«Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: “...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia” (n. 70).


10 de mayo de 2015

EL PAPA EN EL REGINA COELI: 'EL AMOR DE DIOS SE REALIZA EN EL AMOR AL PRÓJIMO'

Texto completo

Francisco recuerda que el corazón de Cristo acoge a todos, adultos y niños, cultos e ignorantes, ricos y pobres, justos y pecadores. Además, muestra su gratitud y afecto a las madres
Este domingo, el papa Francisco rezó la oración del Regina Coeli desde la ventana de su estudio en el Palacio Apostólico, ante una multitud que le atendía en la Plaza de San Pedro.
Dirigiéndose a los fieles y peregrinos venidos de todo el mundo, que le acogieron con un largo y caluroso aplauso, el Pontífice argentino les dijo:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy --Juan, capítulo 15-- nos conduce al Cenáculo, donde escuchamos el mandamiento nuevo de Jesús, dice así: “Este es mi mandamiento, que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Y, pensando en el sacrificio de la cruz ya inminente, añade: “Nadie tiene un amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando”. Estas palabras, pronunciadas durante la Última Cena, resumen todo el mensaje de Jesús; es más, resumen todo lo que Él ha hecho: Jesús dio la vida por sus amigos. Amigos que no le habían entendido, que en el momento crucial le abandonaron, traicionaron y renegaron. Esto nos dice que Él nos ama, a pesar de no merecer su amor. Así nos ama Jesús.
De esta manera, Jesús nos muestra el camino para seguirle, el camino del amor. Su mandamiento no es un simple precepto, que siempre es algo abstracto o ajeno a la vida. El mandamiento de Cristo es nuevo porque Él fue el primero en realizarlo, le dio carne, y así la ley del amor se escribe una vez y para siempre en el corazón del hombre. Y ¿cómo está escrita? Está escrita con el fuego del Espíritu Santo. Y con este mismo Espíritu, que Jesús nos da, también podemos caminar nosotros por este camino.
Es un camino concreto, un camino que nos lleva a ir más allá de nosotros mismos para llegar a los demás. Jesús nos enseñó que el amor de Dios se realiza en el amor al prójimo. Los dos van juntos. Las páginas del Evangelio están llenos de este amor: adultos y niños, cultos e ignorantes, ricos y pobres, justos y pecadores, todos han tenido acogida en el corazón de Cristo.
Por lo tanto, esta Palabra de Dios nos llama a amarnos los unos a los otros, aunque no siempre nos entendamos, no siempre estemos de acuerdo... pero es precisamente ahí donde se ve el amor cristiano. Una amor que se manifiesta aunque haya diferencias de opinión o de carácter, pero el amor es más grande que estas diferencias. Y este es el amor que nos enseñó Jesús. Es un amor nuevo, porque está renovado por Jesús y su Espíritu. Es un amor redimido, liberado del egoísmo. Un amor que da alegría a nuestro corazón, como Jesús mismo dice: “Os he dicho estas cosas para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea completo”.
Es precisamente el amor de Cristo, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones, el que cumple cada día prodigios en la Iglesia y en el mundo. Son muchos pequeños y grandes gestos que obedecen el mandamiento del Señor: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Gestos pequeños, de cada día, gestos de cercanía a un anciano, a un niño, a un enfermo, a una persona sola y en dificultad, sin hogar, sin trabajo, inmigrante, refugiada... Gracias a la fuerza de esta Palabra de Cristo, cada uno de nosotros puede ser cercano al hermano y a la hermana que se encuentra. Gestos de cercanía, de proximidad. En estos gestos se manifiesta el amor que Cristo nos enseñó.
Que nuestra Madre Santísima nos ayude, para que en la vida cotidiana de cada uno de nosotros el amor a Dios y el amor al prójimo siempre estén unidos.
Al término de estas palabras, el Santo Padre rezó la oración del Regina Coeli. Y al concluir la plegaria mariana, llegó el turno de los saludos que tradicionalmente realiza el Papa:
Queridos hermanos y hermanas,
Saludo a todos ustedes, familias, grupos religiosos, asociaciones y peregrinos provenientes de Italia y de muchas partes del mundo, en particular de Madrid, de Puerto Rico y de Croacia. Saludo a los fieles de Guidonia y Portici; a los grupos escolares de Carrara, Bitonto y Lecco. Un pensamiento especial para los jóvenes de la diócesis de Orvieto-Todi, acompañados por su pastor, monseñor Tuzia: ¡sean cristianos valientes y testigos de esperanza!
Saludo al Cuerpo Forestal del Estado, que organiza la fiesta nacional de las Reservas Naturales para el redescubrimiento y el respeto de las bellezas de la creación; a los participantes en el congreso promovido por la Conferencia Episcopal Italiana en apoyo de una escuela de calidad y abierta a las familias; a la delegación de mujeres de la “Komen Italia”, una asociación para la lucha contra los tumores del pecho; y a cuantos han participado en la iniciativa a favor de la vida que tuvo lugar esta mañana en Roma: es importante colaborar juntos para defender y promover la vida.
Francisco también quiso dedicar unas palabras de gratitud y afecto a todas las madres:  
Y, hablando de vida, hoy en muchos países se celebra el día de la madre. Recordamos con gratitud y afecto a todas las madres. Ahora me dirijo a las madres que están aquí en la Plaza. ¿Hay? ¿Sí? ¿Hay madres? ¡Un aplauso para ellas, para las madres que están en la Plaza! Y que este aplauso abrace a todas las madres, a todas nuestras queridas madres: aquellas que viven con nosotros físicamente, y también aquellas que viven con nosotros espiritualmente. Que el Señor las bendiga a todas, y que la Virgen, a quien está dedicado este mes, las custodie.  
Como de costumbre, el Pontífice concluyó su intervención diciendo:
Les deseo a todos un buen domingo, un poco caluroso... Y por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!
(Texto traducido y transcrito del audio por ZENIT)


