«Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: “...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia” (n. 70).


1 de agosto de 2014

JORNADA DE ORACIÓN POR LA PAZ EN IRAK EL 6 DE AGOSTO

Roma,  (Zenit.org

El próximo 6 de agosto, Fiesta de la Transfiguración, Ayuda a la Iglesia Necesitada promueve una jornada de oración por la paz en Irak. La invitación es dirigida por AIN junto al Patriarca caldeo Raphael Louis Sako, que ha escrito la oración de invocación a la paz. "Con los cristianos iraquíes me uno a los que tenderán las manos al Señor invocando la paz en Irak. Unimos nuestros corazones y nuestras voces delante del Señor".
Como explica el presidente ejecutivo internacional de AIN, Johannes Heeremann, la iniciativa se ha inspirado en el llamamiento pronunciado por el papa Francisco durante el ángelus del domingo pasado. "Las palabras del Santo Padre -continúa Heeremann- nos ha empujado a invitar a la oración a los fieles de todas las religiones, en particular a las comunidades musulmanas tan probadas por la violencia. Frente a tanto sufrimiento, como al que asistimos hoy en Irak, debemos unirnos a nuestros hermanos que sufren y mostrar que no les hemos abandonado".
El mes pasado, Ayuda a la Iglesia Necesitada donó 100 mil euros a la archidiócesis caldea de Mosul para ayudar a los refugiados, y continúa recogiendo fondos para apoyar a la Iglesia iraquí. Como en otras ocasiones, la fundación pontificia conjuga el apoyo económico a la Iglesia perseguida y que sufre en el mundo, con la cercanía en la oración. Recientemente, AIN ha lanzado otras iniciativas similares por la Iglesia y las poblaciones en dificultad de República Democrática del Congo, Siria y República Centroafricana.
"La fraternidad y la solidaridad son lo que nuestra atormentada nación necesita en este momento -afirma el patriarca Sako-. Para miles de personas inocentes, la crisis que estamos atravesando significa gran dolor, profundo sufrimiento y privaciones invaluables".
El prelado iraquí pone el acento sobre el día elegido para la oración por la paz: la Fiesta de la Transfiguración. "Es el día de la transformación de los corazones y de las mentes en el encuentro con la luz de Dios que se emite sobre toda la humanidad. Pueda la luz del Tabor, a través de nuestra cercanía, llenar de amor y esperanza los corazones de aquellos que sufren. Pueda el mensaje del Tabor, a través de nuestras oraciones, inspirar a los líderes de este país para que sacrifiquen los intereses personales en virtud del bien común".

MISA EN LA BASÍLICA DE LOYOLA

Mons. Munilla: «en el nuevo dogma de nuestros días no hay verdades universales, sino tantas verdades como individuos»

El obispo de San Sebastián ha presidido la Misa Solemne con presencia de autoridades que, con motivo de la Solemnidad de San Ignacio se ha celebrado en la basílica de Loyola. En su homilía, D. José Ignacio ha alertado contra la falta de ideales de nuestra sociedad, una sociedad secularizada, marcada por el relativismo, el materialismo y el capitalismo, y en la que la libertad individual, entendida como la propia elección del sujeto ha sustituido todo criterio moral. El obispo ha instado a los presentes a seguir el ejemplo de San Ignacio y a buscar el verdadero sentido de nuestras vidas en la unión con Dios.

(InfoCatólica) «La celebración de nuestro patrono, está llamada a superar los límites de las circunstancias y referentes temporales y locales, adentrándonos en el misterio de la Iglesia, así como en el misterio de la vida misma. Los santos no son sino señales en el camino para ayudarnos a mirar más lejos y alcanzar la meta de nuestra vida, que es la unión con Dios», ha dicho nuestro obispo.

En este sentido, ha añadido que «el reto de la Iglesia en nuestros días es doble: por una parte, y de forma prioritaria, debe anunciar que la felicidad del hombre solo será alcanzada cuando este entregue su libertad al autor de la vida, es decir, a Dios. Pero además de esto, es necesario también hacer un juicio crítico de las bases sobre las que se sustenta nuestra cultura materialista y capitalista. La cosmovisión de nuestra cultura secularizada ha dado la espalda a cualquier idealismo».

