«Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: “...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia” (n. 70).


15 de septiembre de 2013

LA FAMILIA, SUEÑO Y RECURSO

Discurso de Mons. Vincenzo Paglia, Presidente del Dicasterio, para la Conferencia Internacional en Cracovia sobre el papel de la Iglesia Católica en la integración Europea.
The Role of the Catholic Church in a processo f the European integration” ("El aporte de la Iglesia Católica en el proceso de integración europeo"). Es el tema de la Conferencia internacional organizada anualmente en Cracovia por la Universidad Pontificia "Juan Pablo II" en la capital polaca, junto con la Fundación Robert Schuman, la Fundación Konrad Adenauer, el Grupo del Partido Popular Europeo en el Parlamento Europeo, la casa editorial Wokól y la Comisión de Obispos de la Comunidad Europea (Comece). La XIII edición se tendrá el viernes 13 y el sábado 14 de septiembre. El Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia, Mons. Carlos Simón Vázquez, representará al Presidente del Dicasterio, Mons Vincenzo Paglia, con el tema: "Significance of family from the perspective of Christianity" ( "El significado de la familia en perspectiva cristiana"). En la delegación del Dicasterio, participará también Don Andrea Ciucci.

En la cultura contemporánea, donde impera el individualismo y el utilitarismo, «los niños son considerados un obstáculo para la felicidad individual y el desarrollo del a persona», afirma Mons. Paglia. Mientras en la Biblia dice: "No es bueno que el hombre este solo" (Gen. 2.18), la cultura contemporánea no deja de decir a cada momento: "Es bueno estar solo". La pregunta es si esta "privatización de la vida", que sigue a la "segunda revolución individualista" (Gilles Lipovetsky) - que parece adquirir el aspecto de una "tiranía individualista", como la define el escritor Tzvetan Todorov, o de una "egolatría", según la definición del sociólogo Giuseppe De Rita-, realmente da felicidad. Sin embargo, en esta "hostilidad" cultural, «la familia permanece en el primer lugar     de la listas de los deseos de las personas».

En Italia, casi el 1,80% de los jóvenes en edad matrimonial prefieren el matrimonio antes que la convivencia (unión libre). En Francia, el 77% de los jóvenes, sobre todo entre los 18 y 24 años, expresan su deseo de formar una familia propia y con la misma persona para toda la vida. En Polonia, 1,85% de los entrevistados en la encuesta afirman que no se imaginan la felicidad sin la familia. El sueño de una familia está ligado a una visión de futuro. Como ha dicho Juan Pablo II, «la perdida de la memoria cristiana viene acompañada por una especie de miedo al futuro». El futuro se ve con temor más que con deseo. Y, por consecuencia pierde su atractivo y su valor testimonial de la unión del amor hasta la muerte.
 
Y por supuesto, tiene un peso la crisis económica y las dificultades con las que a diario se encuentra la familia. Por eso son necesarias políticas para apoyar y proteger a la familia, como «célula fundamental» y como «recurso para la sociedad» como es definida en varios documentos elaborados por el Pontificio Consejo para la Familia. «La estabilidad de las relaciones familiares es valor preciado; cuando se sufre, todos los miembros de la familia están en riesgo». En particular, «es un riesgo el crecimiento armonioso de los pequeños y su positiva socialización». En estudios sociales es evidente que «el divorcio, así como los hijos fuera del matrimonio, aumentan el riesgo de pobreza para los hijos y para las mujeres». También, «la familia natural experimenta la solidaridad entre las generaciones con más frecuencia y de manera más profunda que otras formas de convivencia. Los niños que viven con sus padres naturales, viven mucho mejor psíquica y físicamente, desarrollando mayor confianza en la vida y en la esperanza respecto a los niños que viven en otros contextos».

Por eso, son urgentes políticas de ayuda para la familia, especialmente con respecto al trabajo. «Las familias constituyen un recurso inigualable para el mundo del trabajo, más que los beneficios recibidos en el mismo". La familia es también, «la fuente principal del capital social, donde ésta se compone sobretodo de las relaciones de confianza, reciprocidad y colaboración, que las familias construyen interna y externamente». Sobre todo, «la familia es la escuela primera de aprendizaje en el amor y en la gratuidad, en particular hacia los miembros más débiles». Y por eso, es "el primer instrumento de humanización de las personas y de la vida social».