9 de mayo de 2015

“PROMUEVAN LA CULTURA DEL ENCUENTRO”, EL PAPA A LOS OBISPOS DE MOZAMBIQUE

RV).- “Ante las tensiones y conflictos que han debilitado la sociedad en Mozambique, la Iglesia debe permanecer unida colaborando con las Instituciones para ayudar a las familias y para defender la vida”, son algunas de las indicaciones pastorales que el Papa Francisco dio esta mañana a los Obispos de la Conferencia Episcopal de Mozambique al final de su visita ''ad Limina''.
El Santo Padre propuso la “cultura del encuentro” como una respuesta a los desafíos actuales en Mozambique, donde las tensiones y los conflictos han destruido familias enteras y el futuro de miles de jóvenes. El modo más eficaz para contrarrestar una mentalidad de arrogancia, desigualdad y división social, recordó el Pontífice, es aquel de investir en el campo de la formación, donde se enseña a los jóvenes a pensar en modo crítico, acompañándolos en un camino de maduración en los valores. Por ello, el Papa invitó a los prelados a impulsar la pastoral en  las universidades y en las escuelas, uniendo la tarea educativa con el anuncio del Evangelio.
Defender la vida y la familia
De otra parte, el Pontífice señaló que es importante mantener las buenas relaciones con el Gobierno, esto no quiere decir “dependencia”, sino una sana colaboración, en especial por las leyes que se discuten en el Parlamento. Asimismo, el Obispo de Roma los exhortó a no escatimar esfuerzo alguno para ayudar a la familia y comprometerse en la defensa de la vida, desde su  concepción hasta la muerte natural: la familia, evidenció el Papa, es la fuente primordial de fraternidad, respeto a los demás y vía privilegiada para la paz.
Junto a los prófugos y refugiados
En este sentido, Francisco recordó a las víctimas de las catástrofes naturales que incluso en estos momentos, no cesan de causar destrucción, sufrimiento y muerte, aumentando el número de refugiados. Estas personas, prosiguió el Papa, tienen necesidad de compartir con nosotros sus dolores, ansias y problemas: de aquí la importancia de ir a su encuentro, como hizo Jesús.
Una Iglesia unida
A los Obispos de Mozambique, el Santo Padre les pidió “unidad y clima de familia”, sobre todo en la formación de los sacerdotes, sin olvidar sus necesidades humanas, en especial en los momentos más delicados e importantes. En este año de la Vida Consagrada, el Papa subrayó que el testimonio de fe y de servicio que los religiosos y las religiosas ofrecen en la vida eclesial y social es en favor de los pobres y por todas las miserias humanas, morales y espirituales.
Finalmente, el Santo Padre invitó a los Obispos a estar en medio de los fieles, incluso en las periferias de las diócesis y en las periferias existenciales, donde existe sufrimiento, soledad, degrado humano. Porque un Obispo que vive entre sus fieles tiene los oídos abiertos para escuchar sea lo que dice el Espíritu a la Iglesia, sea la voz de las ovejas, a través de las organizaciones diocesanas que tienen la tarea de contribuir en un dialogo leal y constructivo.
(RM - RV)