El prelado donostiarra ha subrayado que «en el nuevo dogma de nuestros días no hay verdades universales, sino tantas verdades como individuos; el único ideal absoluto de esta cultura es la libertad, entendida como la propia elección, como el derecho a optar por cualquier cosa y en cualquier momento. Mientras que el cristianismo afirma que es la verdad la que nos hace libres, el relativismo piensa que el único criterio moral es la propia elección del sujeto».

D. José Ignacio ha criticado que el llamado «derecho a decidir» imperante en nuestra sociedad se erija como la única verdad universal y objetiva y que el endiosamiento de la propia libertad haya sustituido la carencia de ideales objetivos.

En contraposición, ha recordado la palabra que San Ignacio dirigió a San Francisco javier que, vivía su libertad sin norte, «¿De qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu vida?» y nos ha emplazado a todos, preguntando a su vez: «De qué te sirve una libertad que te conduce al abismo?».

Nuestro obispo ha terminado su homilía animando a todos a realizar la experiencia ignaciana y a realizar los «ejecicios espirituales de San Ignacio» que, comienzan preguntándose sobre el «principio y fundamento» de nuestra vida para concluir en la «contemplación para alcanzar el amor».

Texto completo de la homilía

La visita del Papa Francisco trae nueva frescura y nos hace revivir la permanente novedad del Evangelio, dice Monseñor Mirdita, Arzobispo de Tirana

(RV).-  La Oficina de Prensa de la Santa Sede hizo público el programa del viaje apostólico que el Papa Francisco realizará a Tirana, en Albania, el próximo 21 de septiembre. El Obispo de Roma partirá a las 7.30 de la mañana desde el aeropuerto de Fiumicino, a donde llegará tras dos horas de vuelo. A las 9.30 tendrá lugar la ceremonia de bienvenida en la plaza del Palacio presidencial, a la que seguirá la visita de cortesía al presidente albanés Bujar Nishani. A las 10.00 Francisco se encontrará con las autoridades en el Salón de recepción de este Palacio. A las 11.00, el Papa presidirá la Santa Misa y rezará el Ángelus en la Plaza Madre Teresa. A las 13.30, se encontrará con los obispos de esta nación con quienes almorzará en la Nunciatura Apostólica. 

Por la tarde, a las 16.00, el Santo Padre se encontrará con los representantes de las demás religiones y denominaciones cristianas en la sede de la Universidad católica de Nuestra Señora del Buen Consejo. A las 17.00 presidirá la celebración de las Vísperas con los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y miembros de los movimientos laicales en la Catedral de Tirana, y, en fin, a las 18.30, celebrará un encuentro, en el Centro Betania, con los niños y algunas personas que reciben asistencia en los institutos caritativos de Albania. Por último, a las 19.45 tendrá lugar la ceremonia de despedida en el aeropuerto de Tirana para regresar a Roma, al aeropuerto de Ciampino alrededor de las 21.30. 

Marjan Paloka preguntó al Arzobispo de Tirana, Monseñor Rrok Mirdita, con cuáles sentimientos la Iglesia en Albania espera encontrarse con el Papa Francisco:

Con sentimientos de gratitud. Nuestra Iglesia está bien enraizada en el territorio y ha permanecido profundamente ligada a la gente a lo largo de la historia, y dado que es una Iglesia pequeña, siempre ha visto a Roma con afecto, viviendo así su vocación a la catolicidad. Nuestra gente ha vivido la pertenencia a la Iglesia Universal a través de la comunión con el Sucesor de Pedro y la fidelidad a él; incluso en los momentos en los que el Sucesor de Pedro y la Iglesia Universal eran considerados enemigos en la patria. Pienso en la larga persecución religiosa bajo el régimen comunista, pero también en otros momentos del pasado. Ahora es el Sucesor de Pedro quien nos mira y viene a encontrarse con nosotros, para confirmarnos en la fe y para rendir homenaje al martirio y al sufrimiento de los católicos, pero no sólo a ellos. La Iglesia en Albania lo espera con alegría y afecto, pero también las demás religiones y los no creyentes tienen gran estima y aprecio por nosotros.

