«Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: “...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia” (n. 70).


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1 de noviembre de 2016

LA ALEGRÍA DEL AMOR Y EL DESCONCIERTO DE LOS TEÓLOGOS


Recuerdo que vi, hace mucho tiempo, una tira en un diario francés, “L’Aube”, creo. Un gran número de teólogos, cada uno encima de una pequeña colina totalmente suya, escruta el horizonte buscando a Cristo. En cambio, en el valle unos niños han encontrado a Jesús. Él los ha tomado de la mano y pasean juntos entre los teólogos, que no lo reconocen. Los teólogos miran lejos, aunque Él se encuentre entre ellos.

Me acordé de esta historieta de hace años mientras leía algunos comentarios sobre Amoris laetitia y, en general, sobre el pontificado del Papa Francisco. El sensus fidei del pueblo cristiano lo reconoció y lo siguió enseguida. En cambio, a algunos eruditos les cuesta trabajo entenderlo, lo critican, lo sitúan en el lado opuesto de la tradición de la Iglesia y especialmente de su gran predecesor, san Juan Pablo II. Parecen desconcertados por el hecho de no leer en su texto la confirmación de sus teorías y no tienen ganas de salir de sus esquemas mentales para escuchar la novedad sorprendente de su mensaje. El Evangelio siempre es nuevo y siempre antiguo. Precisamente por eso nunca es viejo.

Intentaremos leer la parte más controvertida de Amoris laetitiacon los ojos de un niño. La parte más controvertida es esa en la que el Papa dice que, con ciertas condiciones y en ciertas circunstancias, algunos divorciados que se han vuelto a casar pueden recibir la eucaristía.

Cuando era un niño estudié el catequismo para hacer la primera comunión. Era el catequismo de un Papa sin duda antimoderno: san Pío X. Recuerdo que explicaba que para recibir la eucaristía era necesario que el alma estuviera libre de pecado mortal. Y también explicaba lo que es un pecado mortal. Para que sea un pecado mortal son necesarias tres condiciones. Tiene que haber una mala acción, gravemente contraria a la ley moral: una materia grave. Las relaciones sexuales fuera del matrimonio sin duda son gravemente contrarias a la ley moral. Era así antes de Amoris laetitia, sigue siéndolo así en Amoris laetitia y por supuesto también después de Amoris laetitia. El Papa no ha cambiado la doctrina de la Iglesia.

Pero san Pío X también nos dice otra cosa. Para un pecado mortal son necesarias otras dos condiciones, además de la materia grave. Es necesario que haya plena conciencia de la maldad del acto que se comete. Plena conciencia significa que el sujeto tiene que estar convencido en su interior de la maldad del acto. Si está convencido en conciencia de que el acto no es (gravemente) malo, la acción será materialmente mala pero no se la podrá imputar como un pecado mortal. Además el individuo debe dar a la acción malvada su deliberado consentimiento. Esto significa que el pecador es libre de actuar o no actuar: es libre de actuar de una manera u otra y no se encuentra en una condición intimidatoria o de temor que le obliga a hacer algo que preferiría no hacer.

¿Podemos imaginar las circunstancias en las que una persona divorciada y vuelta a casar puede encontrarse al vivir una situación de culpa grave sin plena conciencia y sin deliberado consentimiento? Fue bautizada aunque nunca verdaderamente evangelizada, contrajo matrimonio de manera superficial, luego fue abandonada. Se ha unido a una persona que la ha ayudado en momentos difíciles, la ha amado sinceramente, ha sido un buen padre o una buena madre para los hijos nacidos en el primer matrimonio.

Podría proponerle vivir juntos como hermano y hermana, pero ¿qué hace si el otro no acepta? En un momento determinado de su vida atormentada encuentra el encanto de la fe, recibe por primera vez una verdadera evangelización. Puede que el primer matrimonio no fuera verdaderamente válido, pero no tiene la posibilidad de recurrir a un tribunal eclesiástico o de proporcionar las pruebas de la invalidez. No iremos más allá con los ejemplos porque no queremos entrar en una casuística infinita.
¿Qué es lo que dice en estos casos Amoris laetitia? Tal vez habría que empezar por lo que nos dice la exhortación apostólica. No dice que los divorciados vueltos a casar pueden recibir tranquilamente la comunión. El Papa invita a los divorciados vueltos a casar a que inicien (o continúen) un camino de conversión. Los invita a que interroguen su conciencia y a que se dejen ayudar por un director espiritual. Los invita a ir al confesionario para exponer su situación. Invita a los penitentes y confesores a iniciar un camino de discernimiento espiritual. La exhortación apostólica no dice en qué punto de este camino podrán recibir la absolución y acercarse a la eucaristía. No lo dice porque es demasiado grande la variedad de situaciones y circunstancias humanas.

