«Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: “...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia” (n. 70).


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10 de agosto de 2015

«DEMASIADA BUENA CONCIENCIA Y CEGUERA ESTÁN PREPARANDO EL SUICIDIO DE EUROPA»

¿Qué movió a tres jóvenes «perfectamente integrados» a cometer los ataques islamistas de hace un mes en Francia? Es una de las preguntas a las que intentó responder el filósofo y novelista Fabrice Hadjadj hace unos días en la Fundación De Gasperi, de Roma. En su conferencia, titulada Los yihadistas, el 11 de enero y la Europa del vacío, explicó que los movimientos islamistas, «en realidad, son movimientos posteriores a las Luces. Saben que las utopías humanistas, que habían sustituido a la fe religiosa, se han derrumbado». Por ello ofrecen otra respuesta a los jóvenes, una razón para dar la vida que Europa no da. «Demasiada buena conciencia y la ceguera ideológica están preparando para muy pronto, si no la guerra civil, por lo menos el suicidio de Europa». Ofrecemos la versión de la conferencia publicada en Le Figaro

Queridos yihadistas es el título de una carta abierta publicada por Philippe Muray -uno de nuestros grandes polemistas franceses- poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Esta carta termina con una serie de advertencias a los terroristas islámicos, pero en realidad a quien apunta, de rebote y con ironía, es a los Occidentales fanáticos del confort y el supermercado. Les cito un pasaje cuyo feliz y mordaz sarcasmo van a captar inmediatamente. «[Queridos yihadistas], ¡temed la ira del consumidor, del turista, del veraneante que baja de su autocaravana! ¿Nos imagináis repantingados en las diversiones que nos han ablandado? Pues lucharemos como leones para proteger nuestro ablandamiento. […] Lucharemos por todo, por las palabras que ya no tienen sentido y por la vida que las acompaña».
Y hoy podemos añadir: ¡lucharemos por Charlie Hébdo, periódico ayer moribundo, y que no tenía ningún espíritu crítico -pues criticar es discernir, y “Charlie” metía en el mismo saco a los yihadistas, los rabinos, los policías, los católicos, los franceses medios…- pero del que haremos el emblema de la nada y la confusión que nos animan!
He aquí, más o menos, el estado del Estado francés. En lugar de dejarse interpelar por los acontecimientos, insiste, y aprovecha para aliviar su conciencia, ganar puntos en las encuestas, alinearse con las víctimas inocentes, la libertad abofeteada, la moralidad ultrajada, con tal de no reconocer el vacío humano de una política que se viene aplicando desde hace décadas ni el error de un cierto modelo eurocéntrico según el cual el mundo evolucionaría fatalmente hacia la secularización mientras asistimos en todas partes, por lo menos desde 1979, al retorno de lo religioso en la esfera pública. Pero hete aquí que demasiada buena conciencia y la ceguera ideológica están preparando para muy pronto, si no la guerra civil, por lo menos el suicidio de Europa.


Terroristas franceses

Lo primero que hay que constatar es que los terroristas de los recientes atentados de París son franceses, han crecido en Francia y no son ni accidentes ni monstruos, sino producto de la integración a la francesa, auténticos retoños de la República actual, con toda la revuelta que tal descendencia puede inducir.
En 2009, Amedy Coulibaly, autor de los atentados de Montrouge y del supermercado kosher de Saint-Mandé, fue recibido por Nicolas Sarkozy en el Palacio del Elíseo junto a otros nueve jóvenes elegidos por sus empleadores para dar testimonio de las virtudes de la formación por alternancia: trabajaba entonces bajo contrato de profesionalización en la fábrica que Coca Cola tiene en Gagny, su ciudad natal.
Los hermanos Kouachi [autores de la matanza de Charlie Hebdo, N. d. T.], huérfanos procedentes de la inmigración, fueron acogidos en un centro educativo sito en Corrèze [provincia del centro de Francia y feudo electoral de los presidentes Jacques Chirac y François Hollande, N. d. T], y perteneciente a la Fundación Claude-Pompidou.


