«Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: “...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia” (n. 70).


7 de febrero de 2015

ENCONTRAR A DIOS PRESENTE EN EL CORAZÓN DE LA CIUDAD, ALIENTA EL PAPA AL PONTIFICIO CONSEJO PARA LOS LAICOS


(RV).- El Santo Padre recibió la mañana del sábado en la Sala Clementina del Vaticano a los participantes en la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para los laicos.
Después de agradecer al Cardenal Presidente por sus palabras, Papa Bergoglio dirigió a los miembros del Pontificio Consejo palabras de aliento por el acto conmemorativo de la publicación del Decreto sobre el apostolado de los laicos Apostolicam actuositatem que están preparando en el marco del 50º Aniversario de la conclusión del Concilio Vaticano II, indicándolo como una iniciativa que mira “no sólo al pasado, sino al presente y al futuro de la Iglesia”.
Partiendo del tema elegido para la Plenaria “Encontrar a Dios en el corazón de la ciudad”, el Santo Padre inició su reflexión sobre el fenómeno del urbanismo que ha asumido en el tiempo presente dimensiones globales.
Más de la mitad de los hombres del planeta viven en las ciudades – indicó el Sucesor de Pedro - y tal contexto urbano “tiene un fuerte impacto en la mentalidad, la cultura, los estilos de vida, las relaciones interpersonales y la religiosidad de las personas”. Así, los cristianos absorben «lenguajes, símbolos, mensajes y paradigmas que ofrecen nuevas orientaciones de vida, frecuentemente en contraste con el Evangelio»(Evangelii Gaudium,73).
Grandes oportunidades, grandes riesgos, advirtió el Papa: las ciudades pueden ser “espacios magníficos de libertad y de realización humana”, pero también “espacios terribles de deshumanización y de infelicidad”:
“Parece que cada ciudad, incluso la que parece más próspera y ordenada, tiene la capacidad de generar dentro de sí una oscura “anti-ciudad”. Parece que con los ciudadanos también existen los “no-ciudadanos”: personas invisibles, pobres de medios y de calor humano, que viven en “no-lugares”, que viven de las “no-relaciones”. Se trata de individuos a los que nadie dirige una mirada, una atención, un interés”.
Ante estos tristes escenarios, prosiguió Papa Bergoglio, debemos siempre recordar que “Dios está presente inclusive en nuestras ciudades frenéticas y distraídas”, y por eso es necesario “no abandonarse al pesimismo”, sino tener una mirada de fe sobre la ciudad, una mirada contemplativa «que descubra al Dios que habita en sus hogares, en sus calles, en sus plazas» (ibíd., 71):
“Dios no está nunca ausente en la ciudad porque nunca está ausente en el corazón del hombre. De hecho, «la presencia de Dios acompaña la búsqueda sincera que las personas y los grupos cumplen para encontrar apoyo y sentido a sus vidas»(ibid.). La Iglesia quiere estar al servicio de esta búsqueda sincera que está en tantos corazones y que los abre a Dios. Los fieles laicos, sobre todo, están llamados a salir sin temor para ir al encuentro de los hombres de las ciudades: en las actividades cotidianas, en el trabajo, como individuos o como familias, junto con la parroquia o en los movimientos eclesiales a los que pertenecen, pueden romper el muro del anonimato y la indiferencia que a menudo reina en las ciudades. Se trata de encontrar el coraje para dar el primer paso de acercamiento a los demás, para ser apóstoles del barrio”.
Convirtiéndose en alegres anunciadores del Evangelio a sus conciudadanos – prosiguió el Pontífice - los fieles laicos descubren que son muchos los corazones que el Espíritu Santo ha preparado para recibir su testimonio, su cercanía y su atención. De ahí que es importante, “cuidar la formación de los laicos”, educándolos a tener la mirada de fe llena de esperanza, una mirada que sepa “ver la ciudad con los ojos de Dios”, animándolos a “vivir el Evangelio” sabiendo que “cada vida vivida cristianamente siempre tiene un fuerte impacto social”.
“También es necesario, alimentar el deseo de dar testimonio de los fieles laicos, para que puedan donar a los demás con amor el don de la fe que han recibido, acompañando con afecto a quienes dan sus primeros pasos en la vida de fe.
“En pocas palabras - sintetizó el Sucesor de Pedro- los laicos están llamados a vivir un ‘protagonismo humilde’ en la Iglesia convirtiéndose en ‘levadura de vida cristiana’ para toda la ciudad”.
Por último el Papa recordó que en el renovado impulso misionero hacia la ciudad es importante que los fieles laicos en comunión con sus Pastores sepan “proponer el corazón del Evangelio, no sus ‘apéndices’:
“El entonces arzobispo Montini en Milán, hablaba de la «búsqueda de lo esencial» e invitaba a ser ante todo nosotros mismos ‘esenciales’, es decir, verdaderos, genuinos, y a vivir de aquello que verdaderamente cuenta”. “Sólo así se puede proponer en su fuerza, en su belleza y en su simplicidad, el anuncio liberador del amor de Dios y de la salvación que Cristo nos ofrece”.
Confiando el trabajo y los proyectos del Pontificio Consejo para los laicos a la materna protección de la Virgen María “peregrina junto con su Hijo en el anuncio del Evangelio, de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad”, el Santo Padre impartió su bendición, pidiéndoles también, de rezar por él.
(GM – RV)