El camino que el Papa propone a los divorciados vueltos a casar es exactamente el mismo que la Iglesia propone a todos los pecadores: ve a confesarte y tu confesor, cuando haya examinado las circunstancias, decidirá si darte la absolución y admitirte en la eucaristía o si no debe hacerlo.

Que el penitente vive en una situación objetiva de pecado grave es, salvo en el caso de un matrimonio no válido, seguro. Pero que tenga la plena responsabilidad subjetiva de la culpa es algo que hay que considerar. Por eso va a confesarse.

Algunos dicen que al afirmar estas cosas el Papa contradice la gran batalla de Juan Pablo II en contra del subjetivismo en la ética. A esta batalla está dedicada la encíclica Veritatis splendor. El subjetivismo en la ética dice que la bondad o la maldad de las acciones humanas depende de la intención de quien las cumple. La única cosa buena por sí misma en el mundo es, para el subjetivismo en la ética, una buena voluntad. Por tanto, para juzgar el hecho debemos considerar las consecuencias deseadas por quien lo realiza. Cualquier acción puede ser buena o mala, según esta ética, dependiendo de las circunstancias que la acompañen. El Papa Francisco, en perfecta sintonía con su gran predecesor, nos dice en cambio que algunas acciones son malas por sí mismas (por ejemplo, el adulterio), independientemente de las circunstancias que las acompañan y de las intenciones de quienes las realizan. San Juan Pablo II nunca dudó, sin embargo, de que las circunstancias influyeran en la valoración moral de quien realiza una acción, haciéndole más o menos culpable del acto objetivamente malo que cometía. Ninguna circunstancia puede convertir en bueno un hecho intrínsecamente malo, pero las circunstancias pueden aumentar o disminuir la responsabilidad moral de quien lo realiza. Precisamente de esto nos habla el Papa Francisco en Amoris laetitia. Así pues, no hay en Amoris laetitia ninguna ética de las circunstancias, sino el clásico equilibrio tomista que distingue el juicio sobre el hecho del juicio sobre el que lo realiza y en el que se deben tener en cuenta las circunstancias atenuantes o eximentes.
Otros críticos enfrentan directamente Familiaris consortio (n. 84) y Amoris laetitia (n. 305, con la famosa nota 351). San Juan Pablo II dice que los divorciados vueltos a casar no pueden recibir la eucaristía y en cambio el Papa Francisco dice que en algunos casos pueden. ¡Si esta no es una contradicción!

Pero intentemos leer el texto con mayor profundidad. Antes los divorciados vueltos a casar estaban excomulgados y excluidos de la vida de la Iglesia. Con el nuevo Codex iuris canonici y con Familiaris consortio se les ha quitado la excomunión y se les anima a participar en la vida de la Iglesia y a educar cristianamente a sus hijos. Era una decisión muy valiente que rompía con una tradición secular. Familiaris consortio nos dice, sin embargo, que los divorciados vueltos a casar no podrán recibir los sacramentos. El motivo es que viven en una condición pública de pecado y es necesario evitar el escándalo. Estos motivos son tan fuertes que parece inútil comprobar sus eventuales circunstancias atenuantes.

Ahora el Papa Francisco nos dice que vale la pena hacer esta comprobación. La diferencia entre Familiaris consortio Amoris laetitia es sólo esta. No hay duda de que el divorciado vuelto a casar está objetivamente en una condición de pecado grave; el Papa Francisco no lo readmite a la comunión sino, como todos los pecadores, a la confesión. Ahí contará sus eventuales circunstancias atenuantes y se le dirá si y con qué condiciones puede recibir la absolución.

San Juan Pablo II y el Papa Francisco no dicen por supuesto lo mismo, pero no se contradicen respecto a la teología del matrimonio. Usan de manera diferente y en situaciones diferentes el poder de deshacer y de unir lo que Dios ha confiado al sucesor de Pedro. Para comprender mejor este punto vamos a plantearnos la siguiente pregunta: ¿existe una contradicción entre los Papas que han excomulgado a los divorciados vueltos a casar y san Juan Pablo II, que les ha quitado la excomunión?

Los anteriores Papas siempre han sabido que algunos divorciados vueltos a casar podían estar en gracia de Dios a causa de distintas circunstancias atenuantes. Sabían muy bien que el último juez sólo es Dios. Sin embargo insistían en la excomunión para reforzar en la conciencia del pueblo la verdad sobre la indisolubilidad del matrimonio. Era una estrategia pastoral legítima en una sociedad homogénea como era la de los siglos pasados. El divorcio era un hecho excepcional, los divorciados vueltos a casar eran pocos y, al excluir de manera dolorosa de la eucaristía a los que en realidad habrían podido recibirla, se defendía la fe del pueblo.

Ahora el divorcio es un fenómeno de masa y corre el riesgo de arrastrar consigo una apostasía de masa si los divorciados vueltos a casar abandonan la Iglesia y dejan de dar una educación cristiana a sus hijos. La sociedad ya no es homogénea, se ha vuelto líquida. El número de divorciados es muy grande y obviamente ha crecido el de aquellos que se encuentran en una situación “irregular” pero que pueden estar subjetivamente en gracia de Dios. Es necesario desarrollar una nueva estrategia pastoral. Por eso los Papas han cambiado no la ley de Dios sino las leyes humanas que la acompañan necesariamente, ya que la Iglesia es una comunidad humana y visible.

¿La nueva regla crea problemas y conlleva algunos riesgos? Pues claro. ¿Existe el riesgo de que algunos se acerque de manera sacrílega a la comunión sin encontrarse en estado de gracia? Si lo hacen comerán y beberán su condenación.

Pero la antigua regla ¿no comportaba también algunos riesgos? ¿No existía el riesgo de que algunos (o muchos) se perdieran porque habían sido privados de un apoyo sacramental al que tenían derecho? Son las conferencias episcopales de cada país, los obispos y, en última instancia, todos y cada uno de los fieles los que tienen que adoptar las medidas oportunas para que rindan al máximo los beneficios de esta línea pastoral y disminuyan los riesgos que conlleva. La parábola de los talentos nos enseña a aceptar el riesgo si confiamos en la misericordia.

L’OSSERVATORE ROMANO

 Rocco Buttiglione
Cátedra Juan Pablo II de filosofía e historia de las instituciones europeas
Pontificia Universidad Lateranense

11 de octubre de 2016

INTERPRETAR Y APLICAR AMORIS LAETITIA


El ex presidente del Consejo Pontificio para la Familia, el cardenal Ennio Antonelli, después de las dos publicaciones "crisis del matrimonio y la Eucaristía" y "Para vivir la laetitia Amoris" (ed Ares.) Ofrece una nueva contribución de reflexión "para la interpretación y la aplicación "de la apostólica post-sinodal.
  
Extractos:
Amoris Laetitia ve el auténtico amor humano y cristiano como la única fuerza capaz de salvar su matrimonio y la familia. Debe ser colocado en el centro de la familia.
...
La relación de pareja es un viaje de toda la vida que conoce la belleza y la alegría de ser amado y amante, sino también faltas y pecados, las dificultades y el sufrimiento. Se debe considerar con realismo y confianza, como un crecer y desarrollarse progresivamente juntos, en pequeños pasos, con el ejercicio práctico, paciente y perseverante. "El amor es artesanal", ya que la educación de los niños.

La novedad de Amoris Laetitia, aparte del capítulo octavo, que parece ser especialmente la gran atención que se presta a la experiencia común humana, la experiencia existencial, religioso, espiritual, con análisis detallados y observaciones, muchos consejos prácticos, sugerencias concretas para las personas y para el cuidado pastoral. La intención pedagógica principalmente sugiere un lenguaje discursivo, vivaz, con la participación, abierto a todos y para todos fácil de leer y entender, sin excesiva preocupación por la precisión teológica y científica. El documento se puede utilizar con provecho por los laicos para su formación personal y agentes de pastoral de la catequesis. Constituye, en sí mismo, un buen ejemplo de acompañamiento eclesial.