«Estaban perfectamente integrados»

Al día siguiente de la matanza en la sede de Charlie Hébdo, el director del centro educativo sentía estupor: «A todos nos choca este asunto porque conocíamos a estos jóvenes. Nos cuesta imaginar que estos chavales que estaban perfectamente integrados (jugaban el fútbol en los equipos locales) hayan sido capaces de matar de forma deliberada. Nos cuesta creerlo. Mientras estuvieron con nosotros, su comportamiento no fue nada problemático. Said Kouachí […] estaba preparado para entrar en la vida socioprofesional». Unas declaraciones que recuerdan a las del alcalde de Lunel -pequeña ciudad del sur de Francia- que se extrañaba porque diez jóvenes de su municipio se unieran a la Yihad en Siria, justo cuando acababa de renovar una magnífica pista de skate board en mitad de su barrio.
¡Qué ingratitud! ¿Cómo es que estos jóvenes no han tenido la impresión de haber podido colmar sus aspiraciones más profundas trabajando en Coca Cola, practicando el skate board o jugando en el equipo local de fútbol? ¿Cómo es que su deseo de heroicidad, de contemplación y de libertad no ha sido colmado por esa oferta tan generosa que consiste en poder elegir entre dos platos congelados, mirar una serie americana o de abstenerse en las elecciones? ¿Cómo es que sus esperanzas de pensamiento y de amor no han podido cumplirse al ver todos los progresos que están en marcha, como el matrimonio gay o la legalización de la eutanasia?
Y es que, precisamente, el debate que interesaba al Gobierno francés justo antes de los atentados: la República estaba completamente centrada en esa gran conquista humana, sin duda la última, y que es el derecho de ser asistido en el propio suicidio o rematado por verdugos cuya delicadeza está garantizada por un diploma en Medicina…


¿Hay razones en Europa para dar la vida?

Entiéndanme: los Kouachis y Coulibalys estaban «perfectamente integrados», pero integrados en la nada, integrados en la negación de cualquier impulso espiritual, y es por eso por lo que acabaron sometiéndose a un islamismo que no era solo una reacción a este vacío sino también una continuidad con ese vacío, a través de su logística de desarraigo planetario, de pérdida de la transmisión familiar y de mejora técnica de los cuerpos para convertirlos en súper instrumentos conectados a un dispositivo sin alma…
Un joven no busca sólo razones para vivir; también y sobre todo -porque no podemos vivir eternamente- busca razones para dar su vida. Ahora bien, ¿todavía hay razones en Europa para dar su vida? ¿La libertad de expresión? De acuerdo. ¿Pero qué cosa importante tenemos que expresar? ¿Qué Buena Nueva tenemos aún que anunciar al mundo?
Este asunto de saber si Europa es todavía capaz de ser portadora de una trascendencia que dé un sentido a nuestros actos; este asunto, digo, ya que es el más espiritual de todos, es asimismo el más carnal. No solo se trata de dar su vida, sino también de dar la vida. De forma curiosa, o providencial, durante su audiencia del 7 de enero, el mismo día de los atentados, el Papa Francisco citaba una homilía de Óscar Romero que demostraba el vínculo existente entre el martirio y la maternidad, entre el hecho de estar dispuesto a dar su vida y el hecho de estar dispuesto a dar la vida.


Debilidad espiritual

Es una evidencia ineludible: nuestra debilidad espiritual repercute sobre la demografía; nos guste o no, la fecundidad biológica siempre es un signo de esperanza vivida (aunque esa esperanza sea desordenada, como en el natalismo nacionalista o imperialista).
Si adoptamos un punto de vista completamente darwiniano, tenemos que admitir que el darwinismo no es una ventaja selectiva. Creer que el hombre es el resultado mortal de un apaño azaroso de la evolución no ayuda, no nos anima en absoluto a tener hijos. Mejor tener un gato o un caniche. O tal vez uno o dos sapiens sapiens, por inercia, por convencionalismo, pero, a fin de cuentas, menos como niños que como juguetes sobre los cuales ejercer vuestro despotismo y distraeros de vuestra angustia (antes de agravarla de forma radical).
Así pues, el éxito teórico del darwinismo solo puede desembocar en el éxito práctico de los fundamentalistas que niegan esta teoría, pero que tienen muchos hijos. Annie Laurent, una amiga islamóloga, me dijo unas palabras muy clarividentes: «La procreación es el yihad de las mujeres».


