«Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: “...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia” (n. 70).


28 de julio de 2016

EN EL SALUDO DE LA NOCHE, EL PAPA RECUERDA TRES PALABRAS: PERMISO, GRACIAS, PERDÓN

Dirige sus palabras especialmente a los novios y a los recién casados

(ZENIT – Roma).- También esta noche el santo padre Francisco saludó desde la ventana del arzobispado de Cracovia a los fieles allí reunidos, siguiendo con una tradición nacida con san Juan Pablo II. El encuentro de esta noche estaba dedicado a los novios y recién casados.

El Santo Padre hablando en español saludó a los recién casados y los felicitó por el coraje, porque “no es fácil formar una familia”, como no lo es “comprometer la vida para siempre”. Por ello les recordó las tres palabras que son importantes en la convivencia familiar: “permiso, gracias, perdón” e invitó a repetirlas en alta voz junto a él.

Y el segundo consejo fue: aunque hayan volado los platos nunca terminar el día sin hacer la paz. Porque la guerra fría al día siguiente es muy peligrosa. Y señaló que para hacer la paz basta un gesto. Para concluir invitó a rezar un Ave María, cada uno en su idioma por los que se van a casar y por los que ya lo están.

Texto completo.

“Me dicen que hay muchos de ustedes que entienden el castellano. Así que voy a hablar en castellano. También me dicen que hoy hay un buen grupo acá, en esta plaza, de recién casados y jóvenes esposos. Yo, cuando encuentro a uno que se casa, a un joven que se casa, a una chica que se casa, les digo: “¡Estos son los que tienen coraje!” Porque no es fácil formar una familia. No es fácil comprometer la vida para siempre. Hay que tener coraje. Y los felicito, porque ustedes tienen coraje.

A veces me preguntan cómo hacer para que la familia vaya siempre adelante y supere las dificultades. Yo les sugiero que practiquen siempre tres palabras, tres palabras que expresan tres actitudes [ahí están llegando nuevos recién casados] Tres palabras que los pueden ayudar a vivir la vida de matrimonio, porque en la vida de matrimonio hay dificultades: el matrimonio es algo tan lindo tan hermoso, que tenemos que cuidarlo, porque es para siempre.

Y las tres palabras son “permiso, gracias, perdón”. Permiso. Permiso: siempre preguntar al cónyuge (la mujer al marido, el marido a la mujer) “¿qué te parece?¿te parece que hagamos esto? Nunca atropellar. Permiso.

La segunda palabra: ser agradecidos. Cuántas veces el marido le tiene que decir a la mujer “gracias”. Y cuántas veces la esposa le tiene que decir al marido “gracias”. Agradecerse mutuamente. Porque el sacramento del matrimonio se lo confieren los esposos, el uno al otro. Y esta relación sacramental se mantiene con este sentimiento de gratitud. “Gracias”.

Y la tercera palabra es “perdón”, que es una palabra muy difícil de pronunciar. En el matrimonio, siempre –o el marido o la mujer– siempre tiene alguna equivocación. Saber reconocerla y pedir disculpas, pedir perdón, hace mucho bien.

Hay jóvenes familias, recién casados, muchos de ustedes están recién casados, otros están por casarse. Recuerden estas tres palabras, que ayudarán tanto a la vida matrimonial: permiso, gracias, perdón. Repitámoslas juntos: permiso, gracias, perdón. ¡Más fuerte, todos! Permiso (bis), gracias (bis), perdón (bis).

Bueno, todo esto es muy lindo, es muy lindo decirlo en la vida matrimonial. Pero siempre hay en la vida matrimonial problemas o discusiones. Es habitual y sucede que el esposo o la esposa discutan, alcen la voz, se peleen. Y a veces vuelen los platos. Pero no se asusten cuando sucede esto. Les doy un consejo: nunca terminen el día sin hacer la paz.

¿Y saben por qué? Porque la guerra fría al día siguiente es muy peligrosa. ¿Y cómo tengo que hacer, padre, para hacer la paz?, puede preguntar alguno de ustedes. No hacen falta discursos. Basta un gesto. Y se acabó. Está hecha la paz. Cuando hay amor, un gesto arregla todo.

Los invito antes de recibir la bendición a rezar por todas las familias aquí presentes: por los recién casados, por los que están casados desde hace tiempo y por los que se van a casar.

Recemos juntos un avemaría, cada uno en su lengua.