Los párrafos del documento:
1. El fundamento del amor del matrimonio y de la familia.
2. desarrollo doctrinal coherente.
3. La doctrina moral.
4. La responsabilidad personal subjetiva.
5. Acompañamiento Pastoral.

El documento completo  leer más


8 de septiembre de 2016

EL PAPA AVALA UNA INTERPRETACIÓN DE LOS OBISPOS DE BUENOS AIRES SOBRE LA AMORIS LAETITIA COMO LA ÚNICA POSIBLE

Los obispos de la Región de Buenos Aires (Argentina), han enviado a sus sacerdotes el comunicado «Criterios básicos para la aplicación del capítulo VIII de Amoris laetitia», en el que se aborda el acceso a los sacramentos de la Confesión y la Eucaristía por parte de los divorciados vueltos a casar. El documento fue a su vez dirigido al papa Francisco que, en respuesta, ha enviado una carta en la que asegura que el texto de los prelados argentinos «explicita cabalmente el capítulo VIII de Amoris laetitia. No hay otras interpretaciones».
A continuación el texto de los obispos de la región de Buenos Aires y la respuesta del Santo Padre
CRITERIOS BÁSICOS PARA LA APLICACIÓN DEL CAPÍTULO VIII DE AMORIS LAETITIA
Región pastoral Buenos Aires
Estimados sacerdotes:
Recibimos con alegría la exhortación Amoris laetitia, que nos llama ante todo a hacer crecer el amor de los esposos y a motivar a los jóvenes para que opten por el matrimonio y la familia. Esos son los grandes temas que nunca deberían descuidarse ni quedar opacados por otras cuestiones. Francisco ha abierto varias puertas en la pastoral familiar y estamos llamados a aprovechar este tiempo de misericordia, para asumir como Iglesia
Ahora nos detendremos sólo en el capítulo VIII, dado que hace referencia a «orientaciones del Obispo» (300) en orden a discernir sobre el posible acceso a los sacramentos de algunos «divorciados en nueva unión». Creemos conveniente, como Obispos de una misma Región pastoral, acordar algunos criterios mínimos. Los ofrecemos sin perjuicio de la autoridad que cada Obispo tiene en su propia Diócesis para precisarlos, completarlos o acotarlos.
1) En primer lugar recordamos que no conviene hablar de «permisos» para acceder a los sacramentos, sino de un proceso de discernimiento acompañado por un pastor. Es un discernimiento «personal y pastoral» (300).
2) En este camino, el pastor debería acentuar el anuncio fundamental, el kerygma, que estimule o renueve el encuentro personal con Jesucristo vivo (cf. 58).
3) El acompañamiento pastoral es un ejercicio de la «via caritatis». Es una invitación a seguir «el camino de jesús, el de Ja misericordia y de la integración» (296). Este itinerario reclama la caridad pastoral del sacerdote que acoge al penitente, lo escucha atentamente y le muestra el rostro materno de la Iglesia, a la vez que acepta su recta intención y su buen propósito de colocar la vida entera a la luz del Evangelio y de practicar la caridad (cf. 306).
4) Este camino no acaba necesariamente en los sacramentos, sino que puede orientarse a otras formas de integrarse más en la vida de la Iglesia: una mayor presencia en la comunidad, la participación en grupos de oración o reflexión, el compromiso en diversos servicios eclesiales, etc. (cf. 299).
5) Cuando las circunstancias concretas de una pareja lo hagan factible, especialmente cuando ambos sean cristianos con un camino de fe, se puede proponer el empeño de vivir en continencia. Amoris laetitia no ignora las dificultades de esta opción (cf. nota 329) y deja abierta la posibilidad de acceder al sacramento de la Reconciliación cuando se falle en ese propósito (cf. nota 364, según la enseñanza de san Juan Pablo 11 al Cardenal W. Baum, del 22/03/1996).
6) En otras circunstancias más complejas, y cuando no se pudo obtener una declaración de nulidad, la opción mencionada puede no ser de hecho factible. No obstante, igualmente es posible un camino de discernimiento. Si se llega a reconocer que, en un caso concreto, hay limitaciones que atenúan la responsabilidad y la culpabilidad (cf. 301-302), particularmente cuando una persona considere que caería en una ulterior falta dañando a los hijos de la nueva unión, Amoris laetítía abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía (cf. notas 336 y 351). Estos a su vez disponen a la persona a seguir madurando y creciendo con la fuerza de la gracia.
7) Pero hay que evitar entender esta posibilidad como un acceso irrestricto a los sacramentos, o como si cualquier situación lo justificara. Lo que se propone es un discernimiento que distinga adecuadamente cada caso. Por ejemplo, especial cuidado requiere «una nueva unión que viene de un reciente divorcio» o «la situación de alguien que reiteradamente ha fallado a sus compromisos familiares» (298). También cuando hay una suerte de apología o de ostentación de la propia situación «como si fuese parte del ideal cristiano» (297). En estos casos más difíciles, los pastores debemos acompañar con paciencia procurando algún camino de integración (cf. 297, 299).
8) Siempre es importante orientar a las personas a ponerse con su conciencia ante Dios, y para ello es útil el «examen de conciencia» que propone Amoris /aetitia 300, especialmente en lo que se refiere a «cómo se han comportado con sus hijos» o con el cónyuge abandonado. Cuando hubo injusticias no resueltas, el acceso a los sacramentos es particularmente escandaloso.
9) Puede ser conveniente que un eventual acceso a los sacramentos se realice de manera reservada, sobre todo cuando se prevean situaciones conflictivas. Pero al mismo tiempo no hay que dejar de acompañar a la comunidad para que crezca en un espíritu de comprensión y de acogida, sin que ello implique crear confusiones en la enseñanza de la Iglesia acerca del matrimonio indisoluble. La comunidad es instrumento de la misericordia que es «inmerecida, incondicional y gratuita» (297).
10) El discernimiento no se cierra, porque «es dinámico y debe permanecer siempre abierto a nuevas etapas de crecimiento y a nuevas decisiones que permitan realizar el ideal de manera más plena» (303), según la «ley de gradualidad» (295) y confiando en la ayuda de la gracia.
Somos ante todo pastores. Por eso queremos acoger estas palabras del Papa: «Invito a los pastores a escuchar con afecto y serenidad, con el deseo sincero de entrar en el corazón del drama de las personas y de comprender su punto de vista, para ayudarles a vivir mejor y a reconocer su propio lugar en la Iglesia» (312).
Con afecto en Cristo.
Los Obispos de la Región
05 de septiembre de 2016