La dominación de las mujeres con burqa

Antaño, lo que impulsó al general de Gaulle a otorgar la independencia a Argelia fue, precisamente, la cuestión demográfica. Conservar la Argelia francesa de forma justa equivalía a conceder la ciudadanía a todos, pero al estar la democracia francesa sometida a la ley de la mayoría, y por lo tanto a la demografía, acabaría sometiéndose a la ley coránica.
El 5 de marzo de 1959, De Gaulle confiaba a Alain Peyrefitte [ministro, confidente y memorialista del general N. d. T.]: «¿Cree usted que el cuerpo francés puede absorber a diez millones de musulmanes, que mañana serán veinte millones y pasado mañana cuarenta? Si hacemos la integración, si todos los árabes y bereberes de Argelia fuesen considerados como franceses ¿cómo se les impediría instalarse en la metrópoli donde el nivel de vida es mucho más elevado? Mi pueblo ya no se llamaría Colombey-les-Deux-Églises [Iglesias] sino Colombey-les-Deux-Mosquées [Mezquitas]».
Es cierto que se ha producido una liberación de la mujer de la que podemos estar orgullosos. Sin embargo, cuando esta liberación desemboca en un militantismo contraceptivo y abortivo -ya que la paternidad se concibe de ahora en adelante como cargas insoportables para individuos que han olvidado que son antes de todo hijos e hijas- sólo puede ceder el paso, tras unas generaciones, a la dominación masiva de las mujeres con burqa, puesto que las mujeres en minifalda se reproducen mucho menos.


Un movimiento posterior a la Ilustración

Por mucho que protestemos «Oh, el burqa. ¡Qué costumbres más bárbaras!», ésta y otras costumbres bárbaras hacen funcionar a nuestra civilización del futuro; bueno, de un futuro sin posteridad…
En el fondo, los yihadistas cometen un grave error estratégico: al provocar reacciones indignadas, lo único que logran es ralentizar la islamización suave de Europa, la que presenta Michel Houellebecq en su última novela -que también salió a la venta el 7 de enero-, y que se pone en marcha gracias a nuestra doble astenia religiosa y sexual. A menos que nuestra insistencia en «no generar confusiones», en decir que el islam no tiene nada que ver con el islamismo (cuando tanto el presidente egipcio Al-Sissi como los Hermanos Musulmanes nos dicen lo contrario) y en sentirnos culpables de nuestro pasado colonial nos entreguen con más obsequiosidad, si cabe, al proceso en curso.
Sea como fuere, hay una vanidad que debemos perder: la que consiste en creer que los movimientos islamistas son movimientos previos a las Luces y bárbaros -como lo apuntaba más arriba-, que se templarán tan pronto como conozcan el esplendor del consumismo. En realidad, son movimientos posteriores a las Luces. Saben que las utopías humanistas, que habían sustituido a la fe religiosa, se han derrumbado.


¿Para qué Europa estamos dispuestos a dar la vida?

De ahí que nos hagamos la pregunta de si el islam no es el término dialéctico en una Europa tecno-liberal que rechaza sus raíces grecolatinas y sus alas judía y cristiana: esta Europa no puede vivir demasiado tiempo sin Dios ni madres, pero, como niña mimada que es, tampoco será capaz de volver a su Madre Iglesia, y al final consiente a entregarse a un monoteísmo fácil en el que la relación con la riqueza está desdramatizada, la moral sexual es más relajada y la posmodernidad hi-tech edifica ciudades tan radiantes como las de Catar. Dios + el capitalismo, las huris de harén + los ratones de ordenador ¿Por qué no sería el último compromiso, el verdadero final de la Historia?
Una cosa me parece cierta: lo bueno que hay en el siglo de las Luces ya no puede subsistir sin la Luz de los siglos. Pero, ¿seremos capaces de reconocer que esta Luz es la Verbo que se hizo carne, del Dios hecho hombre, es decir, de una divinidad que no aplasta lo humano sino que lo asume en su libertad y en su debilidad?
Os hago una última pregunta: sois romanos, pero ¿tenéis motivos sólidos para evitar que la Basílica de San Pedro no acabe como la Catedral de Santa-Sofía? Sois italianos pero ¿seréis capaces de luchar por la Divina Comedia? ¿O bien os avergonzáis porque Dante tuvo la osadía, en el Cántico XVIII de su Infierno, de hablar de Mahoma en el noveno Fraudulento del octavo círculo?
Para terminar: somos europeos. Pero ¿estamos orgullosos de nuestra bandera con doce estrellas? ¿Nos acordamos del sentido mismo de esas doce estrellas que nos reenvían al Apocalipsis de San Juan y a la fe de Schuman y de De Gasperi? El tiempo del confort se ha terminado. Ahora tenemos que contestar, o estaremos muertos: ¿para qué Europa estamos dispuestos a dar la vida?