En Albania la persecución atea ha reforzado la comunión entre las religiones. Recordamos que las cuatro comunidades religiosas principales: musulmanes sunnitas, ortodoxos, católicos y musulmanes bektashi conviven de manera pacífica…

Absolutamente sí. Después de la caída del comunismo se pensaba que con la libertad de culto habrían surgido tensiones interreligiosas, pero no ha sido absolutamente así. Albania ofrece un modelo ejemplar de convivencia religiosa. No digo que se haya llegado a esta armonía sin sacrificio, pero los sacrificios realizados a lo largo de la historia han dado frutos de paz, de los que hoy gozan todos los ciudadanos del país. Los albaneses han aprendido, a lo largo de los siglos, que es posible ser plenamente fieles a la propia religión en el pleno respeto de la religión de los demás. No podemos gustar a Dios violando los derechos de los hermanos, pero se puede honrar a Dios, también públicamente, sin por esto invadir el espacio de los demás. Por tanto, el Papa Francisco encuentra en Albania un modelo ejemplar de convivencia pacífica entre las religiones.

Han transcurrido 21 años desde la visita del Papa Juan Pablo, ¿cómo ha cambiado la Iglesia y la sociedad albanesa desde entonces?

La visita d San Juan Pablo II fue como una caricia en el cuerpo atormentado de la Iglesia martirizada. Fue un día de luz para toda la nación. Él reconstituyó la jerarquía eclesiástica y consagró a los primeros cuatro obispos. A través de aquella invocación del Espíritu para la consagración de los obispos, uno de los cuales era yo, se reanimaba todo el cuerpo eclesial. Durante estos dos decenios la Iglesia ha cambiado mucho. Tenemos un clero autóctono, religiosos y religiosas albaneses que se unen a tantos misioneros que han trabajado con gran generosidad, pero que poco a poco pasan la posta a las nuevas generaciones albanesas. Tenemos laicos empeñados en la Iglesia y en la sociedad. Como Iglesia desarrollamos tantos servicios en el ámbito social, pero también corremos el riesgo de convertirnos en una Iglesia estática, sedentaria. Entonces, la visita del Papa Francisco trae nueva frescura, nos sacude de los hábitos y nos hace revivir la permanente novedad del Evangelio. También la sociedad ha cambiado mucho, pero algunos desafíos siguen siendo los mismos, como la corrupción, la pobreza, la desocupación, la criminalidad organizada y la justicia.

La visita a Tirana es el primer viaje apostólico del Papa Francisco en el continente europeo. ¿Se puede decir que el Santo Padre comienza desde una periferia de Europa?

Si por centro se entiende el bienestar material, sí, Albania es una periferia de Europa, pero nuestro país es rico de otros valores. Tenemos la población más joven del continente, a pesar de los flujos migratorios, tenemos una familia aún fuerte, en la que los ancianos son respetados, escuchados y atendidos. Tenemos una preciosa convivencia pacífica entre las religiones y, a pesar del trauma de la dictadura y el gran sufrimiento del pasado reciente, no hemos caído en la trampa de una nueva lucha de clases y hemos mantenido la paz social. Se puede decir que el Papa Francisco entra en el continente europeo a través del encuentro con un pueblo necesitado, que ha sufrido mucho, pero que también tiene mucho que dar a Europa.

PAPA FRANCISCO

RV).- «Deseo que cada familia redescubra la oración doméstica: esto también ayuda a comprenderse y perdonar» 