CARTA DEL PAPA FRANCISCO EN RESPALDO A LOS CRITERIOS DE APLICACIÓN DEL CAPÍTULO VIII DE «AMORIS LAETITIA»

Vatícano, 5 de septiembre de 2016
Mons. Sergío Alfredo Fenoy
Delegado de la Regíón Pastoral Buenos Aires
Querido hermano:
Recibí el escrito de la Región Pastoral Buenos Aires «Criterios básicos para la aplicación del capítulo VIII de Amoris laetítia». Muchas gracias por habérmelo enviado; y los felicito por el trabajo que se han tomado: un verdadero ejemplo de acompañamiento a los sacerdotes... y todos sabemos cuánto es necesaria esta cercanía del obispo con su clero y del clero con el obispo. El prójimo «más prójimo» del obispo es el sacerdote, y el mandamiento de amar al prójimo como a sí mismo comienza para nosotros obispos precisamente con nuestros curas.
El escrito es muy bueno y explícita cabalmente el sentido del capítulo VIII de Amoris laetitia . No hay otras interpretaciones. Y estoy seguro de que hará mucho bien. Que el Señor les retribuya este esfuerzo de caridad pastoral.
Y es precisamente la caridad pastoral la que nos mueve a salir para encontrar a los alejados y, una vez encontrados, a iniciar un camino de acogida, acompañamiento, discernimiento e integración en la comunidad eclesial. Sabemos que esto es fatigoso, se trata de una pastoral «cuerpo a cuerpo» no satisfecha con mediaciones programáticas, organizativas o legales, si bien necesarias. Simplemente acoger, acompañar, discernir, integrar. De estas cuatro actitudes pastorales, la menos cultivada y practicada es el discernimiento; y considero urgente la formación en el discernimiento, personal y comunitario, en nuestros Seminarios y Presbiterios.
Finalmente quisiera recordar que Amoris laetitia fue el fruto del trabajo y la oración de toda la Iglesia, con la mediación de dos Sínodos y del Papa. Por ello les recomiendo una catequesis completa de la Exhortación que ciertamente ayudará al crecimiento, consolidación y santidad de la familia.
Nuevamente les agradezco el trabajo hecho y los animo a seguir adelante, en las diversas comunidades de las diócesis, con el estudio y la catequesis de Amoris laetitia.
Por favor, no se olviden de rezar y hacer rezar por mí.
Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.
Fraternalmente,