LA IGLESIA SE EDIFICA CON LOS LOGROS DEL MATRIMONIO CRISTIANO Y SUFRE SUS FRACASOS, EL PAPA EN SU CATEQUESIS

Texto completo de la catequesis traducida del italiano

Queridos hermanos y hermanos, ¡buenos días!

En nuestro camino de catequesis sobre la familia tocamos hoy directamente la belleza del matrimonio cristiano. Esto no es simplemente una ceremonia que se hace en la Iglesia, con las flores, el vestido, la foto…El matrimonio cristiano es un sacramento que tiene lugar en la Iglesia y que también hace a la Iglesia, dando comienzo a una nueva comunidad familiar.

Es aquello que el apóstol Pablo resume en su célebre expresión: “Éste es un gran misterio - esto del matrimonio - y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia.” (Ef. 5, 32). Inspirado por el Espíritu Santo, Pablo afirma que el amor entre los cónyuges es imagen del amor entre Cristo y la Iglesia. ¡Una dignidad impensable! ¡Pero, en realidad, está inscrita en el designio creador de Dios, y con la gracia de Cristo innumerables parejas cristianas, aún con sus límites, sus pecados, la han realizado!

San Pablo, hablando de la nueva vida en Cristo, dice que los cristianos – todos – están llamados a amarse como Cristo los ha amado, es decir, “sometidos los unos a los otros (Ef. 5, 21), que significa al servicio los unos de los otros. Y aquí introduce la analogía entre la pareja marido-mujer y aquella de Cristo-Iglesia. Es claro que se trata de una analogía imperfecta, pero debemos captar el sentido espiritual que es altísimo y revolucionario y, al mismo tiempo, simple, al alcance de todo hombre y mujer que se confían a la gracia de Dios.

El marido - dice Pablo – debe amar a la esposa “como el propio cuerpo” (Ef. 5, 28); amarla como Cristo “como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella” (v. 25). ¿Pero ustedes maridos que están aquí presentes, entienden esto? Amar a la propia mujer como Cristo ama a la Iglesia. ¡Éstas no son bromas, es serio! El efecto de este radicalismo de la dedicación pedida al hombre, por el amor y la dignidad de la mujer, sobre el ejemplo de Cristo, debe haber sido enorme, en la misma comunidad cristiana.

Este germen de la novedad evangélica, que restablece la originaria reciprocidad de la dedicación y del respeto, ha madurado lentamente en la historia, pero al final ha prevalecido.

El sacramento del matrimonio es un gran acto de fe y de amor: testimonia el coraje de creer en la belleza del acto creador de Dios y de vivir aquel amor que empuja a seguir adelante siempre más allá, más allá de sí mismos y también más allá de la misma familia. La vocación cristiana a amar sin reservas y sin medida es lo que está en la base también del libre consentimiento que constituye el matrimonio.

La misma Iglesia está plenamente involucrada en la historia de todo matrimonio cristiano: se edifica en sus logros y padece en sus fracasos. Pero debemos interrogarnos son seriedad: ¿aceptamos completamente, nosotros mismos, como creyentes y como pastores también, este vínculo indisoluble de la historia de Cristo y de la Iglesia con la historia del matrimonio y de la familia humana? ¿Estamos dispuestos a asumirnos seriamente esta responsabilidad, es decir, que todo matrimonio va en el camino del amor que Cristo tiene a la Iglesia? ¡Esto es grande!

