parlamento de Cataluña -precedido por Galicia y con próxima parada en Andalucía y el País Vasco- se convierte así en el verdadero promotor de la degradación de la sexualidad humana, al conceder a cualquier opción o tendencia sexual el rango de ley. El relativismo moral y la mentira biológica y científica de la neutralidad sexual constituye uno de los más urgentes desafíos cuando el objetivo político y administrativo no es otro que deconstruir la sociedad con el fin de garantizar una falsa igualdad en todos los planos de la vida, despreciando la procreación y la maternidad, desestabilizando la familia como institución social.

La ley facilita la deconstrucción de la identidad personal al permitir regular el cambio de sexo cuando «no se corresponda con su identidad de género», haciendo de la identidad sexual una variable subjetiva de la persona. La naturaleza se elimina, y cada uno puede inventarse a sí mismo cuantas veces quiera. El deseo es el fundamento suficiente para alterar la realidad, exaltando así una libertad omnímoda, cuya mejor expresión consiste en la ruptura de cualquier condicionamiento natural. Ha sido Marcuse un exponente magnífico de la idea, bastante perversa por otro lado, de que el deseo gobierne el mundo y el nuevo hombre.

El reconocimiento legal de la indiferenciación sexual que el Parlamento de Cataluña se empeña en llevar adelante constituye un verdadero reto antropológico en su voluntad de destruir la sociedad -ignorando sus fundamentos-, corromper la conciencia y socavar la institución de la familia. Sin duda, como afirmaba Chesterton, la familia necesita una considerable corrección y reconstrucción, «debiera preservarse o rehacerse», pero no permitir que se fuera desmoronando. Y mucho menos negar su propia sustantividad al albur de la cultura, los medios de comunicación, la Universidad o una nefasta legislación.

Publicado originalmente en Ecclesia