Francisco
Fuente: InfoCatólica

13 de abril de 2016

CARD. SCHÖNBORN SOBRE AMORIS LAETITIA: "EL PAPA ES UN BUEN PASTOR, SABE DE LO QUE HABLA"

El arzobispo de Viena señala que la exhortación apostólica será una gran ayuda para todas las familias

la presentación de Amoris Leaetitia

La Presentación De Amoris Leaetitia (ZENIT)

(ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El cardenal Christoph Schönborn, conversando con ZENIT en el marco de la presentación del viernes pasado en la sala de prensa de la Santa Sede, señaló su convicción de que los pastores puedan utilizar este documento para ayudar a las familias y manifestó su aprecio porque han sido incluidas las sugerencia que los obispos hicieron durante los dos sínodos sobre el tema y por la manera en que Francisco reafirma las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio.

El cardenal si bien reconoce que existen riesgos normales al aplicar las indicaciones de la Amoris Laetitia, aplaude el ejemplo del “buen pastor” del Santo Padre, que conoce el arte de acompañar a las personas, sin resultar demasiado duro ni propenso a los compromisos”.

¿Cuál es su esperanza personal sobre la ayuda que la exhortación dará a las familias?
— Card. Schönborn: Vale la pena leerla, porque puede ayudar solamente si se la conoce. Este documento es muy rico y animo a nuestros pastores y a nuestras comunidades a estudiarlo, y a degustar la alegría de este hermoso trabajo.

¿Hay partes de la relación final del sínodo que no fueron aceptadas por el Papa en su documento?
— Card. Schönborn: El papa Francisco ha citado numerosos textos de los dos sínodos. Claramente no ha tomado todo, porque hubo temas que no entraban en la exhortación. Entretanto, es interesante ver que el Papa se ha basado en el trabajo de los obispos en el Sínodo.

¿Cómo puede un pastor comunicar bien a los fieles el contenido de este documento con más de 200 páginas que no todos podrán leer?
— Card. Schönborn: Pienso por ejemplo que nuestros pastores pueden tomar el cuarto capítulo, sobre cómo vivir el amor. Es una gran catequesis. Se puede tomar capítulo por capítulo, párrafo por párrafo, y estudiarlo en la parroquia, en las comunidades. Es una gran catequesis sobre el amor conyugal y familiar. Y pienso que como pastores podemos usarlo en nuestro trabajo pastoral.

El papa reafirmó la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio, pero animó a recibir en las parroquias a quienes sienten atracción por personas del mismo sexo. ¿En la práctica qué significa?
— Card. Schönborn: En un solo punto de la exhortación el Papa habla de tendencias homosexuales. Como lo ha hecho en el último sínodo, el Papa explica cómo gestionar la situación cuando en la familia, un miembro descubre tener dicha tendencia.

Hay otro punto muy claro: sin hablar de parejas gay u homosexuales, el Papa reitera muy claramente que solamente la unión entre un hombre y una mujer, abierta a la vida, puede ser llamado matrimonio. Porque existen otras situaciones que pueden ser convivencias o relaciones, pero no son matrimonio.

Sobre el discernimiento del camino hacia el ideal propuesto en el Evangelio, ¿existe algún riesgo de equivocaciones?
— Card. Schönborn: Sí, este peligro seguramente existe desde siempre, desde los albores de la Iglesia, porque los pastores pueden inducir al error, pueden ser demasiado duros o propensos al compromiso, pero el arte del cual el Papa habla, justamente es el de acompañar a las personas.
Esta es la capacidad correcta del buen pastor. Y pienso que el papa Francisco sea un buen pastor y tenga gran experiencia en el acompañar a las personas en las situaciones tanto de alegría como de dificultad. Y él sabe de lo que está hablando, cuando se discute sobre cómo acompañar a las familias durante su vida hacia la alegría y el amor.