En esta profundidad del misterio de lo creatural, reconocido y restablecido en su pureza, se abre un segundo gran horizonte que caracteriza el sacramento del matrimonio. La decisión de “casarse en el Señor” contiene también una dimensión misionera, que significa tener en el corazón la disponibilidad a hacerse intermediario de la bendición de Dios y de la gracia del Señor para todos. En efecto, los esposos cristianos participan, como esposos, en la misión de la Iglesia. ¡Y se necesita coraje para eso, eh! Por esto cuando yo saludo a los flamantes esposos, digo: “¡He aquí los valerosos!” Porque se necesita coraje para amarse así como Cristo ama a la Iglesia.

La celebración del sacramento no puede dejar afuera esta corresponsabilidad de la vida familiar con respecto a la gran misión de amor de la Iglesia. Y así, la vida de la Iglesia se enriquece cada vez con la belleza de esta alianza nupcial, como también se empobrece cada vez que ésta es desfigurada. ¡La Iglesia, para ofrecer a todos los dones de la fe, del amor y de la esperanza, tiene necesidad también de la valerosa fidelidad de los esposos a la gracia de su sacramento! El pueblo de Dios tiene necesidad de su cotidiano camino en la fe, en el amor y en la esperanza, con todas las alegrías y las fatigas que este camino comporta en un matrimonio y en una familia.

La ruta así está marcada para siempre, es la ruta del amor: se ama como ama Dios, para siempre. Cristo no cesa de cuidar a la Iglesia: la ama siempre, la cuida siempre, como a sí mismo. Cristo no cesa de quitar del rostro humano las manchas y las arrugas de todo tipo. Es conmovedora y tan bella esta irradiación de la fuerza y de la ternura de Dios que se transmite de pareja a pareja, de familia a familia. Tiene razón San Pablo: ¡esto es realmente un “gran misterio”! Hombres y mujeres, suficientemente valientes para llevar este tesoro en los “vasos de barro” de nuestra humanidad. Estos hombres y mujeres, que son así valientes son un recurso esencial para la Iglesia, también para todo el mundo. ¡Dios los bendiga mil veces por esto! Gracias.

(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual - RV)


3 de mayo de 2015

EL PAPA DURANTE EL REGINA COELI "SOMOS SARMIENTOS DE LA ÚNICA VID"