El Papa Francisco visita a la Virgen de Częstochowa

EL PAPA FRANCISCO: «DIOS NOS SALVA HACIÉNDOSE PEQUEÑO, CERCANO, CONCRETO»

En la homilía de la misa celebrada en el santuario mariano de Częstochowa, Francisco recuerda que María es una Madre que toma en serio los problemas e interviene
ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El Santo Padre ha visitado el santuario mariano más importante de Polonia, en su segunda jornada en este país. Allí, ha celebrado la eucaristía con ocasión del 1050º aniversario del Bautismo de esta nación. El Papa ha dejado esta mañana el arzobispado de Cracovia para dirigirse a Częstochowa. Pero de camino al aeropuerto, ha hecho una visita fuera del programa. Se ha dirigido a un hospital local, para saludar al arzobispo emérito de Cracovia, el cardenal Francisek Macharski, gravemente enfermo. A continuación ha realizado otra parada, sí prevista, en el convento de las hermanas de la Presentación de la Beata Virgen María, donde ha rezado en silencio con las religiosas y algunos estudiantes de la escuela que dirigen.   
Estaba previsto que el Papa viajara en helicóptero, pero debido al mal tiempo viajó en coche. Así, el Pontífice ha llegado a Częstochowa, importante centro económico y cultural del país. Aunque su fama se debe principalmente al Santuario de la Virgen
de Jasna Gora, lugar de peregrinación conocido en todo el mundo. Se calcula que unos 4 millones de peregrinos visitan cada año este lugar. 
El Santo Padre ha llegado, en torno a las 9.30 hora local, en el papamóvil para saludar a los fieles allí reunidos, que le esperaban para la celebración eucarística. Antes, ha entrado en la monasterio y ha rezado en la capilla de la “Virgen Negra” junto con unos 300 padres del Instituto Religioso de la Orden de San Pablo Primer Ermitaño. 
A continuación ha dado comienzo la misa, con ocasión del 1050º aniversario del Bautismo de Polonia, concelebrada por los obispos de Polonia y miles de sacerdotes polacos y de otras nacionalidades. Nada más comenzar, cuando el Santo Padre estaba incensando el altar, ha tropezado y se ha caído al suelo, pero se ha levantado rápidamente y todo ha proseguido con normalidad.
Durante la homilía, el Papa ha explicado que las lecturas del día “muestran un hilo divino, que pasa por la historia humana y teje la historia de la salvación. Así, ha asegurado que Dios nos salva haciéndose pequeño, cercano y concreto. 
El Santo Padre ha observado que sorprende cómo se realiza la venida de Dios en la historia: “ningún ingreso triunfal, ninguna manifestación grandiosa. Del mismo modo, el Reino de Dios, ahora como entonces, viene “en la pequeñez, en la humildad.
A propósito del primer milagro realizado por Jesús, el Pontífice ha subrayado que el agua trasformada en vino en la fiesta de la boda es un gran signo, “porque nos revela el rostro esponsalicio de Dios, de un Dios que se sienta a la mesa con nosotros, que sueña y establece comunión con nosotros”. Nos dice –ha proseguido– que el Señor no mantiene las distancias, sino que es cercano y concreto, que está en medio de nosotros y cuida de nosotros, sin decidir por nosotros y sin ocuparse de cuestiones de poder. Al respecto ha advertido que ser atraídos por el poder, por la grandeza y por la visibilidad “es algo trágicamente humano, y es una gran tentación que busca infiltrarse por doquier. 
Dios nos salva –ha insistido– haciéndose pequeño, cercano y concreto. Así, ha precisado que Dios prefiere a los pequeños que son grandes ante sus ojos, y a ellos dirige su mirada. Y ha aseverado que los pequeños hablan su mismo idioma: el amor humilde que hace libres”. En este punto a invitado a pensar los mártires de esta nación que han hecho resplandecer la fuerza inerme del Evangelio, en las personas sencillas y también extraordinarias que han sabido dar testimonio del amor del Señor en medio de grandes pruebas”, “en los anunciadores mansos y fuertes de la misericordia, como san Juan Pablo II y santa Faustina”.  
Dios es cercano y su Reino está cerca, ha recordado. En esta línea ha explicado que el Señor “no quiere quedarse en un trono en el cielo o en los libros de historia”, sino que quiere “sumirse en nuestros avatares de cada día para caminar con nosotros. 
Por último, el Papa ha subrayado que “Dios es concreto”. El eterno –ha observado– se comunica pasando el tiempo con personas y en situaciones concretas.  Por eso el Santo Padre ha insistido a los presentes en que también su historia, impregnada de Evangelio, cruz y fidelidad a la Iglesia, ha visto el contagio positivo de una fe genuina, trasmitida de familia en familia, de padre a hijo, y sobre todo de las madres y de las abuelas, a quienes hay mucho que agradecer”.
Y como no podía ser de otra manera, en este santuario mariano, las últimas palabras de la homilía del Pontífice han ido dirigidas a la Virgen. Es ella “ese espacio, preservado del mal, en el cual Dios se ha reflejado”, “la escala que Dios ha recorrido para bajar hasta nosotros y hacerse cercano y concreto”, “el signo más claro de la plenitud de los tiempos. Que la Madre, firme al pie de la cruz y perseverante en la oración con los discípulos en espera del Espíritu Santo, “infunda el deseo de ir más allá de los errores y las heridas del pasado, y de crear comunión con todos, sin ceder jamás a la tentación de aislarse e imponerse, ha deseado el Pontífice. Y así, ha recordado que la Virgen demostró en Caná mucha concreción. Es una Madre que toma en serio los problemas e interviene, que sabe detectar los momentos difíciles y solventarlos con discreción, eficacia y determinación, ha asegurado

EN EL SALUDO DE LA NOCHE, EL PAPA INVITA A LOS JÓVENES A "HACER RUIDO Y CREAR PUENTES"

Después del directo durante la fiesta de los italianos, saludó a los jóvenes desde la ventada del palacio arzobispal 

El Papa en Polonia - @Osservatore Romano


(ZENIT – Cracovia).- El papa Francisco fue recibido con un fuerte aplauso al aparecer en vídeo en directo durante la ‘Fiesta de los Italianos’ organizada, como es tradición, por los obispos de este país durante cada Jornada Mundial de la Juventud.

A través de las cámaras de TV 2000, el Papa saludó personalmente al concluir la jornada del miércoles, a los más de 90 mil jóvenes que vinieron a Cracovia desde toda Italia y que se reunieron en la explanada del santuario de la Divina Misericordia.

Respondió a tres de ellos, primero a una joven sobre el accidente de trenes que se registró en el sur de Italia, en Andria.  “Lo que te ha sucedido es una herida” respondió el Pontífice. “Lo que has sufrido no te permite estar bien”, y añadió que “la vida está llena de cicatrices”.

Así, le explicó que con estas cicatrices y con el recuerdo de los que no están más deberá tomar el tren cada día. Entretanto es necesario “ir hacia adelante con las cosas bellas y feas de la vida”. Francisco dirigió entonces su pensamiento a tantos jóvenes que “no son capaces de llevar adelante la propia vida, y que se dejan arruinar por las drogas”.

El obispo de Roma animó también a Andrea, una joven de 15 años, que llegó a Italia hace seis años y que sus compañeros se burlaban de ella porque no sabía hablar bien el italiano. Una situación que llevó a la joven a pensar incluso en el suicidio.

“Un problema muy común entre los adultos y niños” dijo el Papa es “la crueldad”. Una actitud que está en la base de todas las guerras, que también pueden tenerla los niños, “que hiere, como en tu caso, la dignidad y la nacionalidad”. Es un tipo de terrorismo que destruye, pero que no destruye a quien lanza la bomba, dijo.

“Tú has elegido el camino justo, el del silencio y de la paciencia” le dijo a la joven que lamentaba su incapacidad de perdonar. Y al mismo tiempo, señaló Francisco, hay que evitar “responder con otras cosas feas”. Como Jesús, que era “manso de corazón”.

Un tercer joven le planteó al Papa el odio del atentado de Múnich. A lo que respondió: “La paz construye puentes, el odio murallas”. Y “cuando hay puentes, el odio puede ser desplazado porque yo puedo escuchar al otro, hablar con el otro”. Cuando le das la mano a un amigo construyes un puente humano, cuando lo golpeas construyes un muro, dijo. E invitó a los miles de jóvenes a que se tomen de la mano, para “crear puentes humanos”.

Pocos minutos después el Papa se asomó a la ventana del arzobispado de Cracovia. También es esta una cita fija en la JMJ, que nació espontáneamente como gesto de cariño de los jóvenes hacia el sucesor de Pedro.

Recibido por los coros de ‘viva el Papa’, Francisco les dijo: “Les veo con mucho entusiasmo y alegría”, si bien quiso recordar a un joven de 22 años, Maciej Ciešla, voluntario de la JMJ que falleció de cáncer el mes pasado. El mismo que había dibujado las banderas e imágenes de los santos patronos de la Jornada y en este trabajo había reencontrado su fe. Quería llegar hasta la fecha de la JMJ, pero se fue el 2 de julio. “Les ha hecho un gran bien a todos” recordó. E invitó a guardar un minuto de silencio por él.

“Alguien podrá pensar –subrayó el Papa– que este joven nos arruina la noche. Pero es la verdad y tenemos que acostumbrarnos a las cosas buenas y feas, así es la vida queridos jóvenes”. Y pidió “un aplauso” para este amigo que un día encontraremos.

Y citando al papa Wojtyla, concluyó: “No tengan miedo, Dios es grande. Dios es bueno”. Y al despedirse les recomendó: “Ahora los saludo, mañana nos vemos”. Y añadió que el deber de los jóvenes es el de “hacer ruido toda la noche…”. “Y hagan ver la alegría cristiana, la alegría que el Señor da de ser una comunidad que sigue a Jesús”.

SANTA MISA CON MOTIVO DE LA APERTURA DE XXXI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

Homilía del Card. STANISŁAW DZIWISZ Arzobispo de Cracovia 

Martes 26 de julio de 2016

¡Queridos amigos! 

1. Al escuchar el diálogo entre Jesús resucitado y Simón Pedro en el banco del Mar de Galilea, las tres preguntas que allí se formulan sobre el amor y las respuestas a ellas, recordamos la historia de vida del pescador de Galilea que precede la escena descripta y el descubrimiento que se produce en esa conversación. Sabemos que un día él dejó todo: sufamilia, su barco, sus redes… y siguió al Maestro de Nazaret, un Maestro con un estilo bastante diferente. Se volvió Su discípulo. Aprendió Su forma de ver las cosas de Dios y de la gente, a través Su pasión y Su muerte, atravesó un momento de infidelidad y de debilidad personal Más tarde, tuvo la oportunidad de vivir un momento de estupor y alegría al saber a Jesús Resucitado y al presenciar Su aparición a los discípulos más cercanos antes de ascender al Cielo.

También sabemos cómo continuó la conversación, o en realidad debería decir la prueba de amor de la que nos habla el Evangelio de hoy;Simón Pedro, fortalecido por el Espíritu Santo, se convirtió en un valiente testigo de Jesucristo. Se convirtió en la sólida roca sobre la que se fundó la Iglesiaque estaba naciendo. En Roma, en la capital del Imperio Romano, Pedro pagó un alto precio por eso: fue crucificado como su Maestro. La sangre de Pedro, derramada en nombre de Jesús, fue el comienzo de la fe y del crecimiento de la Iglesia, que más tarde se extendió por todo el mundo.

  Hoy Cristo nos habla a nosotros, en Cracovia, en los bancos del río Vístula, que recorre toda Polonia, desde las montañas hasta el mar. La experiencia de Pedro puede llegar a ser la nuestra e inspirarnos a reflexionar.

Planteémonos tres preguntas y busquemos las respuestas. En primer lugar, ¿de dónde venimos? En segundo lugar, ¿dónde estamos hoy, en este momento de nuestra vida? Y, por último, ¿dónde vamos a ir y qué vamos a llevar con nosotros?

2. ¿De dónde venimos? Venimos de “todas las naciones del mundo” (Hch 2,5), como aquellos que llegaron en gran número a Jerusalén el Día de Pentecostés, pero aquí somos incomparablemente muchos más que hace dos mil años, porque llevamos siglos de prédica del Evangelio; desde entonces, ha llegado hasta los confines del mundo. Traemos la experiencia de culturas, tradiciones y lenguas diferentes. También traemos el testimonio de la fe y de la santidad de las generaciones pasadas, así como de las generaciones presentes de nuestros hermanos y hermanas que siguen al Señor Resucitado.

Venimos de tantas partes del mundo donde la gente vive en paz, donde las familias constituyen comunidades de amor y de vida y donde la juventud puede hacer realidad sus sueños. También hay entre nosotros tantos jóvenes cuyos países sufren guerras y todo tipo de conflictos, donde los niños mueren de hambre y donde los cristianos son brutalmente perseguidos. Entre nosotros hay peregrinos de lugares del mundo regidos por la violencia o el terrorismo, donde los gobiernos, regidos por ideologías insanas, usurpan el control de los hombres y de las naciones.

A este encuentro con Cristo traemos nuestra experiencia personal de vivir de acuerdo con el Evangelio en este difícil mundo. Traemos nuestros temores, nuestras decepciones y también nuestras esperanzas y anhelos, nuestro deseo de vivir en un mundo más humano, en el que reine la fraternidad y la solidaridad. Reconocemos nuestras debilidades pero, al mismo tiempo, creemos que “podemos todo en Aquel que nos conforta” (Flp 4,13). Podemos hacer frente a los desafíos del mundo moderno donde el hombre elige entre la fe y la incredulidad, el bien y el mal, entre el amor y aquello que rechaza al amor.

3. ¿Dónde estamos ahora, en este momento de nuestras vidas? Hemos venido de muy lejos. Muchos de nosotros hemos viajado miles de kilómetros y hemos invertido mucho en este viaje, para estar aquí. Estamos en Cracovia, antigua capital de Polonia. Nuestro país, el cual ha recibido la luz de la fe hace mil cincuenta años atrás, ha tenido una historia muy difícil; aun así, siempre intentó mantenerse fiel a Dios y al Evangelio.

Estamos aquí porque hemos sido reunidos por Cristo. Él es la luz del mundo. Nunca caminará entre tinieblas aquel que me siga (Jn 8,12). Él es camino, la verdad y la vida (Jn, 14,6). Él tiene palabra de Vida Eterna, ¿a quién iremos? (Jn 6,68). Solo Él, Jesucristo, puede satisfacer los anhelos más profundos del corazón humano. Él es el que nos ha traído hasta aquí. Él está presente en medio de nosotros. Él nos acompaña como a los discípulos de Emaús. En estos días encomendémosle nuestros problemas, nuestros miedos y nuestras esperanzas. En estos días Él nos va a preguntar sobre el amor, como hizo una vez con Simón Pedro. No evitemos las respuestas a esas preguntas.

El encuentro con Jesús es, al mismo tiempo, la experiencia de lo que la gran comunidad de la Iglesia debe ser: la comunidad que va más allá de los límites establecidos por los hombres para dividir. Somos todos hijos de Dios, redimidos por la sangre de Su Hijo, Jesucristo. La experiencia de experimentar la Iglesia del mundo es el gran fruto de la Jornada Mundial de la Juventud. Depende de nosotros, de nuestra fe y de nuestra santidad. Es nuestra tarea asegurarnos de que el Evangelio llegue a aquellos que no han escuchado hablar de Jesús todavía o que no sepan mucho sobre Él.

Mañana, el Pedro de nuestro tiempo, el Santo Padre Francisco, estará entre nosotros. Pasado mañana vamos a saludarlo en este mismo lugar. En los siguientes días vamos a escuchar sus palabras y orar con él. La presencia del Papa en la Jornada Mundial de la Juventud es otro hermoso rasgo característico de esta celebración de la fe.

4. Y, finalmente, la tercera y última pregunta: ¿dónde vamos a ir y qué vamos a llevar con nosotros? Nuestro encuentro va a durar solo unos días. Va a ser una experiencia espiritual muy intensa, y al mismo tiempo, en cierto punto, exigente físicamente. Luego, volveremos a nuestras casas, familias, escuelas, universidades y trabajos. Quizás, durante estos días, tomemos importantes decisiones. Quizás nos propongamos nuevas metas en nuestras vidas. Quizás escuchemos claramente la voz de Jesús que nos dice que dejemos todo y Lo sigamos.

¿Con qué vamos a llegar a casa? Mejor no anticipar la respuesta a esta pregunta. Durante estos días compartamos nuestros tesoros más preciosos con todos. Compartamos nuestra fe, nuestra experiencia, nuestra esperanza. Mis queridos jóvenes amigos, que estos días sean la oportunidad de modelar sus corazones y sus mentes. Escuchen atentamente las catequesis de los obispos. Escuchen la voz del Papa Francisco. Participen de la liturgia con todo el corazón. Aprovechen el amor misericordioso del Señor que se derrama en el sacramento de la reconciliación. Descubran los templos de Cracovia, la riqueza de su cultura, la hospitalidad de sus habitantes y de otras ciudades de la zona donde vamos a descansar luego de estos ajetreados días.

Cracovia vive a través del misterio de la Divina Misericordia, gracias a la humildad de la hermana Faustina y de Juan Pablo II que hicieron que la Iglesia y el mundo fueran más conscientes este don de Dios. Al volver a nuestros países, hogares y comunidades, llevemos la llama de la misericordia y recordémosle a todo el mundo que son “bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt. 5,7). Lleven la llama de la misericordia y con ella enciendan otras llamas, que los corazones de los hombres latan al ritmo del Corazón de Jesús, “un horno ardiente de amor”. Que la llama del amor inunde nuestro mundo y haga desaparecer el egoísmo, la violencia y la injusticia. Que nuestro mundo sea conquistado por la civilización del bien, de la reconciliación, de la paz y del amor.

El profeta Isaías nos dice hoy: “¡Qué hermosos son sobre las montañas los pies de los mensajeros de la paz, de los que anuncia la Buena Noticia!” (Is. 52,7). Juan Pablo II fue este tipo de mensajero; él fue el iniciador de la Jornada Mundial de la Juventud, amigo de los jóvenes y de las familias. Sean esta clase de mensajeros también. Lleven la Buena Noticia de Jesús al mundo. Den testimonio de que vale la pena confiar en Él y que debemos encomendarle nuestra vida. Abran sus corazones a Cristo. Prediquen con convicción como San Pablo “ni la muerte ni la vida… ni nada en toda la creación podrá separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.” (Rm. 8, 38-39)

¡Amén!

27 de julio de 2016

DISCURSO ANTE EL GOBIERNO Y LA SOCIEDAD POLACA

Papa Francisco: «La vida siempre ha de ser acogida y protegida desde la concepción hasta la muerte natural»
En su primer discurso ante las autoridades, el papa Francisco ha elogiado la historia del pueblo polaco, tierra natal del gran pontífice, San Juan Pablo II. En relación a la migración, el Santo Padre ha pedido que se den facilidades a los polacos que quieren regresar a su país, al mismo tiempo que se mantenga «disponibilidad para acoger a los que huyen de las guerras y del hambre». Y también ha hecho una defensa del derecho a la vida.
 En su primer acto tras la recepción oficial en el aeropuerto, el Santo Padre ha mantenido un encuentro con las autoridades, sociedad civil y el cuerpo diplomático en Polonia.
En su discurso, el Papa ha reflexionado sobre la historia de la nación polaca, sobre migración, familia y vida. Así, ha comenzado indicando que es la primera vez que visita la Europa centro-oriental y que se «alegra comenzar por Polonia, que ha tenido entre sus hijos al inolvidable san Juan Pablo II, creador y promotor de las Jornadas Mundiales de la Juventud». De este modo, ha recordado que a su predecesor le gustaba hablar de una Europa que respira con dos pulmones. Por eso ha precisado que «el sueño de un nuevo humanismo europeo está animado por el aliento creativo y armonioso de estos dos pulmones y por la civilización común que tiene sus raíces más sólidas en el cristianismo».
El pueblo polaco –ha observado– se caracteriza por la memoria. Asimismo ha asegurado que la conciencia de identidad, libre de complejos de superioridad, «es esencial para organizar una comunidad nacional basada en su patrimonio humano, social, político, económico y religioso, para inspirar a la sociedad y la cultura, manteniéndolas fiel a la tradición y, al mismo tiempo, abiertas a la renovación y al futuro».
Por otro lado, el Pontífice ha explicado que «en la vida cotidiana de cada persona, como en la de cada sociedad, hay, sin embargo, dos tipos de memoria»: la buena y la mala, la positiva y la negativa. La memoria buena –ha indicado– es la que nos muestra la Biblia en el Magnificat, el cántico de María que alaba al Señor y su obra de salvación. En cambio, la memoria negativa «es la que fija obsesivamente la atención de la mente y del corazón en el mal, sobre todo el cometido por otros», ha aseverado el Santo Padre.
Así, ha asegurado que Polonia es un país que ha sabido hacer prevalecer la memoria buena. Para hacer esto «se requiere una firme esperanza y confianza en Aquel que guía los destinos de los pueblos, abre las puertas cerradas, convierte las dificultades en oportunidades y crea nuevos escenarios allí donde parecía imposible», ha afirmado el papa Francisco.
En esta misma línea ha indicado que «el ser conscientes del camino recorrido», y la «alegría por las metas logradas», «dan fuerza y serenidad para afrontar los retos del momento, que requieren el valor de la verdad y un constante compromiso ético, para que los procesos decisionales y operativos, así como las relaciones humanas, sean siempre respetuosos de la dignidad de la persona».
Migración
Reflexionando sobre el fenómeno de la migración ha precisado que esto requiere «un suplemento de sabiduría y misericordia para superar los temores y hacer el mayor bien posible». Por un lado el Papa ha observado que se deben identificar las causas de la emigración en Polonia, dando facilidades a los que desean regresar. Y al mismo tiempo, hace falta disponibilidad para acoger a los que huyen de las guerras y del hambre; solidaridad con los que están privados de sus derechos fundamentales, incluido el de profesar libremente y con seguridad la propia fe.
El Santo Padre ha subrayado que se deben solicitar colaboraciones y sinergias internacionales «para encontrar soluciones a los conflictos y las guerras, que obligan a muchas personas a abandonar sus hogares y su patria». Se trata, ha reconocido el Papa, de hacer todo lo posible por «aliviar sus sufrimientos», «sin cansarse de trabajar con inteligencia y continuidad por la justicia y la paz, dando testimonio con los hechos de los valores humanos y cristianos».
Finalmente, el Pontífice ha invitado a la nación polaca «a mirar con esperanza hacia el futuro y a las cuestiones que ha de afrontar». Esta actitud –ha asegurado– favorece un clima de respeto y un diálogo constructivo. Si se infunde esperanza a las nuevas generaciones, ha indicado el Papa, serán más eficaces de las políticas sociales en favor de la familia, el primer y fundamental núcleo de la sociedad, para apoyar a las más débiles y las más pobres, y ayudarlas en la acogida responsable de la vida.
Derecho a la vida
La vida «siempre ha de ser acogida y protegida desde la concepción hasta la muerte natural, y todos estamos llamados a respetarla y cuidarla», ha recordado. En esta misma línea ha precisado que es responsabilidad del Estado, de la Iglesia y de la sociedad «acompañar y ayudar concretamente» a las personas en dificultad, «para que nunca sienta a un hijo como una carga, sino como un don».
Discurso íntegro del papa Francisco
Señor Presidente,
Distinguidas autoridades,
Miembros del Cuerpo Diplomático,
Rectores Magníficos,
Señoras y señores
Saludo con deferencia al Señor Presidente y le agradezco la generosa acogida y sus amables palabras. Me es grato saludar a los distinguidos miembros del Gobierno y del Parlamento, a los Rectores universitarios, a las autoridades regionales y municipales, así como a los miembros del Cuerpo Diplomático y demás autoridades presentes. Es la primera vez que visito la Europa centro-oriental y me alegra comenzar por Polonia, que ha tenido entre sus hijos al inolvidable san Juan Pablo II, creador y promotor de las Jornadas Mundiales de la Juventud. A él le gustaba hablar de una Europa que respira con dos pulmones: el sueño de un nuevo humanismo europeo está animado por el aliento creativo y armonioso de estos dos pulmones y por la civilización común que tiene sus raíces más sólidas en el cristianismo.