Fabrice Hadjadj / Traducción: J.M. Ballester

 Fuente: Alfa y Omega

3 de octubre de 2014

La familia y la fe


«La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros, y donde los padres transmiten la fe a sus hijos»: así dice el Papa Francisco en su ExhortaciónEvangelii gaudium, poniendo el dedo en la llaga de la profunda crisis, que ciertamente tiene su epicentro en esa célula básica que es la familia. Y es en ella, lógicamente, donde está la verdadera esperanza de su superación. La necesidad prioritaria de un Sínodo de los Obispos sobre la familia no podía ser más evidente. En el Documento de trabajo (Instrumentum laboris) previo, se dejaba bien claro que la Iglesia se enfrenta «a problemas inéditos», pero igualmente a «un renovado deseo de familia», que «hace entrever una nueva primavera para la familia», y por tanto para la entera Humanidad. No en vano es llamada, en expresión genuinamente cristiana, familia humana. Como abundantemente aparece en el magisterio de san Juan Pablo II, y de modo insistente, por ejemplo, en su Carta a las familias, de 1994, donde subraya que el hombre, «incluso cuando decide permanecer solo, la familia continúa siendo, por así decirlo, su horizonte existencial como comunidad fundamental sobre la que se apoya toda la gama de sus relaciones sociales, desde las más inmediatas y cercanas hasta las más lejanas. ¿No hablamos acaso de familia humana al referirnos al conjunto de los hombres que viven en el mundo?» Sí, en la familia está el epicentro de la crisis, ¡y de la esperanza!

El citado Instrumentum laboris observa que esta profunda crisis de la familia va de la mano de una crisis de fe, y es ésa, exactamente, la llaga que curar. Lo dijo con nitidez meridiana Benedicto XVI, en su Carta de convocatoria del Año de la fe, definiendo la situación que hoy vive nuestro mundo de «una profunda crisis de fe», el verdadero origen de toda otra crisis, y en primerísimo lugar de lo que constituye el único hábitat verdadero de lo humano que es la familia, cuya fuente no es otra que el mismo Dios trinitario, a cuya imagen hemos sido creados. Ensuciar, romper esa imagen que somos, el pecado: he ahí la crisis. Que sea restablecida, la santidad: he ahí la esperanza. El pasado sábado, en la Misa de beatificación de Álvaro del Portillo, el cardenal Amato lo dijo con estas palabras: «Ahora, más que nunca, necesitamos una ecología de la santidad. Los santos nos invitan a introducir en el seno de la Iglesia y de la sociedad el aire puro de la gracia de Dios, que renueva la faz de la tierra».

