«Es además urgentísimo que se renueve en todos, sacerdotes, religiosos y laicos, la conciencia de la absoluta necesidad de la pastoral familiar como parte integrante de la pastoral de la Iglesia, Madre y Maestra. Repito con convencimiento la llamada contenida en la Familiaris consortio: “...cada Iglesia local y, en concreto, cada comunidad parroquial debe tomar una conciencia más viva de la gracia y de la responsabilidad que recibe del Señor, en orden a la promoción de la pastoral familiar. Los planes de pastoral orgánica, a cualquier nivel, no deben prescindir nunca de tomar en consideración la pastoral de la familia” (n. 70).


22 de agosto de 2013

LA FAMILIA COMO IGLESIA DOMÉSTICA

Hay semejanza entre la Iglesia y la familia cristiana. La familia cristiana es como una iglesia en  miniatura, pero con unas características propias: los vínculos familiares naturales. Por ello se  la denomina “iglesia doméstica”.
1. Familia que reza unida permanece  unida
El amor natural más fuerte que existe se da entre  el hombre y la mujer. Este amor, proyectado por  Dios para el matrimonio y la procreación de los  hijos, da origen a la familia.
Con frecuencia este amor no llega a consolidarse,  la convivencia y las relaciones interpersonales no  son buenas y la comunidad familiar puede llegar a  desunirse.
En algunas sociedades se llega al 40% de separaciones matrimoniales. Los problemas que causan  las separaciones son múltiples, pero en su origen  está el egoísmo, la dureza de corazón, y la falta de disponibilidad para los demás.
Para la Iglesia esto es consecuencia del pecado, y nos ofrece los medios sobrenaturales para convertirnos y perfeccionar el amor.
Por ello el número de separaciones en los matrimonios cristianos practicantes puede ser aproximadamente una séptima parte del número de las  separaciones entre los no practicantes o civiles.
Se dice que la familia que reza unida permanece  unida, ya que mediante la unión en una misma fe  y práctica religiosa, Dios infunde su gracia y aumenta el mutuo amor.
2. Sacramento del matrimonio
El primer medio y más específico con el que la Iglesia ayuda a la familia es el sacramento del matrimonio.
Este sacramento establece un vínculo indisoluble  ante Dios y además tiene unos efectos permanentes durante la vida de los cónyuges: el perfeccionamiento del amor conyugal y la gracia santificante.
-Perfeccionamiento del amor; Sabemos que el egoísmo endurece el corazón, mientras que el amor nos  lleva a la entrega mutua sincera.  “Cristo…en la celebración del matrimonio ofrece un  “corazón nuevo”: de este modo los cónyuges no solo  pueden superar la “dureza de corazón”, sino que  también y principalmente pueden compartir el amor  pleno y definitivo de Cristo”
Cristo, que amó hasta el extremo y dio su vida en  la Cruz, infunde mediante el Sacramento una participación de su caridad infinita y, como consecuencia, los cónyuges cristianos son capaces de  una mayor entrega de sus personas y del sacrificio si es necesario.
El amor conyugal, infundido por el Espíritu Santo  en la celebración del sacramento, impulsa a los  esposos a progresar cada día en su unión en todos  los niveles: corporal, del carácter, del corazón, de  la inteligencia y voluntad, del alma…
Este amor se demuestra con las obras, en el mutuo  auxilio, en la entrega a la familia, soportando las  cargas sin mal humor, con paciencia en la educación de los hijos…
La gracia santificante: Es un don y nos hace capaces de amar y obedecer a  Dios.
La gracia de los sacramentos tiene su fuente y su raíz  en la Eucaristía en la que la persona de Cristo se hace  realmente presente; la participación de los cónyuges  en el sacrificio eucarístico refuerza los efectos del sacramento del matrimonio.
Pero el fruto del sacramento no se recoge plenamente  si los cónyuges no cooperan con la gracia.” Mas si,  haciendo lo que está de su parte, se muestran dóciles  a la gracia, podrán sobrellevar las cargas y cumplir  con sus obligaciones, y serán fortalecidos y santificados y como consagrados por un tan gran sacramento” (Casti connubi 41)
Por medio de la gracia, los cónyuges se ayudan mutuamente a santificarse en la vida matrimonial, en la  acogida y educación de los hijos, a crecer cada día en  las virtudes, y principalmente en el amor sobrenatural  a Dios y al prójimo.