PAPA FRANCISCO AL PONTIFICIO CONSEJO DE CULTURA “LA IGLESIA ES MUJER, ES LA IGLESIA, NO EL IGLESIA”,


(RV).- “Con y no en contra de las diferencias y similitudes entre hombres y mujeres”, el Papa al Pontificio Consejo de Cultura al termino de la Asamblea Plenaria "Culturas femeninas: entre igualdad y diferencia", que se celebró en el Vaticano del 4 al 7 de febrero. 

Más presencia de la mujer en la vida de la Iglesia, en el mundo laboral, y sobre todo en la familia, y no más en condiciones de peligro o víctimas de la sociedad del descarte. Lo exhortó el Papa Francisco en su discurso al termine de la Asamblea Plenaria "Culturas femeninas: entre igualdad y diferencia", que se celebró en el Vaticano del 4 al 7 de febrero organizada por el Consejo Pontificio de la Cultura.

“El argumento que habéis elegido me ha llegado al corazón, y ya en diversas ocasiones he tenido la ocasión de tocarlo y de invitar a profundizarlo. Se trata de estudiar criterios y nuevas modalidades con el fin que las mujeres no se sientan invitadas, sino plenamente participes de los varios ámbitos de la vida social y eclesial. La Iglesia es mujer, la Iglesia, no el Iglesia. Esto es un reto que no se pospone más. Lo digo a los pastores de las comunidades cristianas, aquí en representación de la Iglesia Universal, pero también  los laicos y las laicas en diversos modos empeñados en la cultura, en la educación, en la economía, en la política, en el mundo del trabajo, en las familias y en las instituciones religiosas.

Así, Francisco se centró en cuatro puntos con los cuales se puede “desarrollar tal empeño en todas las partes de la Tierra, en el corazón de todas las culturas, y en el diálogo con las diferentes pertenencias religiosas”.

‘Entre igualdad y diferencia: a la búsqueda del equilibrio’. Explica Francisco que las diferencias y las similitudes entre hombres y mujeres se sienten desde el ‘con’ y no desde el ‘contra’, y resalta que en nuestra sociedad no se han eliminado del todo los efectos negativos del modelo de subordinación social de la mujer al hombre.

El segundo punto que resalta el Papa argentino es ‘lo generativo como código simbólico’,  y dirige una “mirada intensa” a todas las madres, no limitada a la esfera biológica, que se puede sintetizar en cuatro verbos: “desear, traer al mundo, cuidar, dejar andar”. Y asegura que las madres saben encarnar el cariño de Dios, su misericordia, que se traduce más “en donar tiempo que en ocupar espacios, en acoger en lugar de excluir”.

‘El cuerpo femenino entre cultura y biología’. Francisco tacha toda forma de esclavitud, de mutilación del cuerpo de la mujer, y se detiene en la “dolorosa situación de tantas pobres mujeres, obligadas a vivir en condiciones de peligro, de explotación, relegadas a los márgenes de la sociedad, víctimas de una cultura del descarte”.

Finalmente el Papa abordó el punto ‘Las mujeres y la religión: ¿fuga o búsqueda de participación en la vida de la Iglesia?’ y expone que está convencido de la urgencia de ofrecer espacios a las mujeres en la Iglesias, de acogerlas teniendo muy en cuenta su poder de sensibilidad cultural y social, y así ver a muchas de ellas involucradas en responsabilidades pastorales. E incide en que no se puede olvidar el papel insustituible de la mujer en la familia, con sus dotes de particular sensibilidad y cariño. Además encoraja a promover la presencia eficaz de la mujer en diferentes ámbitos de la esfera pública, en el mundo del trabajo y en lugares donde vienen adoptadas decisiones importantes, y al mismo tiempo mantener su presencia y atención preferencial por y en la familia.

(MZ-RV)

6 de febrero de 2015

PAPA: MUCHOS CRISTIANOS TAMBIÉN HOY VÍCTIMAS DE GENTE QUE ODIA A JESUCRISTO


(RV).- El martirio de los cristianos no es una cosa del pasado, muchos de ellos son víctimas también hoy “de gente que odia a Jesucristo”. Es la sufrida constatación de Papa Francisco en la homilía de la misa matutina en la Casa de Santa Marta, después de una meditación intensa sobre la vida y la muerte de Juan el Bautista. 

La parábola de “Juan el Grande” en primer plano y, apenas detrás, el dolor agudo por los muchos cristianos que aún hoy son llevados al matadero porque su vida anuncia la de un Dios que otros odian. Es una de las homilías de Santa Marta más conmovedoras la que propone el Papa siguiendo el pasaje del Evangelio de Marcos, que cuenta la trágica muerte de Juan el Bautista. Él – subrayó el Pontífice – que “nunca traicionó su vocación”, “consciente que su deber era sólo proclamar” la “proximidad del Mesías” – consciente de ser “sólo la voz”, porque “la Palabra era Otro” – “termina su vida como el Señor, con el martirio”.

Juan víctima de un rey corrupto

Es sobre todo cuando termina en la cárcel por mano de Herodes Antipas que“el hombre más grande nacido de mujer” se hace, observa el Papa, “pequeño, pequeño, pequeño”, golpeado primero por la prueba de “la oscuridad del alma” – cuando duda que Jesús sea aquel a quien ha preparado el camino – y luego cuando llega para él el momento final, ordenado por un rey fascinado y desconcertado al mismo tiempo por Juan. Una orden que el Papa se detiene a considerar con realismo:

“Al final, después de esta purificación, después de este descenso continuo en la anonadación, haciendo camino a la anonadación de Jesús, termina su vida. Ese rey desconcertado es capaz de tomar una decisión, pero no porque su corazón se haya convertido, sino porque el vino le ha dado coraje. Y así Juan termina su vida bajo la autoridad de un rey mediocre, borracho y corrupto, por el capricho de una bailarina y el odio vengativo de una adúltera. Así termina el Grande, el hombre más grande nacido de mujer”.

Cristianos odiados también hoy

“Cuando leo este pasaje – afirmó el Papa – les confieso que me conmuevo” y pienso siempre en “dos cosas”:

“En primer lugar, pienso en nuestros mártires, en los mártires de nuestros días, los hombres, las mujeres, los niños que son perseguidos, odiados, expulsados de sus hogares, torturados, masacrados. Y esto no es una cosa del pasado: esto sucede hoy. Nuestros mártires, que terminan sus vidas bajo la autoridad  corrupta de gente que odia a Jesucristo. Nos hará bien pensar en nuestros mártires. Hoy pensamos en Pablo Miki, pero eso sucedió en el 1600. ¡Pensemos en los de hoy! En los del 2015”.

Nadie tiene la vida “comprada”

Por otra parte, continuó el Santo Padre, este abajarse de Juan el Grande “continuamente hasta la nada” me hace pensar, “que estamos en este camino y vamos hacia la tierra, donde todos acabaremos”. Me hace pensar en “mí mismo”:

“También yo acabaré. Todos nosotros acabaremos. Nadie tiene la vida ‘comprada’. Nosotros también, queriendo o no queriendo, vamos por el camino de la anonadación existencial de la vida, y esto, al menos a mí, me hace rezar para que esta anonadación se parezca lo más posible a Jesucristo, a su anonadación”.
(GM - RV)


5 de febrero de 2015

En Sta. Marta. La misión de la Iglesia es sanar las heridas del corazón

Sanar; levantar; liberar; expulsar demonios. Y después reconocer con sobriedad: he sido un simple “trabajador del Reino”. Esto es lo que debe hacer y debe decir de sí un ministro de Cristo cuando cura a los muchos heridos que esperan en los pasillos de la Iglesia, un “hospital de campo”. Así lo ha recordado el santo padre Francisco, durante la homilía de este jueves celebrada en Santa Marta. Hoy, ha tomado para su reflexión el Evangelio del día en el que Jesús envía a sus discípulos de dos en dos en los pueblos a predicar, sanar a los enfermos y expulsar a los espíritus inmundos.