Vale la pena recordar cómo san Juan Pablo II, el Papa de la familia, según lo definió su sucesor Francisco en la Misa en que lo canonizó, señala este camino de la esperanza, para cada familia, y por tanto para toda la familia humana, en esa Carta magna de la familia que es la Exhortación apostólica postsinodal Familiaris consortio, de 1981: «En el designio de Dios creador y redentor, la familia descubre no sólo su identidad, lo que es, sino también su misión, lo que puede y debe hacer. El cometido, que ella por vocación de Dios está llamada a desempeñar en la Historia, brota de su mismo ser y representa su desarrollo dinámico y existencial. Toda familia descubre y encuentra en sí misma la llamada imborrable, que define a la vez su dignidad y su responsabilidad: familia, ¡ lo que eres!» Y el Papa santo añade lo que había repetido aquel Sínodo, de octubre de 1980, tomado precisamente de la llamada que lanzó ya en su primer viaje, a México, en enero de 1979, al inaugurar la III Conferencia del CELAM, en Puebla, no dudando en definir como auténtica Iglesia a la familia, con la expresión acuñada en el Concilio Vaticano II: «La futura evangelización depende en gran parte de la Iglesia doméstica. Esta misión apostólica de la familia está enraizada en el Bautismo y recibe, con la gracia sacramental del matrimonio, una nueva fuerza para transmitir la fe, para santificar y transformar la sociedad actual según el plan de Dios», ¡el único verdadero plan humano! El único que puede hacerle recobrar su auténtico ser de familia humana.

El pasado domingo, en la Misa con los ancianos, el Papa Francisco mostraba, con toda su clara sencillez, cómo en la Iglesia está la verdadera respuesta a la crisis de la familia, que los hechos demuestran, una y otra vez, que se trata realmente de una crisis de fe. Decía el Santo Padre que «el Señor ha formado una nueva familia, en la que, sobre los lazos de sangre, prevalece la relación con Él y el cumplir la voluntad de Dios Padre». Y lejos de suplantar a esa familia de la sangre, ¡la lleva a su pleno cumplimiento! «El amor a Jesús y al Padre -seguía diciendo el Papa- lleva a cumplimiento el amor a los padres, a los hermanos, a los abuelos, renueva las relaciones familiares, ¡con la savia del Evangelio y del Espíritu Santo!»

CON OJOS MUJER

El Amor de los amores

Dice un amigo que, si unos novios deben anotarse en la agenda el día de su cita, es mal asunto, porque el amor les lleva a desear estar uno y otro juntos y su presencia está siempre viva en el corazón y la mente de cada uno, por lo que la anotación en el calendario resulta absurda y extraña.

Sin embargo, hay citas y citas. Y hay una cita que es la que nos marca, nos haya sucedido lo que nos haya sucedido, y estemos como estemos. Es con el Amor de los amores. Es la cita que acontece diariamente allí donde dos o tres se reúnen en mi nombre. Es una de esas citas que nunca defrauda, que siempre está presente, siempre acontece, siempre espera, siempre acoge y siempre abraza. Es la Cita de las citas, porque, en ella, Quien se entrega lo hace de forma infinita, hasta el punto de dar su vida. ¿Y quién no ha deseado un amor tan verdadero hasta dar la vida por quien se ama?

Esa cita que colma el corazón de quien busca un amor verdadero y respuestas a su vida es lo que sucede todos los días en la Eucaristía, en el encuentro definitivo para nuestra vida y en el que se nos espera y abraza. Es lo que sucede también en la Adoración eucarística que tiene lugar en la catedral de Granada cada primer sábado de mes, dentro de la iniciativa de la Iglesia diocesana de abrir las puertas del templo catedralicio para adorar y orar ante el Señor.

Es una iniciativa con vocación misionera y universal, y tras cuyos muros, en medio de un ajetreo y distracciones vertiginosas propias de la ciudad, de forma discreta, silenciosa pero cierta, está sucediendo todo. Es nuestra presencia y postración ante Quien todo lo puede.

Encontrarse con las puertas de una parroquia abiertas es siempre una invitación personal a lanzarse a una vida nueva. Esta situación me recuerda mucho a lo que le sucedió al escritor francés Paul Claudel, cuando decidió entrar en una iglesia y asistir a la celebración del día de Navidad. Esa invitación sigue hoy vigente para todos -creyentes y no creyentes, y alejados de la fe-, porque el Señor no se cansa nunca de esperarnos para que, en su amor, experimentemos que nuestra vida se cumple en Él. En medio de tantas propuestas más o menos atrevidas en este siglo XXI, ése es el auténtico riesgo -y riesgo seguro- en nuestra vida: preguntarse ante Dios quién soy yo.