El hambre duele. XVIII Domingo Ordinario

San Cristóbal de las Casas, 31 de julio de 2014 (Zenit.orgMons. Enrique Díaz Diaz 
Isaías 55, 1-3: “Vengan a comer”
Salmo 144: “Abres, Señor, tu mano y nos sacias de favores”
Romanos 8, 35, 37-39: “Nada podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús”
San Mateo 14, 13-21: “Comieron todos hasta saciarse”
El hambre duele y mata. Aunque se le maquille y se le disfrace sigue mordiendo en nuestras comunidades. Mientras discutimos sobre los programas del hambre en Chiapas y los pocos o nulos efectos sobre la población, alguien me dice que es posible hacer algo y me muestra un mensaje que ha recibido: “Hola mi nombre es Lídice Soqui, tengo 12 años y al igual que a ustedes me preocupa el hambre en zonas vulnerables como el basurón de mi ciudad. Yo soy de Cd. Obregón, Sonora, y tengo un proyecto, se llama “ayuda a ayudar”. Junto con 3 compañeros me pregunté por qué no crear algo para poder ayudar a otros niños. Lo platiqué con mis compañeros y formamos este grupo y actualmente estamos casa por casa pidiendo despensa para los niños del basurón.
Si me pudieran ayudar, también me gustaría poder conseguirles becas para estudios técnicos donde ellos pudieran estudiar algo rápido y generar ingresos para sus familias. No es darles el pescado sino enseñarlos a pescar, pero para eso ocupan no sentir hambre y enfocarse a un propósito y es lo que quiero hacer y ustedes me podrían ayudar”. Con las palabras de esta niña tenemos el inicio de solución: ser conscientes del problema y sabernos parte de la solución.
México es de los países con mayor riqueza natural y Chiapas sobresale no sólo por su belleza sino por la gran riqueza que posee. Sin embargo no podemos disfrazar la realidad: la pobreza y el hambre siguen mordiendo en nuestro territorio y parecen crecer ante la apatía e indiferencia de muchos. Mortandad infantil, insalubridad, hambre, alcoholismo, analfabetismo, enfermedades de la pobreza… son pan de cada día. Niños desnutridos y mujeres anémicas claman justicia en un país que habla de incorporación al primer mundo, de millones en seguridad y armas, de gastos ingentes en naderías… y no somos capaces de saciar el hambre de nuestros hermanos. El hambre no se reduce a municipios rurales e indígenas, hay enormes cinturones de miseria perdidos en las grandes ciudades que a veces pasan desapercibidos. ¿Dios lo quiere así? ¡Mentira! Dios nunca ha querido el hambre ni el dolor del hermano. Basta escuchar con atención a los profetas del Antiguo Testamento, sus más graves denuncias y condenas son para quienes, viviendo en la opulencia, dejan en la miseria a su prójimo. El grito de los pobres clama al cielo y no podemos voltear la espalda. No podemos quedar en la indiferencia e ignorar a los hermanos.
El Papa Francisco constantemente insiste en el desequilibrio y la injusta distribución de bienes. Hay quienes no ven o no quieren ver la realidad.
En el relato evangélico los apóstoles al menos son conscientes de que las muchedumbres tienen hambre, y buscan soluciones… pero soluciones en manos de otros para ellos no verse implicados: despedirlos a sus casas. En el tiempo que han vivido con Jesús han aprendido a detectar las necesidades, a estar pendientes de los demás. Se han abierto a los valores del Reino pero proponen soluciones que no los involucren. Son prácticos y realistas. Desde el principio saben que los alimentos son muy escasos para aquella multitud; describen y denuncian la situación, pero no se implican en ella. No hay suficiente alimento y si se prolonga el sermón del maestro, se provocará un caos. Con estas poderosas razones están dispuestos a despedir a la gente, para que cada uno se busque su comida. Pero Jesús no está dispuesto a esta solución. Jesús tiene un corazón misericordioso, se implica con el que sufre y se encuentra siempre a disposición de los demás. Sabe descubrir su necesidad profunda y sabe hacer surgir lo mejor de cada uno.
De nuestra fe en Cristo hecho pobre, y siempre cercano a los pobres y excluidos, brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad. Denles de comer, es la respuesta de Jesús y no bromea. Su mandato implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad. Jesús sabe que un hermano no debe dar la espalda a su hermano y cree que la persona tiene la capacidad en sí misma para solventar los problemas que afectan el reparto de los bienes de la vida. Esa capacidad existe pero es preciso ponerla en funcionamiento.
El discípulo se excusa con lo más fácil: pone la pobreza como obstáculo insalvable. Pero Jesús hace ver que ese no es un impedimento definitivo para un reparto de los bienes. La dificultad está en el corazón de la persona que se abalanza sobre la posesión y el dominio. Efectivamente, el sentido de posesión vela y oculta las posibilidades de reparto. ¿No se ponen muros para que los demás no vengan a molestarnos con su hambre y su miseria? ¿Acaso no se gasta más en armamentos y guerras que en soluciones para el hambre? ¿No volteamos la espalda con la excusa que apenas la vamos pasando? Para Jesús no hay excusa y hoy sigue insistiendo: denles de comer.
Pero pide más todavía. No se trata sólo de asegurar a todos la comida, sino de que tengan «prosperidad sin exceptuar bien alguno». Esto implica educación, acceso al cuidado de la salud y especialmente trabajo, porque en el trabajo libre, creativo, participativo y solidario, el ser humano expresa y acrecienta la dignidad de su vida.
Esta responsabilidad brota del mismo relato evangélico. Jesús no quiere que demos migajas, como a veces acostumbran los países ricos enviando desperdicios a los necesitados. Si revisamos el relato, encontramos que hay diálogo, escucha de la palabra,  mesa común; les pide que se sienten sobre el pasto, como lo hace quien es libre y que puede participar con los demás; hay  participación plena y colaboración mutua. Se entrega todo lo que se tiene, así sea muy poco, pero también se está dispuesto a recibir; sólo esta entrega y apertura hace posible el milagro. Un milagro de aquellos tiempos pero también un milagro actual: las palabras que nos dice Mateo nos recuerdan la Eucaristía: tomó…miró al cielo… bendijo… los repartió. La Eucaristía es la más grande expresión de gratuidad y entrega. Es el más grande milagro, pero también debe ser el más grande compromiso, va cargada con un deber social fortísimo hacia el hermano necesitado. Si no, la Eucaristía se convierte en una mentira y en una contradicción. ¿A qué nos comprometemos al participar en la Eucaristía? ¿Cuáles son nuestras actitudes ordinarias ante las necesidades? ¿Cuáles son las pequeñas acciones que estamos haciendo frente a la pobreza?
Señor, tú que eres nuestro creador y quien amorosamente dispone toda la madre naturaleza como casa y sostén de toda la humanidad, concédenos amarnos de tal manera que no permitamos a nadie sufrir el hambre, la pobreza o la marginación. Amén