En primer lugar, el Papa ha hablado de la descripción que Jesús hace del estilo de aquellos que asumen el papel de sus enviados al pueblo: personas libres de ostentación, no deben llevar “ni pan, ni alforja, ni dinero en la cintura”. Y esto Jesús lo dice, ha observado el Papa, porque “la salvación no es una teología de la prosperidad”. Es solo y nada más que el “alegre anuncio” de liberación llevado a cada oprimido.

Y así lo ha explicado: “Esta es la misión de la Iglesia, la Iglesia que sana, que cura. A veces, yo he hablado de la Iglesia como de un hospital de campo. Es verdad: ¡cuántos heridos hay, cuántos heridos! ¡Cuánta gente que necesita que sus heridas sean sanadas!”. Esta es la misión de la Iglesia, ha recordado el Papa, “sanar las heridas del corazón, abrir puertas, liberar, decir que Dios es bueno, que Dios perdona todo, que Dios es padre, que Dios es tierno, que Dios nos espera siempre…”.

Por eso, Francisco ha advertido que desviar de la esencialidad de este anuncio, abre el riesgo de tergiversar la misión de la Iglesia, cuando el compromiso profundo de aliviar las distintas formas de miseria se vacía de la única cosa que cuenta: llevar a Cristo a los pobres, a los ciegos, a los prisioneros.

Al respecto, el Pontífice ha asegurado que “es verdad, nosotros debemos ayudar y hacer organizaciones que ayuden en esto: eso sí, porque el Señor nos da los dones para esto. Pero cuando olvidamos esta misión, olvidamos la pobreza, olvidamos el celo apostólico y ponemos la esperanza en estos medios, la Iglesia lentamente se resbala hacia una ONG y se convierte en una bonita organización: poderosa, pero no evangélica, porque falta ese espíritu, el de la pobreza, el de la fuerza de sanar”.

Por último, el Santo Padre ha recordado que los discípulos volvieron “felices” de su misión y que Jesús se les llevó a descansar. A este punto, ha subrayado que no les dijo que eran grandes, y que en la próxima salida organizaran mejor las cosas... Solamente les dijo, ha señalado Francisco: “Cuando hayáis hecho todo esto que debéis hacer, deciros a vosotros mismos: ‘siervo inútil soy’". Este es el apóstol. Y ¿cúal sería la alabanza más bella para un apóstol?, se ha preguntado el Santo Padre. “Ha sido un trabajador del Reino, un trabajador del Reino”, sería la respuesta.

Finalmente, el Obispo de Roma ha concluido explicando que “esta es la alabanza más grande, porque va sobre este camino del anuncio de Jesús: va a sanar, a cuidar, a proclamar este feliz anuncio y este año de gracia. A hacer que el pueblo encuentre de nuevo al Padre, a llevar la paz en los corazones de la gente”.