De nuevo, una gran santa llega en este punto para recordarnos que quien busca la verdad, busca a Dios, lo sepa o no. Y todos anhelamos algo tan verdadero que, aunque esté oculto en la profundidad del corazón, con mil entretenimientos, olvidos o intereses, no desaparece. Sólo basta atreverse, a ser valientes, y cara a cara ante el Señor poner nuestra vida, que Él muy bien conoce, para encontrar lo que buscamos.

A esto estamos todos invitados cuando cada día celebramos la Eucaristía, o participamos en la adoración al Señor. Es una invitación personal, y Quien nos espera lo hace siempre con los brazos abiertos.

En palabras de Claudel: ¡Es verdad! ¡Dios existe, está ahí! ¡Es alguien, es un ser tan personal como yo! ¡Me ama! ¡Me llama!

SÍNODO

El Papa inaugura el domingo el Sínodo de los Obispos sobre la familia
La Iglesia responde a la crisis de la familia
La cuestión de la Comunión a los divorciados que se han casado civilmente acapara el debate en los medios de comunicación en vísperas del Sínodo extraordinario de los Obispos sobre la familia convocado por el Papa Francisco, y que comienza el próximo domingo. Ahora bien, los temas son mucho más amplios y de fondo
La crisis que atraviesa la familia constituye
una situación extraordinaria, y requiere
una respuesta extraordinaria...

El Papa inaugurará, el domingo, el Sínodo de los Obispos más esperado de los últimos tiempos. Se trata de un Sínodoextraordinario, porque Francisco está convencido de que la crisis que atraviesa la familia constituye una situación extraordinaria, y requiere una respuesta extraordinaria por parte de la Iglesia. Lo ha convocado el Santo Padre bajo el lema Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización.

El debate que ha copado la atención de los medios informativos se centra en la cuestión de si es posible encontrar caminos para que las personas que se casaron en la Iglesia, y que tras un divorcio han contraído segundas nupcias civiles, puedan recibir la Comunión. Ahora bien, para Francisco el objetivo del Sínodo supera con creces este debate, que de todos modos tiene su importancia.

La crisis de la familia toca lo más profundo de la persona, pues todo hombre y mujer buscan ser amados para siempre. La fragilidad de las relaciones familiares y las nuevas formas de convivencia transforman profundamente la vida social. Los cambios influyen también en la manera de vivir la fe y transmitirla a las nuevas generaciones. El cardenal Scola, arzobispo de Milán, lo explicaba así el lunes ante la prensa: «Me parece que el Santo Padre ha visto con claridad la necesidad de agacharse ante las heridas del ser humano. Cuando invita a toda la Iglesia, a través de uno de los organismos más importantes, como es el Sínodo, a reflexionar sobre el significado de la familia, creo que busca afrontar esta situación, con el realismo que le caracteriza, para volver a dar esperanza y confianza no sólo a los cristianos, sino a todos los hombres y mujeres que quieran tomar en serio esta experiencia elemental»

Se trata, sin duda, de uno de los Sínodos que más interés y expectativa han suscitado. El interés de los medios de comunicación es comparable al que suscitó el Sínodo de los Obispos de 1971, cuando se reflexionó sobre el celibato de los sacerdotes.

Es un Sínodo extraordinario no sólo porque el Papa ha convocado urgentemente a los 253 representantes de las Conferencias Episcopales y otros representantes eclesiales, dada la importancia y urgencia del tema. Lo es también porque, por primera vez, el tema será afrontado por otro Sínodo, más participativo aún, que será celebrado el próximo año. Esto significa que, a diferencia de los Sínodos anteriores, no habrá una propuesta definitiva al final de esta Asamblea. El documento definitivo se publicará después del Sínodo de 2015.

SÍNODO

Divorciados vueltos a casar
El Papa abraza a Benedicto XVI,
que acudió a la celebración del Santo
Padre con los abuelos, el pasado domingo

El Sínodo comenzó, en realidad, su primera etapa con un Consistorio de todos los cardenales del mundo que el Papa convocó para hablar de la familia, el 20 de febrero pasado. Francisco encomendó la intervención principal al cardenal Walter Kasper, Presidente emérito del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. En su primer Ángelus como Papa, Francisco elogió el libro sobre la misericordia que escribió Kasper y que le había regalado durante el cónclave.