TEXTO APROBADO POR EL PAPA

La Congregación para el Culto Divino da instrucciones para que se celebre adecuadamente el rito de la paz
El prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cardenal Antonio Cañizares Llovera, dirigió un documento al presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) donde se recogen las conclusiones del debate abierto sobre la oportunidad o no de mantener el signo de la Paz en la forma y el momento que está teniendo lugar durante la Misa. El texto ha sido confirmado y aprobado por el papa Francisco. Se mantiene el rito tal como está ahora, pero se advierte en contra de los excesos y abusos que a veces se cometen.
 (Aica/InfoCatólica) Este debate, -señala la nota difundida por la Agencia SIC de la comisión de Medios de la CEE-, se abrió a raíz del Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía (2005, Propositio 23) y de la invitación del papa Benedicto XVI en su exhortación apostólica ‘Sacramentum caritatis’ (2007), donde invitaba a las congregaciones competentes a estudiar el tema.
La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos inició la tarea de tomar en consideración las opiniones de las diferentes conferencias episcopales del mundo, fruto que ha dado como resultado este documento que adjuntamos donde, mayoritariamente, hay una propuesta de mantener el ‘rito’ y ‘signo’ de la Paz en el lugar y forma que tiene en el Ordinario de la Misa, al considerarlo una característica del rito romano y al no creer conveniente para los fieles introducir cambios estructurales en la celebración eucarística en estos momentos.
Excesos que causan confusión
A la vez, el mismo documento hace unas observaciones y apunta unas consideraciones prácticas para expresar mejor el contenido del signo de la paz y para moderar los excesos que generan confusión en la asamblea litúrgica momentos antes de la Comunión.
En este sentido, la Congregación para el Culto Divino dice que, si los fieles no comprenden o demuestran no entender el significado de este signo, se debilita el concepto cristiano de la Paz y resulta infructuoso este gesto. Por todo ello, invita a aprovechar la oportunidad de hacer catequesis, ofreciendo unas líneas orientativas.
Una de las recomendaciones es aclarar que el rito de la Paz llega a su significado más profundo con la oración y el contexto mismo de la Eucaristía, por lo cual darse la paz correctamente entre los participantes de la Misa enriquece su significado.
Ahora bien, también apunta el documento que por eso mismo no es necesario invitar «mecánicamente» a darse la paz, si se prevé que tal intercambio no se producirá de una manera adecuada. Entonces se invita a omitirlo.
Asimismo la Congregación para el Culto Divino recomienda evitar abusos como la introducción de un canto por la Paz, inexistente en el rito romano; desaconsejar el desplazamiento de los fieles para intercambiarse la Paz, o que el sacerdote abandone el altar para darla a algunos fieles.