3. La familia comunión de personas
La familia es una comunidad íntima de vida y amor. Está formada por un conjunto de relaciones interpersonales: relación conyugal, paternidad, maternidad, filiación, fraternidad… y edificada con el amor  de los cónyuges, el amor y el respeto de los hijos y la autoridad de los padres (con espíritu de servicio para bien de los hijos).
Esta comunión de personas a que debe aspirar toda la familia, requiere una atención constante, pues el egoísmo, la falta de respeto, los desacuerdos, las tensiones y los conflictos pueden dividirla y hasta destruirla.
Para conservar y perfeccionar la comunión se requieren espíritu de sacrificio y reconciliación. Todos sus miembros tienen la responsabilidad de contribuir día a día a realizarla, mediante el servicio recíproco cotidiano y compartiendo bienes, alegrías y sufrimientos.
Esta comunión de personas tiene la ayuda de Dios. Él, que ha creado a las personas para amar y con vocación al amor, mediante los sacramentos infunde el amor a Dios y al prójimo: con el sacramento del matrimonio que funda la familia; y también con el sacrificio eucarístico que es comunión con el mismo Dios y fundamenta la caridad cristiana; y con el sacramento de la penitencia o reconciliación con Dios que reconstruye y perfecciona la alianza conyugal y el amor familiar.
Hemos visto brevemente la comunidad familiar según las enseñanzas de Juan Pablo II, y veremos a continuación como se santifica esta comunidad familiar con la fe, la práctica religiosa y la caridad.

4. La familia cristiana comunidad creyente y evangelizadora
La Iglesia cree y obedece la Palabra de Dios escrita en  el Evangelio, y tiene la misión de evangelizar y propagar la fe por todo el mundo.
Veamos como en la familia cristiana ocurre lo mismo.  Ya en el siglo V, San Juan Crisóstomo escribía:  «Dado que para ser cristianos adultos, son  indispensables los medios aportados por la Escritura; que el cabeza de familia repita lo que ha escuchado en la Iglesia. Al llegar a casa deberíais  retomar las Escrituras y, con vuestra esposa y  vuestros hijos, repetir juntos el texto escuchado y  comentado en la Iglesia. ¡Haced de vuestro hogar  una iglesia! Alguno de vosotros me dice: “yo no  soy monje; tengo mujer e hijos y preocupaciones  en casa”. Ese es, precisamente, vuestro error,  pensar que la lectura de la Escritura está reservada solo para los monjes; y, en cambio, vosotros la necesitáis más que ellos. Quien vive en medio del mundo y sufre cada día sus heridas necesita, mucho más a menudo, de los remedios eficaces. Por eso considero peor el pensar que la lectura de la Escritura es innecesaria, que el mismo hecho de dejar de leerla»
Se trata por tanto de conocer la palabra de Dios enseñada por la Iglesia, para amar a Dios y conocer su plan  y designio sobre la familia, para que ésta sea una  comunidad íntima de vida y amor.
Y poner en práctica la doctrina, es en la vida diaria  con sus hechos, acontecimientos, dificultades y problemas, donde la familia ha de mantener su amor y su  fe.
Así se hace realidad lo que Jesús dijo: “todo el que  oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será  como el hombre prudente que edificó su casa sobre  roca” (Mateo 7,24).
La familia cristiana, a semejanza de la Iglesia, no solo  es una comunidad creyente sino que además es evangelizadora. Evangeliza en primer lugar con la educación cristiana de los hijos, que empieza con el ejemplo, y sigue con la catequesis de la que los padres se  han de hacer responsables.
Y evangeliza también en su ambiente, principalmente  mediante el testimonio de una vida familiar cristiana  coherente con su fe.
La fe lleva a la oración familiar y a la práctica de los  Sacramentos como se ve en el siguiente punto.

5. La familia en dialogo con Dios
La familia, a semejanza de la Iglesia, se santifica mediante la oración, el ofrecimiento y los sacramentos  que dan la gracia.

-La oración.
Los padres enseñan a rezar. Es fundamental su testimonio vivo; al rezar con los hijos, la oración arraigará  en el corazón. Deben enseñar a los pequeños a rezar  con amor y confianza, a imagen de las relaciones íntimas en la familia.
Las oraciones en común, han de ser pocas y perseverantes. Las oraciones más recomendadas por la Iglesia  son las oraciones de la mañana y de la noche, la bendición de la mesa y el rezo del rosario.
Es conveniente añadir a la oración común, peticiones y acciones de gracia según las diferentes circunstancias de la vida familiar. “Si dos de vosotros se ponen  de acuerdo en la tierra en pedir algo, sea lo que fuere,  lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos.  Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre,  allí estoy en medio de ellos”.  María la Madre de Cristo, cooperó con la redención y  es nuestra Madre en el orden de la gracia. Ella ayudó  a los esposos en las bodas de Caná y es Madre de la  familia cristiana. En el rosario rezamos a María y a  Jesús meditando los misterios de la Encarnación y de  la Redención. “La familia que reza unida el rosario  reproduce un poco el clima de la casa de Nazaret. Jesús está en el centro, se comparten con Él alegrías y  dolores...”. La Virgen es la Madre de las familias  cristianas, de las Iglesias domésticas”.