El pueblo polaco se caracteriza por la memoria. Siempre me ha impresionado el agudo sentido de la historia del Papa Juan Pablo II. Cuando hablaba de los pueblos, partía de su historia para resaltar sus tesoros de humanidad y espiritualidad. La conciencia de identidad, libre de complejos de superioridad, es esencial para organizar una comunidad nacional basada en su patrimonio humano, social, político, económico y religioso, para inspirar a la sociedad y la cultura, manteniéndolas fiel a la tradición y, al mismo tiempo, abiertas a la renovación y al futuro. En esta perspectiva, han celebrado recientemente el 1050 aniversario del Bautismo de Polonia. Ha sido ciertamente un momento intenso de unidad nacional, confirmando cómo la concordia, aun en la diversidad de opiniones, es el camino seguro para lograr el bien común de todo el pueblo polaco.
También la cooperación fructífera en el ámbito internacional y la consideración recíproca maduran mediante la toma de conciencia y el respeto de la identidad propia y de los demás. No puede haber diálogo si cada uno no parte de su propia identidad. En la vida cotidiana de cada persona, como en la de cada sociedad, hay, sin embargo, dos tipos de memoria: la buena y la mala, la positiva y la negativa. La memoria buena es la que nos muestra la Biblia en el Magnificat, el cántico de María que alaba al Señor y su obra de salvación. En cambio, la memoria negativa es la que fija obsesivamente la atención de la mente y del corazón en el mal, sobre todo el cometido por otros. Al mirar vuestra historia reciente, doy gracias a Dios porque habéis sabido hacer prevalecer la memoria buena: por ejemplo, celebrando los 50 años del perdón ofrecido y recibido recíprocamente entre el episcopado polaco y el alemán tras la Segunda Guerra Mundial. La iniciativa, que implicó inicialmente a las comunidades eclesiales, desencadenó también un proceso social, político, cultural y religioso irreversible, cambiando la historia de las relaciones entre los dos pueblos. En este sentido, recordemos también la Declaración conjunta entre la Iglesia Católica en Polonia y la ortodoxa de Moscú: un gesto que dio inicio a un proceso de acercamiento y hermandad, no sólo entre las dos Iglesias, sino también entre los dos pueblos.
La noble nación polaca muestra así cómo se puede hacer crecer la memoria buena y dejar de lado la mala. Para esto se requiere una firme esperanza y confianza en Aquel que guía los destinos de los pueblos, abre las puertas cerradas, convierte las dificultades en oportunidades y crea nuevos escenarios allí donde parecía imposible. Lo atestiguan precisamente las vicisitudes históricas de Polonia: después de la tormenta y de la oscuridad, vuestro pueblo, recobrada ya su dignidad, ha podido cantar, como los israelitas al regresar de Babilonia: «Nos parecía soñar: [...] Nuestra boca se llenaba de risas, la lengua de cantares» (Sal 126,1-2). El ser conscientes del camino recorrido, y la alegría por las metas logradas, dan fuerza y serenidad para afrontar los retos del momento, que requieren el valor de la verdad y un constante compromiso ético, para que los procesos decisionales y operativos, así como las relaciones humanas, sean siempre respetuosos de la dignidad de la persona. Todas las actividades están implicadas: la economía, la relación con el medio ambiente y el modo mismo de gestionar el complejo fenómeno de la emigración.
Esto último requiere un suplemento de sabiduría y misericordia para superar los temores y hacer el mayor bien posible. Se han de identificar las causas de la emigración en Polonia, dando facilidades a los que desean regresar. Al mismo tiempo, hace falta disponibilidad para acoger a los que huyen de las guerras y del hambre; solidaridad con los que están privados de sus derechos fundamentales, incluido el de profesar libremente y con seguridad la propia fe. También se deben solicitar colaboraciones y sinergias internacionales para encontrar soluciones a los conflictos y las guerras, que obligan a muchas personas a abandonar sus hogares y su patria. Se trata, pues, de hacer todo lo posible por aliviar sus sufrimientos, sin cansarse de trabajar con inteligencia y continuidad por la justicia y la paz, dando testimonio con los hechos de los valores humanos y cristianos.
A la luz de su historia milenaria, invito a la nación polaca a mirar con esperanza hacia el futuro y a las cuestiones que ha de afrontar. Esta actitud favorece un clima de respeto entre todos los componentes de la sociedad, y un diálogo constructivo entre las diferentes posiciones; además, crea mejores condiciones para un crecimiento civil, económico e incluso demográfico, fomentando la confianza de ofrecer una buena vida a sus hijos. En efecto, ellos no sólo deberán afrontar problemas, sino que disfrutarán de la belleza de la creación, del bien que podamos hacer y difundir, de la esperanza que sepamos infundirles. De este modo, serán aún más eficaces las políticas sociales en favor de la familia, el primer y fundamental núcleo de la sociedad, para apoyar a las más débiles y las más pobres, y ayudarlas en la acogida responsable de la vida. La vida siempre ha de ser acogida y protegida -ambas cosas juntas: acogida y protegida- desde la concepción hasta la muerte natural, y todos estamos llamados a respetarla y cuidarla. Por otro lado, es responsabilidad del Estado, de la Iglesia y de la sociedad acompañar y ayudar concretamente quienquiera que se encuentre en situación de grave dificultad, para que nunca sienta a un hijo como una carga, sino como un don, y no se abandone a las personas más vulnerables y más pobres.
Señor Presidente, la nación polaca puede contar, como ha ocurrido a lo largo de su dilatada historia, con la colaboración de la Iglesia Católica, para que, a la luz de los principios cristianos que han inspirado y forjado la historia y la identidad de Polonia, sepa avanzar en su camino en las nuevas condiciones históricas, fiel a sus mejores tradiciones y llenos de confianza y esperanza, incluso en los momentos más difíciles.
Le renuevo mi agradecimiento y expreso, a usted y a todos los presentes, mis mejores deseos de un sereno y provechoso servicio al bien común.
Que Nuestra Señora de Częstochowa bendiga y proteja a Polonia.




25 SENCILLAS MANERAS DE MOSTRARLE A TU MUJER QUE LA AMAS DE VERDAD



El escritor Sam Guzman, editor del original portal The catholic gentleman, ha escrito un interesante artículo que ha sido traducido por Aleteia sobre el amor en el matrimonio y cómo hay que cultivarlo todos los días. Sam propone 25 acciones para mostrarle que amas a tu mujer... pero tranquilos, en pocos días Religión en Libertad publicará los 25 gestos que recomendamos que las mujeres puedan dedicar a sus maridos.

25 maneras de mostrarle a tu mujer que la amas 
En la universidad, conocí a una pareja de personas mayores que sentían un gran afecto por mí y me invitaban a menudo a cenar. Aunque eran perfectamente agradables conmigo, eran increíblemente hostiles el uno con el otro. Todas sus conversaciones terminaban en riñas y a menudo se dirigían al otro usando duras palabras y acerbas críticas.

Nunca supe la historia de esta pareja ni las razones de su acritud, pero puedo afirmar que no son los únicos que se comportan de esta manera hoy en día.

El divorcio se eleva casi al 50% en EE UU
El matrimonio está en crisis y la tasa de divorcio ya se eleva a casi el 50% de las uniones. A pesar de que la Iglesia siempre ha defendido la indisolubilidad del matrimonio, los católicos se divorcian tanto como las otras parejas. Así es la triste realidad.

Las causas de la crisis del matrimonio son numerosas, pero las soluciones para ponerle remedio, no obstante, son sencillas. Los que estamos llamados a la vocación del matrimonio, debemos amar a nuestras esposas.

No podemos cambiar el matrimonio de los demás, pero sí podemos cambiar el nuestro. En vista de tantísimas rupturas conyugales, nuestros matrimonios católicos deberían convertirse en testimonio profético de una vida dichosa, de amor y fidelidad.

Hay cientos de maneras de decirle a tu esposa que la amas, pero para empezar, aquí tienes 25:

1.- Escúchala y presta siempre atención a lo que te quiera explicar.

2.- Muéstrate afectuoso físicamente, pero no con un afecto puramente sexual.

3.- Sorpréndela con flores.

4.- Llévala a cenar (sin los niños).

5.- Cómprale un libro que sepas que tiene ganas de leer (o al menos reflexiona sobre qué le gustaría leer).

6.- Escríbele pequeñas palabras de amor (una vez al día, mínimo).

7.- Adelántate, no le des oportunidad a que friegue los platos.

8.- Haz algo de la lista de tareas que te ha confiado.

9.- Si tenéis un bebé, cambia los pañales (linimento oleocalcáreo, algodón, pañal nuevo y listo).

10.- Deja que salga con sus amigos y amigas mientras cuidas de los niños.

11.- Sostenle la puerta al pasar.

12.- Reza con ella y por ella.

13.- Pídele perdón cuando la hayas ofendido.

14.- Perdónala siempre y nunca guardes rencor.

15.- Pídele consejo.

16.- Conoces los temas que la irritan, así que evítalos.

17.- Acompáñala a hacer la compra, a correr… a lo que quiera.

18.- Ayuna por ella.

19.- Compréndela y confórtala, disipa sus temores.

20.- Háblale de tu forma de ver la vida.

21.- Hazle cumplidos.

22.- Bésala en público y delante de los niños.

23.- Cógela de la mano.

24.- Renuncia a algo que querrías hacer en favor de algo que ella querría hacer.

25.- No la critiques… ¡dedícale elogios!

Resumiendo, quiérela como el primer día.

En otro tiempo, tu principal preocupación fue la de conquistar el corazón de tu mujer y de darle pruebas de tu afecto. ¿Te acuerdas? Muchos hombres dejan de esforzarse después del intercambio de consentimientos. Algo así no puede durar mucho.

Tu misión, como marido católico, es estudiar a tu mujer a lo largo de toda vuestra vida juntos. Estudiarla para conocer mejor sus esperanzas y sueños, sus miedos y preocupaciones.

¿Cuáles son sus gustos? ¿Qué cosas detesta? ¿Qué es más probable que la haga feliz?¿Cuál es su lenguaje del amor? ¡Aprende qué es lo que embelesa su corazón y actúa!
Señores, el matrimonio es un sacramento, igual que la confesión y la Eucaristía.

El crecimiento en el matrimonio...
Un buen matrimonio puede hacernos crecer en nuestra vida espiritual y en nuestras gracias. ¿No es maravilloso? Y sin embargo, muchos de entre nosotros descuidan a sus esposas, mantienen una actitud irrespetuosa hacia ellas y las consideran un fastidio, algo nocivo, o peor, un enemigo. Qué triste…

Los santos nos dicen que podemos obtener más de los sacramentos si los recibimos con una buena disposición. Cuanto mejor preparados estén nuestros corazones, más gracias recibiremos.

Los que estamos llamados a vivir el sacramento del matrimonio, ¿por qué descuidamos tan a menudo nuestro matrimonio e ignoramos a nuestras esposas? Vuestra mujer es un signo sacramental para vosotros. Tratadla como tal.