Kasper habló sobre el tema de la familia y, en la última parte de su discurso, presentó la posibilidad de dar la Comunión eucarística a los divorciados que se han vuelto a casar, después de haber seguido un itinerario personal, caso por caso, en determinadas circunstancias y tras un recorrido penitencial. Al día siguiente, Francisco elogió la intervención en su conjunto, por considerar que el cardenal Kasper hacía «teología de rodillas».

Aquella intervención del cardenal Kasper generó reacciones críticas entre algunos cardenales, encontrando amplio eco entre los medios informativos. Parece vivirse, en cierto sentido, una atmósfera de debate y confrontación, como la que se vivió en los años sesenta, durante el Concilio Vaticano II. El 1 de octubre se ha publicado en Italia y los Estados Unidos el libro Permanecer en la verdad de Cristo, en el que el cardenal Gerhard L. Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, así como otros autores, entre ellos los cardenales Walter Brandmüller, Raymond L. Burke, Velasio De Paolis y Carlo Caffarra, critican severamente propuestas como la de Kasper, si bien es cierto que algunos de esos artículos habían sido escritos con anterioridad a su intervención en el Consistorio.

Estos autores consideran que cambiar la disciplina de la Iglesia sobre el acceso a la Comunión eucarística implica ceder en la defensa del carácter indisoluble del matrimonio. Por lo demás, en este importante debate sobre la familia, en ningún momento está en duda la cuestión de que el matrimonio cristiano constituye una unión de por vida (hasta que la muerte nos separe). Se trata de una afirmación clarísima en la enseñanza de Jesucristo. Y la Iglesia no puede deliberar ni cambiar las verdades de fe, que forman parte de su tradición desde siempre.

La cuestión del acceso a la Comunión hace referencia a la disciplina de la Iglesia que busca garantizar el respeto de los sacramentos. El hecho de que la Comunión y la Confesión sacramental no son un privilegio de pocos, sino una ayuda fundamental para la vida, están llevando a buscar propuestas que no pongan en duda la naturaleza de la unión entre un hombre y una mujer, pero que al mismo tiempo puedan servir para sanar las heridas de la vida y acercar a Dios (en vez de alejarse) a quien ha realizado una nueva unión, después de haber roto el lazo sacramental del matrimonio en el pasado. Se trata de situaciones que generan gran sufrimiento en los cónyuges y en los hijos, sumamente frecuentes hoy día, que interpelan el corazón de madre de la Iglesia.

Otra de las cuestiones de disciplina de la Iglesia que analizará el Sínodo son las declaraciones de nulidad matrimonial por parte de los tribunales eclesiásticos. Los proceso son largos y con frecuencia dolorosos. No se trata de un divorcio católico, sino del reconocimiento, por parte de un juez eclesiástico, de que el matrimonio nunca existió, pues faltaron algunas de sus condiciones, como, por ejemplo, la libertad, la apertura a la vida, o la voluntad de casarse para toda la vida.

En vísperas del Sínodo, el Papa ha instituido una comisión especial de estudio para la reforma de los procesos de nulidad para «simplificar el procedimiento, haciéndolo más sencillo y salvaguardando el principio de indisolubilidad del matrimonio».

SÍNODO

Más vale prevenir...
Un momento del encuentro con un grupo de abuelos

Ahora bien, la cuestión de la Comunión a los divorciados no es el único tema -ni siquiera el principal- de este Sínodo sobre la familia. Hay otras cuestiones éticas, como la atención a los hijos de parejas homosexuales, y argumentos sociales, como el impacto de los nuevos modelos económicos en la estabilidad familiar (cuando falta trabajo, con frecuencia también falta estabilidad).

Ahora bien, el Papa, más que pensar en sanar problemas, pide prevenir, pues, como decían nuestras abuelas, más vale prevenir que curar. El cardenal Baldisseri explica que «la formación será uno de los primeros problemas que afrontar, también gracias a los testimonios de pastores de diversos continentes, para llevar a cabo una pastoral verdadera. Se daba por supuesto que se conocía la fe, la doctrina sobre el matrimonio, pero ya no es así. Por tanto, debemos trabajar en la formación, a nivel parroquial, explicando bien qué es el matrimonio cristiano. Actualmente, hay todavía muchos condicionamientos sociales. Es justo el momento de ser más claros. Hace falta también decir que no nos interesa el número, lo que importa es la calidad. A este respecto, se está reflexionando teológicamente sobre cuál es el mínimo de fe que permite comprender y realizar el sacramento».