4 de febrero de 2015

PAPA FRANCISCO EN LA CATEQUESIS: UN BUEN PADRE ES MEDIADOR Y CUSTODIO DE LA FE

Texto completo de la catequesis del Papa
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy quisiera desarrollar la segunda parte de la reflexión acerca de la figura del padre en la familia. La última vez hablé del peligro de los padres “ausentes”, hoy quiero mirar más bien el aspecto positivo. También San José estuvo tentado de dejar a María, cuando descubrió que estaba embarazada; pero intervino el ángel del Señor que le reveló el designio de Dios y su misión de padre putativo. Y José, hombre justo, “llevó a María a su casa” (Mt 1,24) y se transformó en el padre de la familia de Nazaret.
Toda familia tiene necesidad del padre. Hoy nos detenemos en el valor de su rol y quisiera comenzar por algunas expresiones que se encuentran en el Libro de los Proverbios, palabras que un padre dirige al propio hijo, y dice así: “Hijo mío, si tu corazón es sabio, también se alegrará mi corazón. Mis entrañas se regocijarán, cuando tus labios hablen con rectitud (Pr 23,15-16). No se podría expresar mejor el orgullo y la conmoción de un padre que reconoce de haber transmitido al hijo lo que de verdad cuenta en la vida, es decir, un corazón sabio. Este padre no dice: “estoy orgulloso de ti porque eres igual a mí, porque repites las cosas que digo y que hago yo”. No, no le dice esto. Le dice algo mucho más importante, que podríamos interpretar así: “seré feliz cada vez que te sentiré actuar con rectitud. Esto es lo que he querido dejarte, para que se transforme en una cosa tuya: la actitud de escuchar y actuar, de hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y para que tu pudieras ser así te he enseñado cosas que no sabías, te he corregido errores que no veías. Te he hecho sentir un afecto profundo y a la vez discreto, que quizás no has reconocido plenamente cuando eras joven e incierto. Te he dado un testimonio de rigor y de firmeza que a lo mejor no entendías, cuando hubieras querido solamente complicidad y protección. Yo mismo he debido, en primer lugar, ponerme a la prueba de la sabiduría del corazón y vigilar sobre los excesos del sentimiento y del resentimiento, para llevar el peso de las inevitables incomprensiones y encontrar las palabras justas para hacerme entender. Ahora – continúa el padre - cuando veo que tratas de ser así con tus hijos y con todos, me conmuevo. Soy feliz de ser tu padre”. Es esto lo que dice un padre sabio, un padre maduro.
Un padre sabe bien cuánto cuesta transmitir esta herencia: cuánta cercanía, cuánta dulzura y cuánta firmeza. ¡Pero cuánta consolación y cuánta recompensa se recibe cuando los hijos rinden honores a esta herencia! Es una alegría que rescata toda fatiga, que supera toda incomprensión y cura toda herida.
La primera necesidad, entonces, es precisamente ésta: que el padre esté presente en la familia. Que esté cerca de la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Y que esté cerca de los hijos en su crecimiento: cuando juegan y cuando se empeñan, cuando están despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando están taciturnos, cuando osan y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando encuentran el camino. Padre presente, siempre. Decir presente no quiere decir “controlador” ¡eh! Porque los padres demasiados “controladores” anulan a los hijos, no los dejan crecer.
El Evangelio habla de la ejemplaridad del Padre que está en los cielos – el único, dice Jesús, que puede ser llamado realmente “Padre bueno” (cfr Mc 10,18). Todos conocen aquella extraordinaria parábola llamada del “hijo pródigo” o mejor dicho del “padre misericordioso”, que se encuentra en el Evangelio de Luca en el capítulo 15 (cfr 15, 11-32). ¡Cuánta dignidad y cuánta ternura  en la espera de aquel padre que está en la puerta de casa esperando que el hijo regrese! Los padres tienen que ser pacientes. Muchas veces no queda más que esperar, rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad, misericordia.
Un buen padre sabe esperar y sabe perdonar, desde el profundo del corazón. Cierto, sabe también corregir con firmeza: no es un padre débil, complaciente, sentimental. El padre que sabe corregir sin humillar es el mismo que sabe proteger sin limitarse. Una vez escuché decir a un padre en una reunión de matrimonio: “Yo algunas veces debo pegarles un poco a los chicos, pero jamás en la cara, para no humillarlos”. ¡Qué bello! Tiene sentido de dignidad. Debe castigarlos, lo hace justamente y sigue adelante.
Entonces si hay alguien que puede explicar a fondo la oración del Padre Nuestro enseñada por Jesús, este es quien vive en primera persona la paternidad. Sin la gracia que viene del Padre que está en los cielos, los padres pierden coraje y abandonan el campo. Pero los hijos tienen necesidad de encontrar un padre que los espera cuando vuelven de sus fracasos. Harán de todo para no admitirlo, para no hacerlo ver, pero lo necesitan; y el no encontrarlo abre en ellos heridas difíciles de cicatrizar.
La Iglesia, nuestra madre, está comprometida en apoyar con todas sus fuerzas la presencia buena y generosa de los padres en las familias, porque ellos son para las nuevas generaciones custodios y mediadores insustituibles de la fe en la bondad, de la fe en la justicia y de la protección de Dios, como San José.