-El ofrecimiento de la propia vida.
Las obras, la vida conyugal y familiar, el trabajo, el  descanso, las gracias recibidas, los sufrimientos, las  pruebas e incomprensiones, si se ofrecen a Dios y se  aceptan por amor, se convierten en gracia santificante  y en sacrificios espirituales que pueden ofrecerse en el  ofertorio de la Misa. Los cristianos cada día deben  ofrecer su vida a Dios.

-Los sacramentos
Hemos tratado ya el matrimonio, sacramento específico de la familia.
El bautismo hace hijo adoptivo de Dios y miembro de  la Iglesia, por esto es aconsejable administrarlo poco  después de nacimiento.
Es necesaria la ayuda de los padres en la preparación  de los niños para la primera comunión y la confirmación haciendo que la preparación y la recepción de  estos sacramentos se vivan como parte de la vida familiar.
Y también la progresiva introducción de los hijos en  la Eucaristía de los domingos para que todos vivan  como verdaderos cristianos.

6. El reino de Cristo. La caridad
El reino de Cristo es un reino espiritual: “Reino de verdad y de vida reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz”. Un reino en el cual la misma creación, será liberada de la corrupción para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios.
La familia es parte de este reino de Dios cuando forma una comunidad de personas unida en el amor natural y en el amor a Dios.
Son símbolo de esta realidad espiritual la devoción al Sagrado Corazón, la consagración de la familia y la entronización del Sagrado Corazón. Estas devociones pueden ayudar a la familia, para que en ella reine Cristo, en un clima de respeto, aceptación, paz y alegría.
El amor de Cristo lleva al servicio y al sacrificio por los demás. Esto edifica la comunidad familiar cristiana.
Pero la familia cristiana no debe encerrarse en si misma, sino que puede ser una comunidad al servicio del hombre, permaneciendo abierta a la comunidad y practicando la caridad en toda relación humana con los demás. Y especialmente con los más necesitados, a través de las obras de misericordia. En primer lugar ayudando a los miembros más débiles de la propia familia. Otras posibilidades son el apostolado familiar, las asociaciones de familias, la adopción de niños, etc.

7. La iglesia doméstica
Para ver que la familia cristiana es una comunidad  “salvada” por la Iglesia, y que forma parte de la Iglesia y participa en su misión de salvación, veamos primero la Iglesia y su misión de salvación.
Jesucristo Hijo de Dios, se hizo hombre para conducirnos al amor de Dios, y a la caridad cristiana.  Esta misión universal de salvación se efectúa mediante:
·         La Palabra de Dios, conservada en el Evangelio.
·         El Sacrificio de la Cruz.
·         El Reino de Dios, que se hace presente en la Iglesia.
La Iglesia .Jesús instituyó la Iglesia a la que ama fielmente y hasta el extremo, dándose a sí mismo en el Sacrificio Eucarístico.
Es Esposo de la Iglesia, esto es el Gran Misterio por el  que la Iglesia es santa, participa en la vida de Dios, y  en la misión universal de salvación de Cristo.
La Iglesia continúa la misión de salvación de Cristo  con los medios que recibe de su Esposo:
·         Anunciar el Evangelio.
·         La Eucaristía y sacramentos.
·         La caridad del Reino, que lleva a servir.
La iglesia doméstica. Primero la Iglesia salva a la familia. Por el sacramento del matrimonio los cónyuges  participan en el Gran Misterio del amor de Cristo a la  Iglesia .En la familia cristiana se une el amor natural y el amor a Dios.

Y entonces participa como comunidad en la misión de  salvación de la Iglesia: La familia cristiana puede ser  “iglesia doméstica” si coopera con la gracia que la  lleva a edificarse como comunidad familiar cristiana y  a participar, dentro de su propio ámbito, en la misión  de salvación de la Iglesia con la evangelización, santificación y caridad. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario