BLOG DE LA DELEGACIÓN DIOCESANA PARA EL MATRIMONIO, FAMILIA Y DEFENSA DE LA VIDA DE ALMERÍA
«Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: “...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia” (n. 70).
1 de agosto de 2014
JORNADA DE ORACIÓN POR LA PAZ EN IRAK EL 6 DE AGOSTO
MISA EN LA BASÍLICA DE LOYOLA
Mons. Munilla: «en el nuevo dogma de nuestros días no hay verdades universales, sino tantas verdades como individuos»
El obispo de San Sebastián ha presidido la Misa Solemne con presencia de autoridades que, con motivo de la Solemnidad de San Ignacio se ha celebrado en la basílica de Loyola. En su homilía, D. José Ignacio ha alertado contra la falta de ideales de nuestra sociedad, una sociedad secularizada, marcada por el relativismo, el materialismo y el capitalismo, y en la que la libertad individual, entendida como la propia elección del sujeto ha sustituido todo criterio moral. El obispo ha instado a los presentes a seguir el ejemplo de San Ignacio y a buscar el verdadero sentido de nuestras vidas en la unión con Dios.
(InfoCatólica) «La celebración de nuestro patrono, está llamada a superar los límites de las circunstancias y referentes temporales y locales, adentrándonos en el misterio de la Iglesia, así como en el misterio de la vida misma. Los santos no son sino señales en el camino para ayudarnos a mirar más lejos y alcanzar la meta de nuestra vida, que es la unión con Dios», ha dicho nuestro obispo.
En este sentido, ha añadido que «el reto de la Iglesia en nuestros días es doble: por una parte, y de forma prioritaria, debe anunciar que la felicidad del hombre solo será alcanzada cuando este entregue su libertad al autor de la vida, es decir, a Dios. Pero además de esto, es necesario también hacer un juicio crítico de las bases sobre las que se sustenta nuestra cultura materialista y capitalista. La cosmovisión de nuestra cultura secularizada ha dado la espalda a cualquier idealismo».
El prelado donostiarra ha subrayado que «en el nuevo dogma de nuestros días no hay verdades universales, sino tantas verdades como individuos; el único ideal absoluto de esta cultura es la libertad, entendida como la propia elección, como el derecho a optar por cualquier cosa y en cualquier momento. Mientras que el cristianismo afirma que es la verdad la que nos hace libres, el relativismo piensa que el único criterio moral es la propia elección del sujeto».
D. José Ignacio ha criticado que el llamado «derecho a decidir» imperante en nuestra sociedad se erija como la única verdad universal y objetiva y que el endiosamiento de la propia libertad haya sustituido la carencia de ideales objetivos.
En contraposición, ha recordado la palabra que San Ignacio dirigió a San Francisco javier que, vivía su libertad sin norte, «¿De qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu vida?» y nos ha emplazado a todos, preguntando a su vez: «De qué te sirve una libertad que te conduce al abismo?».
Nuestro obispo ha terminado su homilía animando a todos a realizar la experiencia ignaciana y a realizar los «ejecicios espirituales de San Ignacio» que, comienzan preguntándose sobre el «principio y fundamento» de nuestra vida para concluir en la «contemplación para alcanzar el amor».
La visita del Papa Francisco trae nueva frescura y nos hace revivir la permanente novedad del Evangelio, dice Monseñor Mirdita, Arzobispo de Tirana
PAPA FRANCISCO
El hambre duele. XVIII Domingo Ordinario
Si me pudieran ayudar, también me gustaría poder conseguirles becas para estudios técnicos donde ellos pudieran estudiar algo rápido y generar ingresos para sus familias. No es darles el pescado sino enseñarlos a pescar, pero para eso ocupan no sentir hambre y enfocarse a un propósito y es lo que quiero hacer y ustedes me podrían ayudar”. Con las palabras de esta niña tenemos el inicio de solución: ser conscientes del problema y sabernos parte de la solución.
En el relato evangélico los apóstoles al menos son conscientes de que las muchedumbres tienen hambre, y buscan soluciones… pero soluciones en manos de otros para ellos no verse implicados: despedirlos a sus casas. En el tiempo que han vivido con Jesús han aprendido a detectar las necesidades, a estar pendientes de los demás. Se han abierto a los valores del Reino pero proponen soluciones que no los involucren. Son prácticos y realistas. Desde el principio saben que los alimentos son muy escasos para aquella multitud; describen y denuncian la situación, pero no se implican en ella. No hay suficiente alimento y si se prolonga el sermón del maestro, se provocará un caos. Con estas poderosas razones están dispuestos a despedir a la gente, para que cada uno se busque su comida. Pero Jesús no está dispuesto a esta solución. Jesús tiene un corazón misericordioso, se implica con el que sufre y se encuentra siempre a disposición de los demás. Sabe descubrir su necesidad profunda y sabe hacer surgir lo mejor de cada uno.
El discípulo se excusa con lo más fácil: pone la pobreza como obstáculo insalvable. Pero Jesús hace ver que ese no es un impedimento definitivo para un reparto de los bienes. La dificultad está en el corazón de la persona que se abalanza sobre la posesión y el dominio. Efectivamente, el sentido de posesión vela y oculta las posibilidades de reparto. ¿No se ponen muros para que los demás no vengan a molestarnos con su hambre y su miseria? ¿Acaso no se gasta más en armamentos y guerras que en soluciones para el hambre? ¿No volteamos la espalda con la excusa que apenas la vamos pasando? Para Jesús no hay excusa y hoy sigue insistiendo: denles de comer.
Esta responsabilidad brota del mismo relato evangélico. Jesús no quiere que demos migajas, como a veces acostumbran los países ricos enviando desperdicios a los necesitados. Si revisamos el relato, encontramos que hay diálogo, escucha de la palabra, mesa común; les pide que se sienten sobre el pasto, como lo hace quien es libre y que puede participar con los demás; hay participación plena y colaboración mutua. Se entrega todo lo que se tiene, así sea muy poco, pero también se está dispuesto a recibir; sólo esta entrega y apertura hace posible el milagro. Un milagro de aquellos tiempos pero también un milagro actual: las palabras que nos dice Mateo nos recuerdan la Eucaristía: tomó…miró al cielo… bendijo… los repartió. La Eucaristía es la más grande expresión de gratuidad y entrega. Es el más grande milagro, pero también debe ser el más grande compromiso, va cargada con un deber social fortísimo hacia el hermano necesitado. Si no, la Eucaristía se convierte en una mentira y en una contradicción. ¿A qué nos comprometemos al participar en la Eucaristía? ¿Cuáles son nuestras actitudes ordinarias ante las necesidades? ¿Cuáles son las pequeñas acciones que estamos haciendo frente a la pobreza?
TEXTO APROBADO POR EL PAPA
DESDE LA FE
LA HUELLA DE DIOS
Por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo


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