DESDE LA FE

Huellas de su presencia. De la naturaleza, a la oración

LA HUELLA DE DIOS
Desde el inicio de su pontificado, el Papa Francisco nos ha pedido ser «custodios del designio de Dios inscrito en la naturaleza», y ya se conoce que éste será el tema principal de su próxima encíclica. El sacerdote Carlos Dorado es el autor de las fotografías y textos de la exposición Huellas de su presencia. De la naturaleza, a la oración, que está recorriendo España durante estos años (www.carlosdorado.com). «La naturaleza lleva a Dios; en ella hay algo sobrenatural. La naturaleza es una oración», explica

Por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo


       
La fuerza de la Iglesia
No te enorgullezcas en contra de las ramas. Y si te enorgulleces, piensa que no eres tú quien sostiene a la raíz, sino que la raíz te sostiene a ti (Rm 11, 18).
Los majestuosos robles sostienen madejas de ramas que, año tras año, se fortalecen juntas, tomando su fuerza de la raíz que las une. Son árboles fuertes, que pasan por condiciones climáticas extremas, vientos, tormentas, y que, además, sufren la actividad de muchos animales, que se aprovechan de hojas, ramas y tronco como lugar donde vivir, reproducirse y comer.
La Iglesia toma su fuerza de Cristo, como un árbol bien enraizado, y quien se enraíza en la Iglesia se une a Quien la sostiene. En ella encuentra cobijo, comprensión, la misma debilidad que compartimos y la misma esperanza de salvación y felicidad.

Dios sostiene la Creación
En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas (Gn 1, 1-2).
La perfección y belleza de muchos animales no deja de sorprender a quien es capaz de mirar con atención. Lo que vemos en el mundo es algo extraordinario, que nos está hablando de un Creador.


Las falsas ilusiones que nos atrapan
Su confianza sólo es un hilo, tan segura como un tela de araña (Job 8, 14).
Aunque la tela de araña aparenta ser fuerte por su resistencia, basta un dedo para romperla. El diablo también teje de falsas ilusiones nuestra vida, de caminos más sencillos. El mal es una apuesta atractiva, sencilla, rápida, pero, a la larga, decepcionante.
Sólo quien es capaz de ver la tela de araña puede librarse de su pegajoso abrazo.



La casa sobre la arena
Yo soy tu Dios, que agito el mar y hago bramar sus olas (Is 50, 15). Se pueden hacer verdaderas obras de arte en la arena de la playa. Pero, al día siguiente, ya no quedará nada; las olas se lo habrán llevado.
A veces, nos empeñamos en caminos que nos separan de Dios, y realizamos verdaderas obras de arte en nuestra vida, con todo bien sujeto y seguro, pero basta una ola de Dios, un toque de atención, para hacernos recodar lo poco que somos y cuánto necesitamos de su paternidad.

El precio de nuestra salvación
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado (Jn 20, 19b-20).
Las amapolas tienen un color vivo que recuerda a la sangre.
Las llagas y el costado abierto son el sello de Cristo, como pago por nuestra salvación. Traspasado por nuestros desprecios, nos tiende ahora su mano herida para ayudarnos. Sólo tenemos que aceptarla.


El cielo, la meta de nuestro corazón
Es un reflejo de la luz eterna, un espejo sin mancha de Dios, una imagen de su bondad (Sab 7, 26). El agua de un lago nos sirve para ver el cielo en su esplendor, adornado con los colores del otoño.
El cielo ha sido siempre el término al que nos referimos para hablar del lugar donde Dios habita. Es como un pedacito del lugar al que estamos destinados a ir, si amamos a Dios y al prójimo. Su belleza nos habla de la belleza de Dios, su luminosidad, de su pureza. El corazón del hombre desea algo así, desde que nace. Buscarlo es nuestra gran meta.


La Luz que disipa las tinieblas
Las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya (1Jn 2, 8b). El tiempo parece detenerse, el sol rompe la oscuridad y el bosque recupera su luz.
En nuestra vida existen muchos momentos de tinieblas, de duda, de miedos... Cristo acaba con todo mal en nuestra vida. Quien permanece unido a Él, encuentra fuerza y esperanza; es Él el que nos sostiene. Porque para Dios nada hay imposible.



Confundidos con el medio
Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! (Ap 3, 15). Algunos animales se confunden con el medio; pasan desapercibidos y así no tienen problemas con ningún depredador.
A muchos cristianos les sucede esto: se mimetizan con el mundo hasta pasar desapercibidos, para no tener problemas con nadie. Justo lo contrario de Jesús, de los apóstoles, de los santos... Ser cristiano implica ser testigo y testimonio. De lo contrario, nadie puede conocer a Cristo.
FUENTE: ALFA Y OMEGA