Resumen de la catequesis en nuestro idioma

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quisiera referirme al aspecto positivo y decisivo de la figura del padre. Toda familia necesita un padre. Un padre que no se vanaglorie de que el hijo sea como él, sino que se alegre de que aprenda la rectitud y lasensatez, que es lo que cuenta en la vida. Esto será la mejor herencia que podrá transmitir al hijo, y se sentirá henchido de gozo cuando vea que la ha recibido y aprovechado.

Por eso el padre trata de enseñarle lo que el hijo aún no sabe, corregir los errores que aún no ve, orientar su corazón, protegerlo en el desánimo y la dificultad. Todo ello con cercanía, con dulzura y con una firmeza que no humilla.

Para ser un buen padre, lo primero es estar presente en la familia, compartir los gozos y las penas con la mujer, acompañar a los chicos a medida que van creciendo.

La parábola evangélica del hijo pródigo nos muestra al padre que espera a la puerta de casa el retorno del hijo que se equivocó. Sabe esperar, sabe perdonar. Sabe corregir. También hoy los hijos, al volver a casa con sus fracasos, necesitan a un padre que los espere, los proteja, los anime y les enseñe cómo seguir por el buen camino. A veces tiene que castigarlo. Pero nunca le da una bofetada en la cara. Muchas veces no admitirán los fracasos los hijos, pero necesitan del padre. Como todos necesitamos acudir al único padre bueno, como dice el Evangelio (cf. Mc 10,18), el Padre nuestro que está en los cielos.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de EspañaArgentinaMéxico y otros países latinoamericanos.
Pidamos al Señor que nunca falte en las familias la presencia de un buen padre, que sea mediador y custodio de la fe en la bondad, la justicia y la protección de Dios, como san José. Muchas gracias.



¡CESE CUANTO ANTES LA HORRIBLE VIOLENCIA FRATRICIDA EN UCRANIA! NUEVO APREMIANTE LLAMAMIENTO DEL PAPA


(RV).- Culminando la Audiencia General, con su inquebrantable invitación a la oración por los numerosos ucranianos víctimas de los combates, el Papa Francisco reiteró su apremiante llamamiento, también a la comunidad internacional. Ante la nueva escalada de violencia, que en las últimas horas ha registrado - entre otras acciones - un ataque contra un convoy de ayuda humanitaria, que trasladaba a refugiados civiles, a su salida de Debáltsevo, epicentro, desde hace días de los combates más cruentos en la región oriental ucraniana de Donetsk, el Obispo de Roma expresó su profundo pesar y dolor:

«Una vez más mi pensamiento se dirige al amado pueblo ucraniano. Lamentablemente la situación está empeorando y se agrava la contraposición entre las partes. Recemos ante todo por las víctimas, entre ellas numerosísimos civiles, y por sus familiares. Y Pidamos al Señor que cese cuanto antes esta horrible violencia fratricida.

Renuevo mi apremiante llamamiento para que se cumpla todo esfuerzo – también a nivel internacional – para que se reanude el diálogo, único camino posible para restablecer la paz y la concordia en aquella tierra martirizada.

Hermanos y hermanas cuando oigo la palabra victoria o derrota siento un gran dolor, una gran tristeza. No son palabras justas ¡La única palabra justa es paz! Ésta es la única palabra justa!

Pienso en ustedes hermanos y hermanas ucranianos... pero piensen ¡ésta es una guerra entre cristianos! Todos ustedes tienen el mismo bautismo. Están luchando entre cristianos ¡Piensen en esto, en este escándalo!

Y recemos todos porque la oración es nuestra ‘protesta ante Dios’ en tiempo de guerra».

En un comunicado el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos denunció que en menos de tres semanas han muerto 224 civiles a causa del conflicto en el este de Ucrania.


«Paradas de autobús y transporte público, mercados, escuelas y guarderías, hospitales y áreas residenciales se han convertido en campos de batalla en las regiones de Donetsk y Luhansk, lo que viola la ley humanitaria internacional», afirma el comunicado. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos añadió que  una mayor escalada será catastrófica para las 5 millones y 200 mil personas que viven en medio del conflicto en el este de Ucrania.

Francisco explica cómo hacer oración