14 de septiembre de 2013

SOLO CON ORACIÓN Y LAS LÁGRIMAS SE PUEDE PENETRAR EN EL MISTERIO DE LA CRUZ

El misterio de la Cruz es un gran misterio para los seres humanos, al cual solo puede aproximarse en la oración y en las lágrimas: esto es lo que ha dicho la mañana del sábado el papa durante la misa celebrada en Santa Marta, el día en que la Iglesia celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz . En el misterio de la Cruz–dijo el papa en la homilía–, encontramos la historia del hombre y la historia de Dios, sintetizados por los Padres de la Iglesia en la comparación entre el árbol del conocimiento del bien y del mal, en el Paraíso, y el árbol de la Cruz.
«Ese árbol había hecho tanto mal y este árbol nos lleva a la salvación, a la salud. Perdona aquel mal. Este es el camino de la historia del hombre: un camino para encontrar a Jesucristo, el Redentor, que da la vida por amor. En efecto, Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de Él. Este árbol de la Cruz nos salva, a todos nosotros, de las consecuencias de ese otro árbol, donde comenzó la autosuficiencia, el orgullo, la soberbia de querer conocer –nosotros–, todo, según nuestra mentalidad, de acuerdo con nuestros criterios, incluso de acuerdo a la presunción de ser y de llegar a ser los únicos jueces del mundo. Esta es la historia del hombre: desde un árbol a otro».
En la cruz está también «la historia de Dios»–dijo el papa Francisco–«para que podamos decir que Dios tiene una historia». Es un hecho que, «Dios ha querido asumir nuestra historia y caminar con nosotros»: se ha abajado haciéndose hombre, mientras nosotros queremos alzarnos, y tomó la condición de siervo, haciéndose obediente hasta la muerte en la Cruz, para levantarnos:
«¡Dios hace este camino por amor! No hay otra explicación: solo el amor hace estas cosas. Hoy miramos la Cruz, historia del hombre e historia de Dios. Miremos esta Cruz, donde se puede probar aquella miel de aloe, aquella miel amarga, la dulzura amarga del sacrificio de Jesús. Pero este misterio es tan grande, que nosotros solos no somos capaces de ver bien este misterio, no tanto para entender–sí, entender..., sino sentir profundamente la salvación de este misterio. En primer lugar, el misterio de la Cruz. Sólo se puede entender un poco de rodillas, en la oración, pero también a través de las lágrimas: son las lágrimas las que nos acercan a este misterio».
«Sin llorar, un llanto en el corazón –enfatizó Francisco–, no se podrá «jamás comprender este misterio». Y «el llanto del arrepentido, el llanto del hermano y de la hermana que ven tanta miseria humana» y la ven en Jesús, pero «de rodillas y llorando» y «nunca solos, nunca solos!».
«Para entrar en este misterio, que no es un laberinto pero se parece un poco, siempre tenemos necesidad de la Madre, de la mano de la mamá. Que ella, María, nos haga escuchar cuán grande y cuán humilde es este misterio; tan dulce como la miel y tan amargo como el aloe.Que sea ella la que nos acompañe en este viaje, no puede hacerlo nadie más que nosotros mismos. ¡Alguien debería hacerlo! Con la madre, llorando y de rodillas» .
Fuente: Católicos. Net

13 de septiembre de 2013

CONTEMPLAR HUMANIDAD SUFRIENTE DE JESÚS PARA VIVIR EL PERDÓN

En su homilía diaria en Santa Marta hoy 12 de septiembre, el Papa Francisco ha dicho que “La humanidad sufriente” de Jesús y la “dulzura” de María. Son los dos “polos” a los que debe mirar el cristiano para conseguir vivir lo que pide el Evangelio.
El Evangelio es exigente, pide “cosas fuertes” a un cristiano: capacidad de perdonar, magnanimidad, amor por los enemigos… Hay sólo un modo para conseguir llevarlos a la práctica: “contemplar la Pasión, la humanidad de Jesús” e imitar el comportamiento de su Madre. A la Virgen, de quien la Iglesia celebra hoy su “santo Nombre”,  el Papa Francisco le dedicó su primer pensamiento en la homilía. En una época a la fiesta de hoy se le llamaba “el dulce nombre de María”, después la definición cambió, “pero en la oración-observó- ha permanecido esta dulzura de su nombre”
“Necesitamos esta dulzura hoy, de la Virgen, para entender estas cosas que Jesús nos pide ¿no? Porque es una lista de cosas muy difíciles de vivir. Amad a los enemigos, haced el bien, prestad sin esperar nada a cambio… A quien te pega una bofetada ofrécele también la otra, a quien te quita la capa dale también la túnica… Pero, son cosas fuertes, ¿no? Pero todo esto, a su modo, también fue vivido por la Virgen: es la gracia de la humildad, la gracia de la mansedumbre”.
También San Pablo en su Carta a los Colosenses de la liturgia de hoy, invita a los cristianos a revestirse de “sentimientos de ternura, de bondad, de humildad, de mansedumbre”, de paciencia y de perdón recíproco. Y aquí, comentó el Papa Francisco, viene enseguida nuestra pregunta: “¿cómo puedo hacer esto? ¿Cómo me preparo para hacer esto? ¿Qué debo estudiar para hacer esto?” La respuesta, afirmó el Papa, “está clara”: “Nosotros con nuestro esfuerzo, no podemos hacerlo. No podemos hacer esto. Solo una gracia puede hacerlo en nosotros”. Y esta gracia, añadió, pasa por un camino concreto:
“Pensar en Jesús solo. Si nuestro corazón y nuestra mente está con Jesús, el triunfador, el que ha vencido a la muerte, el pecado, el demonio, todo, podemos hacer esto que nos pide Jesús y nos pide el apóstol Pablo: la mansedumbre, la humildad, la bondad, la ternura, la paciencia, la magnanimidad. Si no miramos a Jesús, y si no estamos con Él no podemos hacer esto. Es una gracia: una gracia que viene de la contemplación de Jesús”.
En especial, prosiguió el Papa Francisco, hay un aspecto particular de la vida de Jesús al que debe dirigirse la contemplación del cristiano: su Pasión, su “humanidad sufriente”. Y así –repitió con insistencia. Desde la contemplación de Jesús, de nuestra vida escondida con Jesús en Dios, podemos llevar adelante estas actitudes, estas virtudes que el Señor nos pide. No hay otro camino”.
“Pensad en su silencio manso: Este será tu esfuerzo. Él hará el resto. Él hará todo lo que falta. Pero debes hacer esto: esconder tu vida en Dios con cristo. Esto se hace con la contemplación de la humanidad de Jesús de la humanidad sufriente. No hay otro camino, es el único. Para ser buenos cristianos, contemplad la humanidad de Jesús y su humanidad sufriente. Para dar este testimonio, para dar testimonio, esto. Para perdonar, contempla a Jesús sufriente. Para no odiar al prójimo, contempla a Jesús sufriente. Para no murmurar contra el prójimo, contempla a Jesús sufriente. El único. Esconde tu vida con Cristo en Dios: este es el consejo que nos da el Apóstol. Es el consejo para ser humildes, mansos y buenos, magnánimos, tiernos”.
Fuente: RadioVaticana

FECUNDIDAD Y ANTICONCEPCIÓN

Las breves reflexiones precedentes forman parte de la  doctrina con la que Juan Pablo II trató de fundamentar la  Humanae Vitae. Ofrecen un contexto y un marco amplio  que permiten contemplar la unión sexual de los esposos  en la perspectiva de la comunión, de la donación mutua  de los mismos y de su enraizamiento en la providencia  amorosa de Dios.
La verdad sobre el acto conyugal es que es un acto ordenado a la comunión de los esposos. El Creador, en su  plan amoroso ha destinado ambos a la comunión. Y el  acto conyugal, entendiéndolo en la hermenéutica del  don, contiene en sí mismo el don de la fecundidad. El  rechazo de la fecundidad es el rechazo del don. El rechazo del don imposibilita y dificulta la comunión, puesto  que la comunión es también un don. El hombre no puede  construir la comunión por sí solo, sino que la recibe como don. Y no puede elegir aceptar parte del don rechazando otra parte. Si lo hace, si rechaza parte del don, se  perjudica a sí mismo. La eliminación del carácter o significado procreativo del cuerpo es, por tanto, rechazo del  don.
De nuevo comprender la creación, y su persona como un  don le lleva a vivir su relación matrimonial a partir del  amor originario y primigenio de Dios, que es quien de modo misterioso se manifiesta como el Dios de la vida.

La nueva vida es un don, ni es una amenaza ni un derecho. Pero eliminar de la vida de las personas y de los matrimonios la paternidad de Dios oscurece el propio significado del cuerpo y de la comunión.