Palabras del Papa antes del rezo de Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús durante la Última Cena, en el momento en el que sabe que la muerte está ya cercana. Ha llegado su “hora”. Por última vez Él está con sus discípulos, y entonces quiere imprimir bien en sus mentes una verdad fundamental: también cuando Él no estará más físicamente en medio a ellos, podrán permanecer aún unidos a Él de una manera nueva, y así dar mucho fruto. Todos podemos permanecer unidos a Jesús de manera nueva. Si por el contrario uno perdiese la comunión con Él, se volvería estéril, es más, dañino para la comunidad. Y para expresar esta realidad Jesús usa la imagen de la vid y de los sarmientos: «Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos» (Jn 15, 4-5). Y con esta figura nos enseña a permanecer unidos a Él.
Jesús es la vid, y a través de Él – como la linfa en el árbol – pasa a los sarmientos el amor mismo de Dios, el Espíritu Santo.  Precisamente: nosotros somos los sarmientos, y a través de esta parábola Jesús quiere hacernos entender la importancia de permanecer unidos a Él. Los sarmientos no son autosuficientes, sino dependen totalmente de la vid, en donde se encuentra la fuente de su vida. Es así para nosotros cristianos. Injertados en Cristo con el Bautismo, hemos recibido gratuitamente de Él el don de la vida nueva; y gracias a la Iglesia podemos permanecer en comunión vital con Cristo. Es necesario mantenerse fieles al Bautismo, y crecer en la amistad con el Señor mediante la oración, la escucha y la docilidad a su Palabra, leer el Evangelio, la participación a los Sacramentos, especialmente a la Eucaristía y a la Reconciliación.
Si uno está íntimamente unido a Jesús, goza de los dones del Espíritu Santo, que – como nos dice san Pablo – son «amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia» (Gal 5,22); y en consecuencia hace tanto bien al prójimo y a la sociedad, como un verdadero cristiano. De estas actitudes, de hecho, se reconoce que uno es un verdadero cristiano, así como por los frutos se reconoce al árbol. Los frutos de esta unión profunda con Jesús son maravillosos: toda nuestra persona es trasformada por la gracia del Espíritu: alma, inteligencia, voluntad, afectos, y también el cuerpo, porque somos unidad de espíritu y cuerpo. Recibimos un nuevo modo de ser, la vida de Cristo se convierte también en la nuestra: podemos pensar como Él, actuar como Él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús. Entonces, con su corazón, como Él lo ha hecho, podemos amar a nuestros hermanos, a partir de los más pobres y sufrientes, y así dar al mundo frutos de bondad, de caridad y de paz.
Cada uno de nosotros es un sarmiento de la única vid; y todos juntos estamos llamados a llevar los frutos de esta pertenencia común a Cristo y a la Iglesia. Confiémonos a la intercesión de la Virgen María, para que podamos ser sarmientos vivos en la Iglesia y testimoniar de manera coherente nuestra fe, coherencia de vida y de pensamiento. De vida y de fe. Conscientes que todos, según nuestras vocaciones particulares, participamos de la única misión salvífica de Jesucristo.   
Palabras del Papa después del rezo mariano:
Queridos hermanos y hermanas,
Provenientes de Italia y de tantas partes del mundo, ¡a todos y cada uno de ustedes les dirijo un cordial saludo!
Ayer en Turín fue proclamado Beato Luigi Bordino, laico consagrado de la Congregación de los Hermanos de San José Benito Cottolengo. Él dedicó su vida a las personas enfermas y a los que sufren, y se prodigó sin descanso a favor de los más pobres, medicando y lavando sus llagas. Agradezcamos al Señor por este humilde y generoso discípulo.
Un saludo especial va hoy a la Asociación Méter, en la Jornada de los niños víctimas de la violencia. Les agradezco su compromiso con el que buscan prevenir estos crímenes. Todos debemos empeñarnos para que cada persona humana -y especialmente los niños- esté siempre defendida y protegida.
Saludo con efecto a todos los peregrinos hoy presentes, ¡de verdad son muchos como para nombrar cada grupo! Pero al menos espero que el coro San Bagio, cante un poco, ¡eh! Saludo a aquellos provenientes de Ámsterdam, Zagreb, Litija (en Eslovenia), Madrid, y Lugo también en España. Acojo con alegría a tantísimos italianos: las parroquias, las asociaciones y las escuelas. Un pensamiento particular para los chichos y las chicas que han recibido la Confirmación.  
A todos les deseo un buen domingo. Por favor, no olviden rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!
(MZ- RV)




2 de mayo de 2015

EL PAPA: LOS CATÓLICOS NO SON UN PARTIDO POLÍTICO



Publicado el 2 may. 2015
“Más allá de los muros”, es el título del Congreso Nacional de las Comunidades de vida cristiana y la Liga Misionera de Estudiantes, quienes fueron recibidos en audiencia por el Papa Francisco este jueves en el Vaticano. El objetivo de este evento es el de crear una mayor implicación de Europa en la acogida de inmigrantes y el hecho fomentar mayor solidaridad con los cristianos de Siria. Respondiendo a algunas preguntas que le hicieron los participantes, el Obispo de Roma pidió que no perdieran la esperanza. Además entregó el discurso que tenía preparado donde les ofrecía algunas líneas para su camino espiritual y comunitario, centrándose en la cultura de la justicia y de la paz, en la pastoral familiar y en el echo de ser misionero

1 de mayo de 2015

UNA EDUCACIÓN DE CALIDAD REQUIERE "EDUCAR LA INTERIORIDAD", ARGUMENTA EL FILÓSOFO FRANCESC TORRALBA

 Para ateos, agnósticos y creyentes

Desafíos que inician en todos los ´centros neurálgicos´de la sociedad que inciden para la educación, son los que propone el intelectual catalán.

La transformación cultural que han padecido la mayoría de los países occidentales europeos y latinoamericanos en la última década, para muchos intelectuales vacía y da la espalda a la historia, tradiciones, costumbres y valores que desde sus orígenes dieron identidad y –gracias a ella- desarrollo integral a los ciudadanos.

Uno de estos pensadores que reflexiona sobre el asunto es el filósofo y teólogo Francesc Torralba, quien en esta entrevista difundida por la plataforma de la diócesis española de Albacete, pone el acento en la importancia de considerar el yo “íntimo y esencial” que caracteriza al ser del hecho humano. Torralba demanda de Occidente este acento en la ideología para ofertar a todos una auténtica educación de calidad.