Y subraya también el cardenal Baldisseri: «Los fracasos crecen numéricamente, y es un fenómeno que tenemos que considerar y prever en el futuro. Los heridos nos deben hacer tomar conciencia para que no se den casos en el futuro. Y el Papa, cuando habla de la misericordia, nos pregunta si hemos emprendido todos los caminos para resolver todos los casos de sufrimiento. Quizá algunos lleguen a la fe precisamente a causa de esta experiencia de sufrimiento».

Jesús Colina. Roma

SÍNODO

Los abuelos, esos olvidados

Crisis económica, paro, ruptura matrimonial, problemas escolares... Los desafíos de la familia son enormes. Entre ellos, pocas veces se mencionan y afrontan los problemas de los ancianos. Una semana antes del inicio del Sínodo de la Familia, el Papa convocó, el domingo, a 30 mil personas en la Plaza de San Pedro del Vaticano con motivo del encuentro de los abuelos. Entre ellos se encontraban Mubarak y Aneesa, de 74 y 68 años, casados desde hace 51 años, con 10 hijos y 12 nietos, refugiados del Kurdistán iraquí, quienes contaron sus sufrimientos al Papa y a los presentes. También estaba Benedicto XVI, quien participó en la primera parte del encuentro. El abrazo entre los dos Pontífices emocionó a los presentes. Francisco confesó que, para él, es motivo de gran alegría convivir con el Papa emérito en el Vaticano, pues es como «tener un abuelo sabio en casa». Quizá pensaba en él Francisco, cuando, dejando a un lado los papeles, dijo: «Los ancianos, los abuelos, tienen una gran capacidad para rezar por las situaciones más difíciles, y cuando rezan por estas situaciones, su oración es fuerte».

Antes de la misa, el Papa respondió a las preguntas que le plantearon algunos abuelos, condenando la cultura del descarte y el culto al dios dinero, que provoca una especie de eutanasia escondida contra los ancianos. «Se descarta a los niños, se descarta a los jóvenes, porque no tienen trabajo, y se descarta a los ancianos con el pretexto de mantener un sistema económico equilibrado, en cuyo centro no se encuentra la persona humana, sino el dinero. ¡Estamos llamados a oponernos a esta cultura del descarte!», afirmó.

Al final de la misa, que constituyó el acto central del encuentro, el Papa hizo con algo de humor una petición de oración por el cardenal Lorenzo Baldisseri, principal responsable del Sínodo de la familia. «¡Bienaventuradas las familias que tienen a los abuelos cerca!», dijo Francisco. «El abuelo es padre dos veces y la abuela es madre dos veces. En los países donde la persecución religiosa fue cruel, pienso por ejemplo en el caso de Albania, donde estuve la semana pasada, los abuelos permitieron que los niños fueran bautizados, a escondidas, para darles la fe. ¡Bravo! ¡Fueron valientes en la persecución y han salvado la fe de esos países!»

«Pero no siempre el anciano, el abuelo, la abuela, tiene una familia que le acoja», añadió. «Entonces, está bien que haya casas para ancianos, pero a condición de que sean casas, no prisiones. Y que sean para los ancianos, y no para los intereses de otros. No debe haber casas en las que los ancianos sean olvidados, escondidos, descuidados». Y concluyó el Papa: «Me siento cerca de tantos ancianos que viven en estas casas, y pienso con gratitud en cuantos los van a visitar y les cuidan. Las casas de ancianos deberían ser pulmones de humanidad en un país, un barrio, una parroquia: deberían ser santuarios de humanidad donde quien es anciano y débil es atendido y custodiado, como un hermano o hermana mayor. Hace mucho bien ir a visitar a un anciano. Pensad en nuestros muchachos: a veces los vemos desganados y tristes; van a encontrar a un anciano y se vuelven alegres».