11 de septiembre de 2013

EL MATRIMONIO CRISTIANO

Mucho de lo que hemos tratado hasta aquí ilumina directamente la realidad del matrimonio. Esta se halla presente desde el momento de la creación del hombre como  varón y mujer, llamados a ser una sola carne. La realidad  corporal de ambos expresa y significa que están llamados el uno al otro, como hemos visto. Con la exclamación de júbilo del varón al reconocer a la mujer vimos  que también así se reconoce mejor a sí mismo. El varón  se autocomprende también a partir de la mujer y viceversa. En líneas generales, el recorrido hecho hasta aquí ha  venido utilizando consideraciones filosóficas iluminadas  por la revelación. Porque a través de la revelación encontramos una luz que ayuda a comprender el matrimonio y le da un fundamento que lo eleva de la simple categoría de contrato e institución –presente en toda cultura,  como unidad social y económica imprescindible–al altísimo rango de ser signo o modelo para explicar el amor  de Dios por el hombre. Con esta última visión, el matrimonio alcanza una hondura insospechada.
Cristo es la fuente y modelo de las relaciones entre  cónyuges. Así lo afirma San Pablo en Ef 5, 21-32. Este  texto ha sido fuente de muchos malentendidos, pero una  lectura completa y honesta del mismo descarta que de él  pueda deducirse una subordinación de la mujer al hombre. La alusión al sometimiento de la mujer al marido no  puede separarse del versículo 21, que da la clave interpretativa: “Sed sumisos unos a otros el temor de Cristo”. Este pasaje debe entenderse en la reciprocidad que toma  como referencia al Señor. La sumisión es mutua, porque  se trata de una donación mutua.
Lo que en la creación estaba ya presente, la vocación a  ser una sola carne, que es una vocación al amor esponsal  entre hombre y mujer, en Cristo cobra su plenitud, porque la entrega de Cristo a la humanidad es total, plena y  fecunda. De la vida, muerte y resurrección de Cristo se  genera la vida nueva para el hombre, a través de la efusión de su Espíritu. Y en el sacrificio de Cristo tendrá  también su origen la Iglesia, expresión de la fecundidad  del sacrificio redentor de Cristo. Con la Iglesia se genera  el cuerpo que derramará sobre los hombres venideros las  gracias de la redención.


10 de septiembre de 2013

PEQUEÑO DICCIONARIO DEL PAPA FRANCISCO



DICCIONARIO Y GLOSARIO DE PALABRAS Y FRASES DEL PAPA FRANCISCO

Hagan lío

Quiero lío en las diócesis; quiero que se salga afuera, que la Iglesia salga a las calles. Las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir, si no salen se convierten en una ONG ¡y la Iglesia no puede ser una ONG!

No balconear la vida

Queridos jóvenes, por favor, no balconeen la vida, métanse en ella, Jesús no se quedó en el balcón, se metió, no balconeen la vida, métanse en ella como hizo Jesús.

Callejeros de la fe

(A los jóvenes hay que) educarlos en la misión, a salir, a ponerse en marcha, a ser callejeros de la fe. Así hizo Jesús con sus discípulos: no los mantuvo pegados a él como la gallina con los pollitos. No podemos quedarnos enclaustrados (cuando) tantas personas están esperando el Evangelio. 

Sudar la camiseta

Cuando se suda la camiseta tratando de vivir como cristianos, experimentamos algo grande: nunca estamos solos, formamos parte de una familia de hermanos que recorren el mismo camino, somos parte de la Iglesia.

Cristianos almidonados

Sé que ustedes quieren ser cristianos en serio, no cristianos a medio tiempo, no cristianos “almidonados”, con la nariz así, que parecen cristianos y en el fondo no hacen nada. No cristianos de fachada (sino) cristianos auténticos.

Libertad chirle

Sé que ustedes no quieren vivir en la ilusión de una libertad chirle que se deja arrastrar por la moda y las conveniencias del momento. Sé que ustedes apuntan a lo alto, a decisiones definitivas que den pleno sentido a sus vidas.

Contracorriente

Les pido que se rebelen contra esta cultura de lo provisional que, en el fondo, cree que ustedes no son capaces de asumir responsabilidades, que no son capaces de amar verdaderamente. Yo tengo confianza en ustedes, jóvenes, y pido por ustedes. Atrévanse a ir contracorriente.

Periferias existenciales y discípulos misioneros

La posición del discípulo misionero no es una posición de centro sino de periferias: vive tensionado hacia las periferias… (…). Habitualmente tenemos miedo a salir del centro. El discípulo-misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales.

Pasado de rosca

Esta civilización mundial se pasó de ‘rosca’, porque es tal el culto que ha hecho al dios dinero que estamos presenciando una filosofía y una praxis de exclusión de los dos polos de la vida (jóvenes y ancianos) que son las promesas de los pueblos..