¿Qué es la interioridad?

La interioridad es esa dimensión de todo ser humano que no percibimos, no podemos tocar, ni ver, pero es lo más esencial que hay en nosotros y lo que define nuestro ser. Es ese conjunto de deseos, recuerdos, emociones… los elementos intangibles que están en nuestro ser y que si no conozco, no conozco al ser humano que tengo delante. En cambio, la exterioridad tiene que ver con el cuerpo, la indumentaria, el peso, la altura, sobre lo corporal que puedo tocar y medir, por eso, lo esencial no sólo es educar la interioridad o la exterioridad, sino educar ambas, porque el ser humano es una unidad que tiene una dimensión exterior y también interior.

Hablamos de la necesidad de educar…, pero en un mundo disperso, que vive mucho la exterioridad y poco la interioridad.

Este es el tema, no es algo nuevo: es verdad que nuestro entorno se caracteriza mucho por la dispersión mental y emocional, la multiplicidad de estímulos, y un educando cada vez más volcado hacia el exterior y menos consciente del océano que hay dentro de sí y de toda la riqueza intangible que hay en su ser: de sus talentos, de su vida interior, de su experiencia trascendente, porque vive muy al balcón, vive muy fuera de sí. Por tanto, la pregunta es cómo ayudarle a darse la vuelta y a descubrir todo ese universo interior que hay en él, para que pueda progresar en el autoconocimiento, determinar qué es lo que quiere hacer en el mundo, cuál es su misión, cuál es su objetivo en esta existencia.

Padres, educadores, profesores, catequistas, todos educando a los niños, niñas, a los jóvenes, pero también es una tarea de los adultos, que a veces también viven en ese mundo exterior y nada interior.

Claro, y el problema está en que uno no puede dar lo que no tiene. Es decir, si el adulto no ha hecho este trabajo de auto introspección, de exploración de sus creencias, deseos, emociones, del móvil fundamental de su existencia, si no ha hecho esta interiorización, muy difícilmente podrá ayudar a sus hijos, a sus nietos, a sus alumnos, a interiorizar, porque nadie puede dar lo que no tiene, y además es que eso es básico: si uno quiere enseñar matemáticas, debe conocer matemáticas; si uno quiere enseñar filosofía, debe conocer filosofía; si uno quiere ayudar a otro a interiorizar, tiene que haber hecho este recorrido para poder dar de la mano al educando y darle a conocer moradas, instancias, dimensiones de su castillo interior que no conoce.

Muchísimos intelectuales han hablado de esto, no es un tema actual, sino de toda la historia humana.

Sí, la verdad que sí. Sería un error pensar que ahora hemos inventado la interioridad o que está de moda la educación en la interioridad. No, de hecho, los grandes filósofos, además de tradiciones religiosas distintas y de opciones filosóficas distintas, distinguen esta doble dimensión: interioridad, exterioridad, y además, nos advierten de que es esencial esta labor de autoconocimiento para poder desarrollar buenas elecciones y para poder dar sentido a la vida. Si sólo nos nutrimos exteriormente, al final no sabemos quiénes somos, viviendo como si fuésemos una especie de recipiente de estímulos, de novedades, de noticias… pero yo soy algo más: yo tengo un yo íntimo, un yo esencial que debo tener que conocer y debo poder proyectar en el mundo y a través de eso, embellecerlo y aportar algo.

¿Y cómo poner en práctica esta educación de la interioridad?

La primera receta básica es la formación continuada, tener la voluntad de conocer una y otra vez más, la condición humana y luego, obviamente, intentar ver en qué espacios educativos es más viable esta educación de la interioridad. No siempre tiene que ser en el aula, en la tutoría, en la clase… puede ser en el campo, o a propósito de un producto audiovisual o de una composición musical. La música es un instrumento de interiorización muy superior a la palabra, porque te conecta con lo más profundo de ti y despierta en ti profundas emociones. Por tanto, formarse continuamente y además tener la habilidad pedagógica para ver qué pretextos tenemos para activar este viaje hacia la interioridad, que es básico para tener un alumno responsable, un ciudadano equilibrado, consciente, que no se deje arrastrar como una veleta por el mundo