Cultura del descarte y exclusión

En este humanismo economicista que se nos impuso en el mundo, se ha abierto paso una cultura de la exclusión, una cultura del descarte. No hay lugar para el anciano ni para el hijo no deseado; no hay tiempo para detenerse con aquel pobre en la calle. A veces parece que, para algunos, las relaciones humanas están reguladas por dos dogmas: eficiencia y pragmatismo.


Corrupción y esperanza

Queridos jóvenes, ustedes tienen una especial sensibilidad ante la injusticia, pero a menudo se sienten defraudados por los casos de corrupción, por las personas que, en lugar de buscar el bien común, persiguen su propio interés. Nunca se desanimen, no pierdan la confianza, no dejen que la esperanza se apague. La realidad puede cambiar, el hombre puede cambiar.

Exclusión y dignidad

El porcentaje de jóvenes sin empleo es muy alto y es una generación que no tiene la experiencia de la dignidad ganada por el trabajo; o sea esta civilización nos ha llevado a excluir dos puntas (jóvenes y ancianos) que son el futuro nuestro.

Jóvenes y ancianos

Por favor, no se metan contra los viejos, déjenlos hablar, escúchenlos. Sepan que en este momento ustedes los jóvenes y los ancianos están condenados al mismo destino: exclusión. No se dejen excluir, ¿está claro?

Eutanasia cultural

Hay una especie de eutanasia escondida, es decir, no se cuida a los ancianos, pero también hay una eutanasia cultural. No se los deja hablar, no se los deja actuar.

Abuelos

En estas Jornadas de la Juventud (…) los jóvenes saludan a los abuelos con mucho cariño y les agradecen el testimonio de sabiduría que nos ofrecen continuamente.


La fuerza de Dios

Llevar el Evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia; para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio; para edificar un mundo nuevo.

Diálogo, diálogo, diálogo

Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo. Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, la universitaria, la cultura artística y tecnológica, la cultura económica, de la familia y de los medios de comunicación.

Jesús y la oración

¿Yo hablo con Jesús? ¿Yo le pregunto: qué querés que haga? ¿Qué querés de mi vida? Esto es entrenarse. Pregúntenle a Jesús, hablen con Jesús. Y si cometen un error en la vida, si se pegan un resbalón (…), no tengan miedo. Jesús, mirá lo que hice: ¿qué tengo que hacer ahora? Pero siempre hablen con Jesús, en las buenas y en las malas. (…) ¡No le tengan miedo! Eso es la oración.

Falsos ídolos

Muchos jóvenes experimentan fascinación por tantos ídolos que se colocan en lugar de Dios y parecen dar esperanza: dinero, poder, éxito, placer. Frecuentemente una sensación de soledad y vacío entra en el corazón de muchos y conduce a la búsqueda de compensación de estos ídolos pasajeros.

Jugar para adelante

Chicos y chicas, por favor: no se metan en la cola de la historia. Sean protagonistas. Jueguen para adelante. Pateen adelante, construyan un mundo mejor. Un mundo de hermanos, un mundo de justicia, de amor, de paz, de fraternidad, de solidaridad (…) No dejen que otros sean los protagonistas del cambio. Por ustedes entra el futuro en el mundo.

Alegría

El cristiano es alegre, nunca está triste. Dios nos acompaña. Tenemos una Madre que intercede por nosotros. No a los cristianos con cara de “luto”. (Sintamos) la alegría de que ha dado a su Hijo Jesús por nuestra salvación.

Solidaridad

El encuentro y la acogida de todos, la solidaridad, es una palabra que la están escondiendo en esta cultura, casi una mala palabra; la solidaridad y la fraternidad, son elementos que hacen nuestra civilización verdaderamente humana.

Amor y misericordia

La Cruz nos deja la certeza del amor indefectible de Dios. Es un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos. En la Cruz de Cristo está todo el amor de Dios, su inmensa misericordia. Y es un amor del que podemos fiarnos, en el que podemos creer, porque ¡Él nunca defrauda a nadie!

Valores inmateriales

(Los jóvenes) no precisan sólo de cosas, sino sobre todo (de) aquellos valores inmateriales que son el corazón espiritual de un pueblo, la memoria de un pueblo. En este santuario (de Aparecida) que forma parte de la memoria del Brasil podemos casi palparlos: espiritualidad, generosidad, solidaridad, perseverancia, fraternidad, alegría. Se trata de valores que encuentran su raíz más profunda en la fe cristiana.

Vayan, sin miedo, para servir

Vayan, sin miedo, para servir: siguiendo estas tres palabras experimentarán que quien evangeliza es evangelizado, quien transmite la alegría de la fe, recibe alegría. Queridos jóvenes, no tengan miedo de ser generosos con Cristo, de dar testimonio del Evangelio.

Recen por mí

Su clásica fórmula de despedida





9 de septiembre de 2013

EL SIGNIFICADO PROCREADOR DEL CUERPO

“Adán conoció a Eva, su mujer, que concibió y dio a luz  a Caín” (Gén 4, 1). Tras el análisis de la desnudez originaria, aborda Juan Pablo II el tema conexo del conocimiento y la generación. Entramos aquí en un campo  enormemente controvertido. En el Génesis se plantea la  capacidad que tiene hombre y mujer para transmitir la  vida, para dar origen a un nuevo ser. El libro sagrado  plantea la fecundidad como una bendición y como un  mandato; pero es ante todo una bendición.
Sin embargo, hoy este dato se halla completamente oscurecido. La procreación no es considerada como una  bendición en sí misma. Se halla muy extendida hoy, especialmente en el mundo occidental, una concepción de  la fecundidad como una amenaza. Hasta tal punto esto es  así que los conceptos de salud que se han extendido en el  ámbito de las organizaciones internacionales y en la  práctica totalidad de las legislaciones de los países occidentales implican que no hay salud sin una eficaz defensa contra la procreación; la salud se equipara en multitud  de ocasiones con seguridad frente a la posibilidad de embarazos, de modo que la secuencia lógica entre sexualidad y procreación está enormemente dañada, incluso  completamente ausente en programas de salud y en la  mentalidad común de amplísimas capas de la población.
Cuando Pablo VI consideraba, en la encíclica Humanae  Vitae que el significado procreativo era un significado  inseparable o intrínseco del acto conyugal encontró unas  resistencias insospechadas en el ámbito intraeclesial.
Esta relación entre la unión sexual de varón y mujer y la  generación de un nuevo ser, a imagen y semejanza de  Dios, es un elemento estructural del don. La apertura a la  generación de un nuevo ser no es un error de la naturaleza, como si fuera una falla que hubiera de ser corregida a toda costa. No es tampoco una relación disponible por  parte del hombre, como si hombre y mujer fueran dueños absolutos de sus actos y pudieran controlar a su antojo sus consecuencias. Cada vez que se elimina la capacidad fecundadora del acto conyugal de los esposos, lo  que queda  dañada es la relación propia del don. El rechazo de la paternidad y de la maternidad no es una cuestión  secundaria, accesoria, como si el cuerpo fuese un instrumento externo o ajeno al hombre. El rechazo de la paternidad, la eliminación de la posibilidad fecundadora, supone un daño a la comunión entre los esposos, porque supone el rechazo del don.

Pero sería un error considerar por separado la significación procreadora del cuerpo de las anteriores significaciones o dimensiones, pues las tres están entrelazadas.
Las tres forman parte del camino del amor al que está  llamado el hombre. Veíamos que la identidad del hombre nace con la filiación, con el amor incondicional con  que es mirado; el cuerpo revela la procedencia del otro;  el camino del hombre no concluía aquí, sino que está  llamado, mediante la libertad, a la comunión, a la donación amorosa recíproca a otro. Donación que se haya  mediada por la diferencia sexual, según la explica Juan  Pablo II a través de la experiencia originaria de la unidad. Y es necesario destacar cómo la comunión, la donación recíproca incluye o tiene como parte irrenunciable  la dimensión procreativa. La generación no es un añadido,  un valor accesorio de la comunión; es parte insustituible.
Si el hombre constitutivamente está marcado por la apertura (pues la soledad originaria era una triple apertura),  la llamada a la vida de un nuevo ser es manifestación de  esta apertura, inscrita en su cuerpo y en la diferencia  sexual. La separación actual –que dura ya décadas– entre  la procreación y el amor no ha generado una mayor salud en los matrimonios, ni siquiera en las parejas. Antes  al contrario, desde los año 60 del pasado siglo, la relación hombre-mujer ha venido ciñéndose a parámetros de  competencia y rivalidad, cuando no de violencia. La reducción del número de hijos en todo Occidente ha venido de la mano de una crisis del matrimonio que pone de  manifiesto cómo hombre y mujer han “desaprendido” a  mirarse.