EL PAPA EN LA INAUGURACIÓN DE LA EXPO DE MILÁN 2015: "GLOBALIZAR LA SOLIDARIDAD"

Discurso completo del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Estoy agradecido por la posibilidad de unir mi voz a aquella de cuantos participan en esta inauguración. Es la voz del Obispo de Roma, que habla en nombre del pueblo de Dios peregrino en el mundo entero; es la voz de tantos pobres que son parte de este pueblo y con dignidad buscan ganarse el pan con el sudor de la frente. Quisiera hacerme portavoz de todos estos hermanos y hermanas nuestros, cristianos y también no cristianos, que Dios ama como hijos y por los cuales ha dado la vida, ha partido el pan que es la carne de su Hijo hecho hombre. Él nos ha enseñado a pedir a Dios Padre: “Danos hoy nuestro pan de cada día”. La Expo es una ocasión propicia para globalizar la solidaridad. ¡Busquemos no desperdiciarla sino valorizarla plenamente!
En particular, nos reúne el tema: “Nutrir el planeta, energía para la vida”. También por esto debemos agradecer al Señor; por la elección de un tema tan importante, tan esencial…con tal que no reste sólo un “tema”, con tal que vaya siempre acompañado por la conciencia de los “rostros”: los rostros de millones de personas que hoy tienen hambre, que hoy no comerán en modo digno, de un modo digno de un ser humano. Quisiera que toda persona – a partir de hoy – toda persona que irá a visitar la Expo de Milán, atravesando aquellos maravillosos pabellones, pueda percibir la presencia de aquellos rostros. Una presencia escondida, pero que en realidad debe ser la verdadera protagonista del evento: los rostros de los hombres y de las mujeres que tienen hambre y que se enferman, e incluso mueren, por una alimentación demasiado carente o nociva.
La “paradoja de la abundancia” – expresión usada por San Juan Pablo II hablando precisamente a la FAO (Discurso a la I Conferencia sobre Nutrición, 1992) -  persiste todavía, no obstante los esfuerzos realizados y algunos buenos resultados. También la Expo, de alguna manera, es parte de esta “paradoja de la abundancia”, si obedece a la cultura del derroche, del descarte, y no contribuye a un modelo de desarrollo equitativo y sostenible. Por lo tanto, hagamos que esta Expo sea ocasión de un cambio de mentalidad, para terminar de pensar que nuestras acciones cotidianas  - en cada grado de responsabilidad – no tengan un impacto sobre la vida de quien, cerca o lejos, sufre el hambre. Pienso en tantos hombres y mujeres que sufren el hambre y especialmente en la multitud de niños que mueren de hambre en el mundo.
Y hay otros rostros que tendrán un papel importante en la Exposición Universal: aquellos de tantos operadores e investigadores en el sector alimentario. Que el Señor conceda a cada uno de ellos sabiduría y coraje, porque es grande su responsabilidad. Mi auspicio es que esta experiencia permita a los empresarios, a los comerciantes, a los estudiosos, sentirse involucrados en un gran proyecto de solidaridad: aquel de nutrir el planeta en el respeto de todo hombre y mujer que lo habita y en el respeto del ambiente natural. Éste en un gran desafío al cual Dios llama la humanidad del siglo veintiuno: terminar finalmente de abusar del jardín que Dios nos ha confiado, para que todos puedan comer de los frutos de este jardín. Asumir tal proyecto da plena dignidad al trabajo de quien produce y de quien investiga en el campo alimentario.
Pero todo parte de allí: de la percepción de los rostros. Y entonces no quiero olvidar los rostros de todos los trabajadores que se han esforzado por la Expo de Milán, especialmente de los más anónimos, de los más escondidos, que también gracias a Expo han ganado el pan para llevar a casa. ¡Que nadie sea privado de esta dignidad! ¡Y que ningún pan sea fruto de un trabajo indigno del hombre!
Que el Señor nos ayude a acoger con responsabilidad esta gran ocasión. Que nos done Él, que es Amor, la verdadera “energía de la vida”: el amor para compartir el pan, “nuestro pan cotidiano”, en paz y fraternidad. Y que no falte el pan y la dignidad del trabajo a todo hombre y mujer. Gracias.
(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual- RV)